jueves, 11 de agosto de 2016

EN LOS CAMPOS DEL ESPINAL

                                            
















En un arroyo en cuyas orillas existen plantas autóctonas, viven muchos animales de nuestra región del espinal, cuyos restos de vegetación del monte chaco-santiagueño, les permiten vivir o esconderse del hombre, su depredador más cruel. Entre unas cinas-cinas aparece un puma sediento y mete sus patas para beber más cómodo en el agua más profunda, luego se va al trotecito, pues olfatea algún peligro o escuchó el ladrido de un perro. A lo lejos vienen caminando lento unos ñandúes, el macho con su cuello largo, estirado y vigilante. En los pajonales de la cañada, vive una familia de zorros grises, hermosos, retozones y felices. Pobres lechuzas se las comen y les roban sus cuevas! Pero algunas  están muy alertas y escapan volando rápido. Los teros atareados cuidan sus nidos en  primavera, han puesto huevos y esperan que nazcan sus pichones, despistan a los zorros y los atacan con sus rojos espolones. En lo alto vuelan  chimangos y algunos caranchos buscando un animal muerto para alimentarse. En los montecitos de chañares, espinillos y talas, anidan los chingolos, las torcazas, los jilgueros y los amarillitos. Un coro de trinos recibe la mañana, entre los que se destacan el canto de los mixtos, paraguayitos y cardenales. A la siesta las picazuró arrullan perezosamente, entre el parloteo de las cotorras y el aleteo de gorriones, tordos y otros pájaros que forman grandes bandadas heterogéneas y variopintas. Rumbo a los campos anegados pasan las bandadas de patos picazos, sirirí, garzas y bandurrias. Mientras que en una hermosa laguna reposan los flamencos rosados que han venido a anidar y alimentarse como lo hacen anualmente, otras aves acuáticas comparten el espacio y la comida en paz. A orillas de algunos arroyos y lagunas también suelen verse lobitos de río, curiosos y juguetones, que se sumergen presurosos si nos queremos acercar. Un puestero recorre los campos, cuenta vacunos, ovejas, cabras y caballos, pero no mata animales autóctonos sin necesidad, por eso tenemos la suerte de saber que sobreviven y si queremos conocerlos, vamos a fotografiarlos, con prudencia y con la alegría de poder verlos en libertad.
Lydia Musachi