lunes, 27 de julio de 2015

DÍA DEL ANTROPOLOGO





El 27 de julio de 1972 se fundaba el Colegio de Graduados en Antropología. En nuestro país ese día quedaría establecido como el Día del Antropólogo. Por este motivo queremos saludar en este envío del mes de Agosto a todos los colegas del país que ejercen nuestra querida profesión.


Edgardo Garbulsky, In Memoriam


Confluimos en Rosario en 1962. De los cuatro rumbos, esperanzados estudiantes de antropología armamos un congreso para conocernos. Cruzamos tonadas y proyectos y nos animamos a crear la ONEA, Organización Nacional de Estudiantes de Antropología. Ahí estaban los locales, ofreciéndonos sus casas para alojarnos, compartiendo almuerzos en el comedor estudiantil, cenando y farreando tupido. Y entre ellos una figura flaca, de rostro irónico, polemista acérrimo a quien apodamos El Fauno. Edgardo Garbulsky. No sé qué tuvo ese congreso que nos ató para siempre. No nos vimos demasiado, creo que tampoco supimos ni sabemos demasiado de nuestras vidas. Pero el encuentro siempre enciende esa solidaridad fuerte, como si nos hubiéramos visto ayer y la sintonía de ideales y sueños. Hace unos años nos llegó un colega peruano, “compañero de la ONEA”, credencial suficiente para recibirlo. Nos desparramamos, arqueólogos y sociales (que entonces nos llamábamos todos antropólogos), por los cuatro rincones del país. Y luego fuera de él.

Las dictaduras golpearon duro nuestras carreras. Rosario sufrió intervenciones y cierres. Por mucho tiempo sólo pudieron ser profesores de Historia especializados en antropología, no antropólogos, pese a la excelencia de sus maestros. Y en la lucha, siempre Edgardo Garbulsky. En la lucha propia y en las nuestras. Tuvo que exiliarse en Chile en una época, y regresar de prisa tras una estada en un campo de concentración pinochetista. Después aguantó, cuando otros de nosotros debimos probar suerte en otros ámbitos. En mi caso, con la ayuda de los compañeros de la ONEA radicados en Brasil.

Recuerdo mi primer retorno a la patria, la dictadura casi en fuga, en 1983 en el Primer Congreso de Antropología Social en Posadas. Desembarqué en medio de una fiesta de bienvenida, todo el mundo bebiendo y bailando. Y alguien me abrazó. Espié la credencial del efusivo amigo: EDGARDO GARBULSKY. Apreté el abrazo. Estaba más gordo, pero su rostro mostraba la inolvidable sonrisa faunesca. Me sentí contento de volver a la patria y ahí empezó a madurar la idea del retorno. Por recuperar a esas personas ya valía la pena pegar la vuelta.

Después nos enganchamos en la vida “normal”: congresos, cursos, concursos, reuniones. Algunas comidas juntos. Y él siempre comprometido en todas las causas, multiplicando por e-mail los avisos de colegas y de indígenas, insobornable hombre político. Siempre se podía contar con Edgardo Garbulsky.

Y ahora, la partida. Junto con otros colegas que nos dejaron, algunos muy jóvenes, otros en estas edades en que el fin pasa a ser lógico. Entonces, el pedido de escribir algo. ¿De quién? ¿De ese ser casi desconocido, de cuya trayectoria no guardamos detalle? Dudamos. Es difícil transmitir el enorme afecto forjado en tan pocas ocasiones. Edgardo es la antropología en este país. Antropólogo desde los huesos. Escudriñador de la historia de nuestra ciencia, animador de congresos, partidario extremoso de este Colegio de Graduados que peleó varias causas rosarinas. A una edad en que ya se puede dormir cómodamente en los laureles, preparaba su tesis doctoral. Nos la debe.

Nada más. Solo el dolor, pero al mismo tiempo la alegría de haberlo conocido.

Hasta siempre, Edgardo.


Hugo Ratier




www.cgantropologia.org.ar

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