viernes, 21 de julio de 2017

RODRIGO PEQUEÑO

En los finales de los '90, este artista salteño estuvo emparentado con los aplausos y las ovaciones. Su melodiosa voz, acompañada de la buena presencia, le permitió ocupar un lugar de privilegio dentro del folclore. Los Nocheros fueron su padrino artístico. Un día se alejó hacia otro camino."Fueron trece largos años que me alejé de mi gran pasión, quizás fue desilución, impotencia o vaya a saber que motivo. Prefiero no volver sobre mis pasos, ahora quiero vivir el presente y empezar a soñar con mi carrera artística. Que mis canciones hoy se escuchen por Cadena 3 de Córdoba es regresar por la puerta grande", aseguró Pequeño.
Siempre lo definieron como un folclorista romántico, que apuntaba al corazón. "Me encuentro en un excelente momento de mi voz, inclusive gané en caudal; también llegué a una maduración exacta como compositor, tanto en las melodías como en la letra", añadió el salteño.
Durante el 2016, Rodrigo editó su segundo material discográfico titulado "Hoy", que contiene "siete temas de mi autoría, también compuse con La Moro, Daniel Cuevas, Griselda Ramello y Alejandro Montalba. Lo grabé en la ciudad de Córdoba. Los Tekis, gentilmente, participaron como invitados", sentenció finalmente Rodrigo Pequeño.

martes, 11 de julio de 2017

EL OJO DEL HACHA

                                                            





Un sol brillante y tibio no me alcanza hoy para disipar tanto frío. Es Junio y las sierras se ven grises y amarillas con puntitos anaranjados y blancos. El valle está silencioso y me siento con toda mi soledad a cuestas, esta amiga tan cercana  que no se ve, pero se siente instalada a mi costado como en guardia. No es material, pero al alma se la presto yo y el color se lo da mi tristeza.
Pronto debo regresar a mi llanura, hay obligaciones que cumplir, esta vez son elecciones legislativas. Acabo de recordar que yo elijo siempre mal…desde gobernantes hasta amores: siempre resultan imposibles.
Las sagitarianos tenemos un arquero como símbolo, tal parece que el mío tiene muy mala puntería, siempre le doy a lo mas inconveniente.
Vivir automáticamente, muy robotizada y con una parte de mi cuerpo que no obedece al control remoto, también es una manera de irse despacito, aunque tarde y con dolor, iré llegando a la meta. Cuesta salir de la cama por las mañanas, duele poner una pierna en el suelo y después seguir la rutina del robot ama de casa.
Disfruto de mi vida en las sierras, de mi casita hecha con esfuerzo y de a pedacitos. No recibo órdenes, el silencio es roto sólo cuando sopla el viento, leo mucho, tejo para mis nietos, duermo muchas horas y camino por senderos flanqueados de espinas secas y filosas, ansiando llegar hasta  el río. Es invierno y el paisaje difiere mucho del que se ve en verano. Los colores que prevalecen son el gris de las sierras, el amarillo de los pastos y el verde oscuro de los ligustros y los pinos. Es un marco perfecto para disimular las tristezas de la soledad entrometida y tenaz de este robot de larga trenza y de mirada brillante de ausencias.

En el río revuelto de mis pensamientos, se inmiscuye aquél que llega para alegrar mi  corazón chamuscado y lleno de agujeros como un gruyere. No podría ese alguien tan especial para mí, tomar una súbita determinación y llamarme para calentar mis oídos con su voz? Entonces el sol brillaría sobre mi paisaje brumoso de invierno y de golpe la primavera se vería resplandecer sobre mi valle. Pero el divague cesa y mis pupilas divisan  los tonos apagados y el vuelo silencioso de una palomita de la Virgen. Disgustada por soñar tantas pavadas, me doy la vuelta y rezongando, suelto: qué tiene que ver el amor con el ojo del hacha! 

Lydia Musachi