sábado, 5 de noviembre de 2016

CRIOLLO







                                                                



 Criollo, es un americanismo que se empleó desde la época de la colonización de América aplicándolo a los nacidos en el continente americano, del país, pero con un origen europeo. A diferencia del indígena, el criollo (del portugués crioulo, y éste de criar) era un habitante nacido en el ámbito del Río de la Plata (Argentina/Uruguay, principalmente) es muy común la palabra paisano empleada en el sentido de aquella persona que ha nacido y ha sido criada en el campo y que resulta ser además muy diestro en las tareas rurales. Es decir, en los mencionados lugares se lo emplea como sinónimo del término gaucho, decir, paisano o gaucho es lo mismo. El gaucho supo ser un tipo de campesino característico de los campos de Argentina y del Uruguay, que se caracterizaba especialmente por su habilidad como jinete y por su trabajo vinculado a la cría de ganado vacuno y todas aquellas actividades económicas derivadas. Otra característica fue su existencia semi nómade que proliferó especialmente entre el siglo XVIII y mediados del siguiente. Fue el paisano criollo, salvo aquellos que ponían sus ojos más allá de los mares, quienes dieron y ejecutaron las potencialidades de nuestro suelo, de ahí que esos nombres no son porque eran festivaleros, borrachos y tocadores de la guitarra, bailando a lo bruto dejando que la dama ande suelta moviendo todo lo que tiene, mientras él hace sus cosas por su cuenta. No son ni el criollo ni el paisano, de esos que apoyaban el codo en el estaño, sino que eran los que araban primitivamente o hacían los gigantescos arreos de mulas hacia el norte, hacia Salta y de allí al Perú. Eran y son los que se sacrifican. Eran y son los que tienen los apellidos extranjeros más raros por sus orígenes, pero que a pesar del apellido, son más argentinos que aquellos que se denominan así. El criollo no tenía mucho tiempo para andar de festivales ni de farras domingueras con sus damas, esas que iba a visitar cuando sus pocos tiempos se lo permitían. Ese era y es el criollo. El reemplazo del caballo a la camioneta no cambió su estirpe, sea alemana, judía, húngara, española. Los que tendieron los alambrados, arreglaron los campos, hacían los arreos salvajes, los que cazaban para los patrones, eran paisanos criollos. Muchos eran de sangre española mezclada con árabe, y casi todos ellos fueron los que se revelaron  y se hicieron gauchos, de ahí que hay que entender: criollo, paisano y gaucho, son tres momentos distintos. No son iguales. Solo hay que ir a las provincias del litoral para encontrar criollos que no son argentinos, o algunos nacieron aquí pero que sienten esa tierra como la suya, pero que no lo es. Hasta en la actualidad tienen sus lugares  que son sino de exclusividad, pero por ellos para no dejar caer sus recuerdos, hasta que su sangre se va agotando y llega a ser totalmente argentina, gracias a Dios. 

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