jueves, 10 de septiembre de 2015

EL MAESTRO DE LOS ABBÁ

                                         
                                  
                                             

El maestro de los Abba

Corría el año 1922, a seis kilómetros de El Trébol, sobre el camino grande a Cañada Rosquín,  estaba ubicada la chacra que el inmigrante piamontés don Miguel Abbá arrendaba a la familia Malano. Hasta allí llegó con su bagaje de letras y números el joven "maestro" Santiago Casimiro Benassi ,con apenas 16 años, proveniente de María Susana, hijo del primer maestro que tuvo esa zona, que aún no era localidad, siendo sus hermanos también herederos de tan noble vocación. Allí había cursado su escolaridad primaria, siendo un alumno destacado, para luego cursar el primer año nacional. Así sin título  oficial de maestro, pero llevándolo en la sangre y la voluntad, llegó a la chacra de los Abbá, quienes tenían seis hijos en condiciones de aprender a leer y escribir. Sabía muy bien lo que tenía que transmitir a sus alumnos por haber adquirido experiencia con su padre. Su fuerte era la matemática.
 Las clases comenzaron el 15 de marzo de 1922, en el horario de 8 a12 y 13 a 17 horas. El aula era un galpón de 30 m2, con techo de cinc a la vista, piso de tierra y un gran portón al frente, que contaba además con una pequeña ventana al fondo. Estaba orientado hacia el norte y daba a un gran patio de tierra bien barrido.
Además de los hijos de don Miguel Abbá, concurrían a clase los hijos de los vecinos, Luis Pepino, Juan Torre y otros, tambien de origen piamontés, en total los alumnos eran 13 varones y dos niñas. Algunos conocían algunas letras y numeros por haberles enseñado rudimentariamente sus padres, los que hablaban en su dialecto y casi nada de castellano.
Además de leer y escribir el maestro don Santiago les enseñaba a medir campos con las medidas agrarias, también a medir maderas, porque esto les era útil en su vida de campo.
Les exigía hacer buena letra por lo que les daba tareas para  hacer en un cuaderno especial para caligrafía, utilizando un lápiz Faber Nro: 3. Los sábados eran los días destinados a las clases de geografía e Historia, especialmente argentinas. Algo de música y geometría les intercalaba entre las clases habituales de matemática, castellano y los 15 minutos de catecismo y también valores de  moralidad. A pedido del cura párroco Presbítero Florentín Alvarez, que lo visitara especialmente eran las clases de catecismo, para que sus alumnos tomaran la 1a. comunión el día de las Fiestas Patronales, el 10 de agosto, en honor de San Lorenzo Mártir.
En los recreos los chicos se dedicaban a un juego que no se conoce actualmente y que éllos llamaban La naria, a las bolitas y a las bochas, ya que siempre había algunas en el patio. Don Santiago les prohibía estrictamente jugar al fútbol, porque se rompía el calzado y también para prevenir accidentes.
Estos datos fueron extraídos del libro que Don Santiago Benassi escribiera a sus 93 años, titulado Memorias de un tiempo. Quise rescatar los recuerdos del paso del Sr. Benassi por nuestra localidad, porque conocí la chacra de los Abbá, por el año 1952, cuando mis padres, mis tíos, mis hermanos y yo, nos mudamos al tambo contiguo a  esa chacra, que habían heredado los hermanos Edison (Pichón) y Milton Malano. Así como lo cuenta don Santiago era el galpón todavía,  la familia que allí vivía por ese entonces eran don Angel Abbá, su esposa Juanita Boasso y sus hijos Hilario, Leonor y Roberto. También vivía con éllos un tío soltero llamado Antonio, a quien recuerdo siempre "chicando" y escupiendo el tabaco, en el patio. Hablaban entre éllos todo el tiempo en piamontés, por lo que cuando yo iba a jugar con los chicos o a tomar el mate cocido con pan casero y mermeladas, me esmeraba en descifrar lo que decían. Luego cuando íbamos a la escuela todos a caballo, nos reuníamos en el cruce del camino vecinal y el camino central, así nos acompañábamos en el trayecto de 6 Kms. hasta la Escuela Nro. 275 Francisco Narciso Laprida a la que concurríamos. Hilario y yo íbamos al mismo grado. Leonor era mayor. Ella era la que me enseñaba algunas palabras del piamontés que a mí me intrigaba. Hice con éllos ese trayecto, desde 1er grado inicial hasta 3er grado, en el año 1954. En 1955 nos mudamos a Carlos Pellegrini.

FELIZ DÍA a todos los maestros de mi querido país. Y muchas gracias por ser los segundos padres de nuestros hijos.



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