sábado, 5 de marzo de 2016

CAMPOS DEL ESPINAL










En un arroyo en cuyas orillas existen plantas autóctonas, viven muchos animales de nuestra región del espinal, cuyos restos de vegetación del monte chaco-santiagueño, les permiten vivir o esconderse del hombre, su depredador más cruel. Entre unas cinas-cinas aparece un puma sediento y mete sus patas para beber más cómodo en el agua más profunda, luego se va al trotecito, pues olfatea algún peligro o escuchó el ladrido de un perro. A lo lejos vienen caminando lento unos ñandúes, el macho con su cuello largo, estirado y vigilante. En los pajonales de la cañada, vive una familia de zorros grises, hermosos, retozones y felices. Pobres lechuzas se las comen y les roban sus cuevas! Pero algunas  están muy alertas y escapan volando rápido. Los teros atareados cuidan sus nidos en  primavera, han puesto huevos y esperan que nazcan sus pichones, despistan a los zorros y los atacan con sus rojos espolones. En lo alto vuelan  chimangos y algunos caranchos buscando un animal muerto para alimentarse. En los montecitos de chañares, espinillos y talas, anidan los chingolos, las torcazas, los jilgueros y los amarillitos. Un coro de trinos recibe la mañana, entre los que se destacan el canto de los mixtos, paraguayitos y cardenales. A la siesta las picazuró arrullan perezosamente, entre el parloteo de las cotorras y el aleteo de gorriones, tordos y otros pájaros que forman grandes bandadas heterogéneas y variopintas. Rumbo a los campos anegados pasan las bandadas de patos picazos, sirirí, garzas y bandurrias. Mientras que en una hermosa laguna reposan los flamencos rosados que han venido a anidar y alimentarse como lo hacen anualmente, otras aves acuáticas comparten el espacio y la comida en paz. A orillas de algunos arroyos y lagunas también suelen verse lobitos de río, curiosos y juguetones , que se sumergen presurosos si nos queremos acercar. Un puestero recorre los campos, cuenta vacunos, ovejas, cabras y caballos, pero no mata animales autóctonos sin necesidad, por eso tenemos la suerte de saber que sobreviven y si queremos conocerlos, vamos a fotografiarlos, con prudencia y con la alegría de poder verlos en libertad.

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