viernes, 14 de marzo de 2014

DÍA DE LAS ESCUELAS DE FRONTERA








Al atardecer, me miré en el río y ese espejo rebelde me devolvió una imagen atrasada. Sin embargo, pude ver la misma luna llena, gestada por los juncos de la costa acunada con melodías de brisas. Allí estaban las mismas arenas costeras ancestrales, mojadas, pesadas, oxidadas (…). Cuando ya todo fue silencio, guiados por la luz verde de las luciérnagas, llegaron los duendes del campo. Allí iban a quedarse, endiablados, saltando y haciendo rondas alrededor de los chuños y las tuscas, hasta que saliera el sol.
Rubén Grufatt

El 14 de marzo se conmemora el Día de las Escuelas de Frontera. Para celebrarlo, contaremos la historia de una de ellas, que está ubicada en la ciudad jujeña de Abra Pampa, a 70 km. del límite con Bolivia. Recibimos estos relatos de boca de sus protagonistas: Raúl Tabarcache, quien es docente de otra de las escuelas del pueblo –una de las integrantes de la Red educ.ar- y Candelaria Lidia Serapio, la directora de la escuela Nº7.
Siguiendo las huellas que marcara Carlo Guinzbur, con su ya célebre El queso y los gusanos, donde reconstruye la cultura popular del siglo XVI a partir de la historia de Menocchio, una campesino friulés; tomamos un caso que pueda ser representativo, aún cuando sea difícil identificar regularidades entre esta microhistoria y las que se cuentan en otras regiones del país.
Protagonistas a 3.400 metros sobre el nivel del mar
Una cinta gris interminable: el camino. El sol capricorniano. Un calor inusitado de julio. Tenía miedo a la nada. A través de las ventanillas, veía pasar pueblos marrones, paisajes verdes, amarillos, grises y azules. Subidas y bajadas.
A la ciudad de Abra Pampa, se accede por la ruta nacional Nº 9, 120 km. al norte de la ciudad de San Salvador de Jujuy. El pueblo está ubicado en una región montañosa, donde las temperaturas llegan a los 20º grados bajo cero durante el invierno, y soplan vientos fuertes. Allí, donde se trabaja “a brazo partido” –según cuenta Lidia-, comenzó a funcionar la escuelita, en septiembre de 1997.
En un principio, fueron un total de 41 alumnos provenientes de las escuelas rurales de Santuario, Tabladitas, y Lumara, del departamento de Cochinota –estas últimas debieron cerrar sus aulas por falta de alumnos-. El primer grupo de alumnos estuvo a cargo de la directora provisional, Liliana Zerdá, y la docente Patricia Vásquez.
El edificio tenía el aspecto de una vivienda familiar; fue construido por la Gendarmería Nacional, a encargo del Club Argentino de Servicios. Una vez habilitada, según la resolución correspondiente del Ministerio de Educación, la escuela de frontera Nº 7 inició sus clases con jornada completa, brindando a sus alumnos el desayuno, almuerzo y merienda. En aquel momento, el establecimiento no contaba con los servicios de agua corriente y energía eléctrica.
Hoy que la escuela funciona como jornada simple, en un solo turno –de 8:30 a 13 hs.- y con comedor, Lidia destaca la función de contención que cumple la escuela, ya que la mayoría de los chicos son hijos de padres desocupados, y de familias numerosas. Este es uno de los objetivos principales de la escuela; el otro es específico de su situación de frontera y Lidia lo identifica como “defensa de la identidad del argentinismo” –si bien la escuela está a 70 km. de la Quiaca, dos alumnos que se incorporaron este año provienen de Bolivia-.
La firmeza, madre de las grandes empresas
En febrero de 1998, llegó a la escuela la primera maestra de grado titular, Roberta Liquen, quien también se hizo cargo de la dirección de la escuela hasta el año 2000, en el que Candelaria Lidia Serapio fue nombrada directora titular del establecimiento. Lidia es docente desde hace 32 años; comenzó siendo maestra en Campo Quijano, en la provincia de Salta, y en 1997 fue nombrada directora titular de la provincia.

- ¿Porqué decidió trasladarse a una escuela de frontera?
- Ví que la necesidad estaba allí; los niños con menores recursos son los marginados.
En los últimos años, la institución logró tener representación, por primera vez, en las instancias zonales de las olimpíadas de matemática, que se realizan en Abra Pampa y La Quiaca, y las de atletismo. Le preguntamos a Lidia de qué proyectos educativos participa la escuela:
- Uno es la Biblioteca itinerante, del programa de Minoridad y Familia de la provincia. Otro es el proyecto de Alfabetización, que busca recuperar la historia local, oral y escrita, las costumbres, leyendas. Y también participamos de otros proyectos específicos de lectura, poesía y coplas. Este año vamos a participar también de la tercera Feria de la Llama, que organiza la Municipalidad, donde los chicos van a poder aprender cómo es la cría de la llama.
Lidia cuenta que, durante los últimos años, se fueron construyendo nuevas aulas, gracias a la ayuda de varias personas; en el 2004 se inició una nueva obra de ampliación, esperada por toda la comunidad educativa, ya que la escuela cuenta con todas las secciones de grado, y un numeroso grupo de alumnos y docentes. Los avances materiales tuvieron su correlato en lo curricular; y materias especiales como música, plástica, e incluso inglés se incorporaron a la enseñanza.
En febrero del año pasado, se inauguraron las obras de ampliación, que se llevaron a cabo a través del Programa Nacional de Jefas y Jefes de Hogar, con el aporte de la Cooperadora Escolar y de personal contratado por la municipalidad. Las obras consisten en cuatro aulas; sanitarios para niños y niñas, y personas con capacidades diferentes; un comedor, cocian, depósito, y una galería semi-cubierta. La escuela no cuenta con ningún equipamiento tecnológico, aunque no descartan esta posibilidad para el futuro.
A la escuelita asisten actualmente 160 alumnos provenientes de familias con escasos recursos, desde nivel inicial hasta 7mo. grado. La institución funciona como jornada simple con comedor, en un solo turno.
El régimen de las escuelas de zonas de frontera data de 1972. La ley 19.524 fue sancionada durante el gobierno de facto de Lanusse, y se aplica a las instituciones educativas de todos los niveles y modalidades, tanto públicas como privadas oficiales.
La normativa establece que las escuelas de frontera deben promover la integración de los alumnos a las formas de vida propias de la cultura nacional, el compromiso con el desarrollo de la comunidad local, y el sentimiento de pertenencia a la sociedad argentina.
Texto en homenaje a Teresita Monay, una de las tres mujeres que a los 18 años lo dejaron todo para ir a enseñar a los chicos aborígenes de Salta, sobre la costa del Río Bermejo.
Si esto no es hacer PATRIA, con qué otra cosa se puede comparar. Gracias a todos los maestros y demás personal que se desempeñan en cualquiera de las escuelas de frontera de nuestro suelo.

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