martes, 31 de marzo de 2015

MUJERES DEL OLVIDO

















En el relato de nuestra historia americana pocas cosas han quedado tan en evidencia como la ausencia –salvo algunas excepciones- de la participación de la mujer en los distintos procesos que van desde la conquista hasta el asentamiento de las Naciones.
Lo cierto es que, olvidadas por su condición en la sociedad de la época o relegadas porque la intensidad de esos tiempos imponía el esfuerzo varonil a sus perseverantes luchas cotidianas, las mujeres quedaron a un costado de la historia oficial, al borde de la significación heroica que obtuvieron sus pares. Pero el trabajo de los que optaron por hurgar un poco más allá de las batallas y fundaciones logró hilvanar historias que rescatan la trama femenina del proceso americano, rico en gestos altruistas, muestras de solidaridad, actos heroicos, rebeldías sin antecedentes, entregas sin condicionamientos. Como débil reconocimiento, algunas trascendieron su tiempo para instalarse en nuestros recuerdos escolares que tuvieron a Doña Gregoria Matorras como madre del Libertador, o al tesonero trabajo en el telar de la sanjuanina Paula Albarracín; la colaboración de las damas mendocinas con el ejército de Los Andes; o el gesto de las mujeres que socorrieron a los heridos en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma; o la determinación de las porteñas que con aceite hirviendo ahuyentaron al invasor inglés.De estas excepciones, Félix Luna afirma en “Las mujeres y sus luchas” que “apelar a la memoria descubre una bruma que puede compararse con la que envuelve a otros sujetos de la historia cuya presencia, como la de la mujer, ha sido omitida o, al menos, escamoteada por la historiografía oficial”.Tan apasionante como conocer el relato de los hechos históricos de nuestro continente es descubrir (o revalorar) el desempeño de las heroínas que no alcanzaron a romper el cerco de la trascendencia, pero sí se ganaron la inmortalidad por una vida llena de hechos heroicos o por una determinación que les reservó un lugar en la historia, nuestra historia.Una conquista con manos frágiles La crónica del Río de la Plata indica que fue el adelantado Don Pedro de Mendoza quien arribó a estos puertos con las primeras veinte mujeres que conformaron su tripulación integrada por mil soldados y cien cabezas de ganado caballar, en 1536.Entre las primeras mujeres españolas que llegaron al “río de argento” estaban María Dávila, mujer y legataria de Pedro de Mendoza; Elvira Pineda, criada de Juan Osorio y testigo de su alevosa muerte; Mari Sánchez, esposa de Juan Salmerón de Heredia; Catalina de Vladillo, Isabel de Quiróz, María Duarte y otras, cofundadoras de Buenos Aires.Es justamente una de estas “adelantadas” la que oficia como primera corresponsal de las inhóspitas tierras de la conquista, puesto que con la despiadada descripción de las penurias que se vivían en estas tierras, Isabel de Guevara conmueve no sólo a la corona española sino a las futuras generaciones. Casada con Pedro Esquivel, desde Asunción Isabel de Guevara envía una carta a la reina Juana el 2 de julio de 1556, donde le hace saber la importancia del trabajo de la mujer y la miseria en la que viven en el Río de la Plata.“...Y como la armada llegase al puerto de Buenos Aires con mil quinientos hombres y les faltase el bastimento, fue tamaña el hambre, que al cabo de tres meses murieron los mil. Este hambre fue tamaño, que ni la de Jerusalén se le puede igualar ni con otra ninguna se puede comparar. Vinieron los hombres con tanta flaqueza que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles las ropas como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas y cuando algunas veces los indios les venían a dar guerra –hasta acometer a poner fuego en los versos y a levantar los soldados- los que estaban para ello, dar alarma por el campo a voces, sargenteando y poniendo en orden los soldados. Porque en este tiempo –como las mujeres nos sustentamos con poca comida- no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres...”El relato de Isabel refleja que cada paso de la conquista fue seguido por el contingente de mujeres “... Después determinaron subir el Paraná en demanda de bastimentos, en el cual pasaron tanto trabajo las desdichadas mujeres, que milagrosamente quiso Dios que viviesen por ver que en ellas estaba la vida de ellos; porque todos los servicios del navío los tomaban ellas tan a pecho que se tenía por afrentada la que menos hacía que otra, sirviendo de marcar la vela y gobernar el navío y sondar la proa y tomar el remo al soldado que no podía bogar y esgotar el navío...” Ya entonces la ingratitud era moneda corriente a la hora de reconocer el trabajo de las féminas “...He querido escribir esto y traer a la memoria de vuestra alteza para hacerle saber la ingratitud que conmigo se ha usado en esta tierra, porque al presente se repartió la mayor parte, de lo que hay en ella, así de los antiguos como de los modernos, sin que de mi y de mis trabajos se tuviese ninguna memoria, y me dejaron de fuera sin me dar indios ni ningún género de servicios”.Continuar la empresa. En otro retazo de nuestra historia, una expedición de valentía y perseverancia tiene su origen en 1547, cuando Juan de Sanabria firma una capitulación con el rey en la que se compromete a traer ochenta hombres casados con sus familias y ochenta doncellas. Al morir, su viuda Mencia de Calderón demuestra su fuerte personalidad y coraje al decidir cumplir con el compromiso y se propone realizar, de cualquier forma, el viaje a las tierras salvajes. Es así que en 1550 parte de San Lucar, con un grupo de cincuenta mujeres casadas y solteras en la expedición de Juan de Salazar de Espinosa. La travesía estuvo plagada de todo tipo de vicisitudes hasta que arribaron a Asunción, cinco años después de la partida.De este grupo, María Sanabria, la hija menor de la comandanta, se casa con Hernando de Trejo y de esta unión nació quien habría de ser con el tiempo, primer franciscano criollo y tercer obispo de Tucumán, Hernando de Trejo y Sanabria, fundador de la actual Universidad de Córdoba. De leyendasLas memorias de nuestras mujeres también se mezclan con el romanticismo que le otorgan los recuerdos que la transforman en leyendas, tal el caso que relata Ruy Díaz de Guzmán en la “Argentina Manuscrita”.La protagonista es una mujer llamada “la Maldonada” que, “enloquecida por el hambre, se lanza fuera del recinto fortificado, porque el horror de la situación es superior a cualquier contingencia que se presente en tierras de los indios. Mendoza ordena que sea apresada y atada a un árbol a la vera de un arroyo, desnuda, para que sirva de comida a las fieras y de escarmiento a todos. Se cumple la orden y tras una noche de tormenta acuden los soldados en busca de los despojos de la víctima. Ante su asombro la encuentran indemne, lo que le vale el perdón y de allí el origen del arroyo Maldonado”.De amores y desprecios Los relatos lujuriosos de los tiempos de la conquista tiene a muchas nativas como protagonistas de los amores prohibidos con los españoles que a la corte llegaban con formato de escándalo.Mucho ha de pasar hasta que por cédula real se autoriza a los españoles a casarse con indígenas. En “Las mujeres argentinas”, Elsa Jascalevich indica que “sólo se cita un ejemplo en la República Argentina: doña Teresa de Ascencio, hija del cacique de Angaco, casó con el capitán don Juan de Mallea cuando se fundó la ciudad de San Juan. Fue la primera mujer del valle de Tulum que unió su sangre a la raza blanca”. Se suma a este enlace el de Juana Zárate (india Yupanqui de la familia Inca Manco II) y Juan de Ortíz. La hija del cacique aportó a su boda un pacto de amistad con los españoles, sellado por el Anta Huarpe, su padre, y una dote de muchos reales en oro. Esta unión marcó un período de paz entre españoles y las tribus nativas, tanto que el cacique se convirtió en un indio noble. Pudo anteponer el “don” que le concedió el rey Felipe como privilegio real, además del señorío de Angato para sí, sus hijos y descendientes.En la vida de los esposos perduró el amor y tuvieron vasta descendencia, pero la apasionada historia se fue diluyendo con el tiempo, las familias españolas que posteriormente se adueñaron de la zona, se burlaron del hidalgo enamorado y vengándose de los hijos de la india, los despreciaron llamándolos mulatos.Fue la hija de Juan de Ortiz de Sárate quien renunció al poder conferido por el rey para gobernar si muriese su padre lo que motivó todo tipo de especulaciones y comentarios.Reivindicaciones LiterariasCon la colección “Narrativas históricas”, la Editorial Sudamericana ha publicado varias obras de autores contemporáneos que bucean en la historia latinoamericana para rescatar figuras de gran importancia en el pasado, muchas de ellas son mujeres.Así, por ejemplo, Elsa Drucaroff reflota en “La Patria de las Mujeres, una historia de espías en la Salta de Güemes” la valentía de Loreto Sánchez de Peón, quien participa al frente de un grupo de mujeres organizadas a las que se las denomina “bomberas” que se transforman en una red de espías de vital importancia para la emancipación de la Patria.En “La condoresa, Inés Suárez, amante de don Pedro de Valdivia”, Josefina Cruz de Caprile bautiza con el nombre del cóndor hembra a la protagonista para relatar dos tramas: la conquista de Chile y el amor entre la indomable española y el conquistador.Conocedor de la historia latinoamericana, el estadounidense Víctor W. Von Hagen, expone detalles y resalta la figura de una de las mujeres más inquietantes de la América en tiempos de la emancipación. En “Las cuatro estaciones de Manuela, los amores de Manuela Sáenz y Simón Bolívar”, la muestra como una mujer muchas veces caprichosa pero también sagaz y política, que “se consume en el fuego de sus propias pasiones”.No menos interesante es la novela de Ana María Cabrera “Felicitas Guerrero, la mujer más hermosa de la Argentina”, en la que relata la historia de esta bella mujer, viuda del acaudalado Martín de Alzaga, quien tiene una vida comprometida y rebelde para su tiempo, el intenso amor que provocaba con su singular belleza y personalidad fue el causante de su muerte trágica y en su nombre se levantó la iglesia de Santa Felicitas, de Barracas.


Mujeres del olvido, heroínas de la historia.
22/07/2001 - La Revista Diario Primera Edición. Posadas, Misiones Argentina
Patricia Da Luz




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