jueves, 8 de marzo de 2018

HOMENAJE A TRES MUJERES EN SU DIA


                                                                 
                                                              



Tres mujeres importantes para mí, se han mudado al reino del cielo. Vivieron muchos años cada una pero también han tenido que soportar un calvario para abandonar este mundo.
Magdalena Primo de Tiberi, nació en Suardi al noroeste de nuestra provincia, en una chacra donde sus padres vivían con su familia. Tuvo una infancia muy feliz, compartida con hermanos y primos que se criaban como verdaderos hermanos. La mirada del abuelo presidía la enorme mesa donde su esposa y  sus hijos , nueras y nietos, comían con alegría la abundante comida  fatto in casa. De la quinta eran los vegetales y hortalizas, del gallinero, los pollos, los huevos, los patos, los gansos y todo bicho plumífero que se pudiera criar, del campo la carne de ternera, de cerdo o de cordero y los cereales como el maíz y el trigo. Gracias a Dios en esos tiempos no había soja transgénica ni nada que se le parezca. Eran colonos, todos trabajaban un campo alquilado, desde los niños que tenían destinados los quehaceres menores, como darle agua a los animales, sacando desde el jagüel con un enorme balde, roldana y cadena, tirada a la cincha de un caballo manso, cuidar los chanchos y las vacas en los potreros sin alambrados o entrar la leña a la cocina, por ejemplo. Todos fueron a la escuela rural, después las niñas estudiaron corte y confección, Magdalena se especializó en ropa de hombres  y al tiempo se casó con su gran amor, Reynaldo. Sumaron su nueva familia a la gran mesa y así siguieron hasta que el abuelo muere y las familias comienzan a independizarse y buscar distintos rumbos. Magdalena y Reynaldo se quedaron en la casa familiar con otro de los nuevos matrimonios, uno de sus hermanos y su cuñada, con quien tuvieron siempre una relación como de verdaderas hermanas. Y casi se fueron juntas de este mundo, con poca diferencia de años y siendo ya muy viejitas y lejos ya de su pago natal, una en Las Rosas y Magdalena, aquí en El Trébol. Magda fue una gran esposa y mejor madre, siguiendo a su marido vinieron a radicarse a Las Parejas, donde nació José, su único hijo, mi amigo de juventud y razón de vivir de sus padres y luego se radicaron en Las Rosas, donde falleció Reynaldo.  José se casó muy joven con mi hermana Laura, tuvo tres hijos, Marcelo, César y Claudia y falleció a los 57 años, dejando a su madre desolada y sin ganas de seguir viviendo.
Pero la Magda aguantó y siguió tejiendo y cosiendo para sus nietos y sus 5 bisnietos, mientras esperaba oir los pasos de José que volvía de un viaje. Ella no lo vio morir, porque él falleció hora después de salir llevando una carga para Sastre, donde tuvo un infarto y allí mismo al pie de su carretón murió. Le había dicho, chau mami, vuelvo a almorzar. Ella era su madre, su cocinera, su secretaria, sabía todo sobre sus negocios y viajes y cuando supo lo que le había pasado, se negó a asistir a su velatorio y sepelio. Dejó en manos de Pucky, la esposa de José y de los hijos todos los trámites, solamente pidió que lo sepultaran en el cementerio local, no en su panteón de Las Parejas, porque reconocía que su familia directa seguirían viviendo aquí.
Lo recordó siempre como cuando se fue de viaje, recién bañado, afeitado y con rico perfume, me lo contó mil veces…me dijo chau mami y todavía espero sus pasos. Pero debió seguir viviendo, se cuidaba mucho, era muy prolija y no quería molestar. Amaba a sus nietos, especialmente al mayor, a Marcelo, a quien había criado con especial cariño, por ser el primero. Luego vinieron César y Claudia, quienes le hicieron ver los burros verdes, pero a quienes amaba tanto como a Marcelo. Eran su razón de vivir, Marcelo fue su gran compañero, la cuidó mucho, hasta último momento, aunque se le partiera el corazón al verla irse despidiendo de a poco de esta vida.
La Nona Magdalena, como le decíamos todos, era querida y respetada por todos los que la conocían, nunca tenía una palabra de crítica para nadie, reservada pero atenta, nos pasábamos horas charlando y contándonos anécdotas, yo para distraerla de pensar tanto en José y para hacerla reír, le recordaba las bromas que le hacíamos a mi hermana, a quien no le hacían gracia nuestras conversaciones y chistes.
Y un triste día su cuerpo empezó a combarse, su columna a deformarse y dolerle muchísimo, pero hasta que cumplió 90 años, caminaba con su andador. Le armamos una fiesta de cumple en su casa, estuvo presente mi mamá, que también era su amiga y ya estaba en silla de ruedas, su nuera, sus 5 nietos y sus parejas y yo, que junto con César la fuimos convenciendo para que nos dejara homenajearla. Ella decía que no tenía nada que festejar, pero esa noche estuvo muy feliz, apagó sus velitas y recibió sus regalitos. Hasta el día de su muerte, ocurrida un año y unos meses después, recordó con alegría su última fiesta de cumpleaños. Esta mujer maravillosa se quedó dormida el 17 de julio de 2012, asistida por Pucky, su nuera. Ahora descansa por fin en el panteón de sus padres, donde también está su esposo Reynaldo, en el cementerio de Las Parejas, donde siempre nos pidió que la lleváramos y adonde siempre me pedía que no dejara de acompañarla. Y cumplí. La sigo extrañando Nona Magdalena! Pero se que está feliz junto a sus grandes amores, allí donde siempre quiso ir, desde que su hijo fue llamado a la presencia de Dios. Nos encontraremos, si Dios lo quiere, allá donde Uds están y retomaremos la hermosa amistad que tuvimos en la tierra.
Blanca Rosa Cruz de Buccino, fue la señora que cuidó de mis hijos  hasta que su enfermedad le impidió seguir ocupándose y preocupándose de la vida de los cuatro. Mientras yo trabajé fuera de casa, élla se ocupaba de todo, de hacerles el desayuno, enviarlos a la escuela, darles el almuerzo y preocuparse de su salud y de su conducta. Los amaba pero no era permisiva, sabía mantenerlos a raya, especialmente a Juan y Julián, los dos varones. A las chicas las tuvo que cuidar menos, ya sea porque Mónica se casó muy joven o porque Carina vino más tarde a nuestras vidas. Juan la bautizó Toto y así la llamaron siempre.
Rosa había nacido en Isla Verde en la provincia de Córdoba, eran tres hermanos que quedaron huérfanos muy chicos y que fueron criados por una anciana, en su quinta en las afueras del pueblo. Trabajó y sufrió frío desde chiquita, pero eran muy unidos con sus hermanos y a su manera, fue feliz por estar con éllos, el mayor, Roberto, a quien conocí cuando venía a visitarla y una mujer, Yolanda, a quien fuimos a ver con Rosa a Buenos Aires.
Con su esposo José Ignacio Buccino, son nuestros vecinos desde hace 38 años.  Ellos tuvieron una hija, Erica que se casó con Carlos y les dieron dos nietas, que viven en San Jorge. Hace muchos años que Rosa estaba jubilada y disfrutaban con José de una vida tranquila de jubilados, eran felices saliendo a pasear al campo con su camioneta y sus perros. Siempre juntos, siempre atentos a nuestra familia. Un día Rosa enfermó de una terrible enfermedad que le producía profundos dolores y lo que hizo necesario hacerle complejos estudios, traslados azarosos y penosos tratamientos. Los que no dieron el resultado esperado, porque  la enfermedad proseguía su marcha destructora. Más de un año de lucha a brazo partido, se hizo todo lo que fue posible. Finalmente el horrendo cangrejo aniquiló las defensas de la que había sido una gran luchadora y se fue a buscar la Paz verdadera, lejos del dolor y cerca de la luz que su alma lastimada estaba necesitando. Su deceso se produjo el 19 de junio de 2013, por la mañana, aunque no llegué a tiempo de ver su cuerpo por última vez, la despidieron mis hijos, quienes siempre estuvieron como Carina hasta el final y en su corazón los cuatro, siempre. Descanse junto a Dios, querida Toto, que brille para Ud. La luz que no tiene fin. Mi familia y yo, estamos eternamente agradecidos por todo lo que nos dio.
Zulema Catalina Pissarello, se llamaba mi mamá, nació en el orden octavo de los 10 hijos que tuvieron sus padres. Napolitana, su madre e hijo de genoveses, su papá. Era bonaerense, nacida y criada bajo el manto santo de Ntra Sra. De Luján, allí muy cerca, en Gral. Rodriguez. Vivían en un rancho de adobe, a dos aguas, bien pampeano, tomaban agua de un pozo con balde, roldana y cadena. Eran pobres, su padre era peón rural, trabajaba en el campo y su madre se las ingeniaba con su huerta y amasando pan, tallarines, todas las pastas…tenía que alimentar a muchas bocas. Los hermanos mayores trabajaban en lo que podían y le daban el dinero a su mamá que lo invertía en comida, ropa y zapatos para que puedan ir a la escuela. De carácter fuerte todos, crecieron algo resentidos con la rudeza en que fueron criados, sin derecho a réplica, los padres siempre tenían la última palabra o el último chirlo y a la cama sin chistar!
Zulema, trabajó desde jovencita y así para hacerlo de niñera en una cabaña cercana, cuyo administrador era de El Trébol, conoció a mi padre el encargado de cuidar las vacas de raza que allí se criaban. El tenía 22 años y era alto y rubio, no era bello, pero sí muy simpático y de ojos verdes. Mamá tenía 15 años y todos los sueños por cumplir. Se enamoraron y a los 3 meses se casaron porque mi padre quería volver a su pueblo y no quiso dejarla tan lejos. Mis abuelos estaban contentos con mi padre, aunque mi abuela no estaba muy convencida de que se la llevara tan lejos de su control matriarcal. Aquí nací yo al año y poco más de haberse instalado en un tambo en Las Bandurrias. Desde ese tiempo no paró de tener hijos, cada año y medio. Nacieron once, sobrevivimos 10, porque sufrimos la pérdida de Raquel a los 8 meses de su nacimiento. Y aquí estamos ahora, huérfanos, tras la muerte de nuestra madre ocurrida el 7 de mayo de 2013, a escasos 8 días de cumplir los 84 años de su nacimiento, aunque siempre decía cumplirlos el 20, porque así la habían anotado en el registro civil. Se amaron mucho con papá, él se fue hace 42 años, élla no soportó la soledad y se casó en segundas nupcias, no fue una buena decisión, pero finalmente quedó viuda, tras 13 años de ese matrimonio y volvió a ser élla misma, a ver a sus hijos y a los nietos que fueron llegando, en completa libertad. Pudo al fin, vivir a su manera, sin ataduras, libre para manejarse con su dinero y tomar sus propias decisiones, no recibía órdenes de ninguna clase y así fue hasta los últimos momentos de su vida. Desde hacía 3 años usaba una silla de ruedas, puesto que sufrió la amputación de su  pierna derecha por una gran infección, pero siguió fiel a su genio y vivía sola, sin aceptar compañías. Solamente dejó que alguien permaneciera con élla por las noches, cuando comenzó a tener ataques de pánico y distintas fobias. Esto sucedió, solamente 8 meses antes de su fallecimiento. En un año hemos perdido en mi familia, a tres queridas mujeres.  Tres mujeres importantes en mi vida, Magdalena, Rosa y Zulema, les deseo que descansen en Paz, por toda la eternidad y agradecida por todo lo que fueron para mí, las llevo para siempre en mi corazón.



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