viernes, 15 de noviembre de 2013

DÍA DEL TAMBERO



El 14 de Noviembre se celebra en la República Argentina el Día del Tambero.
Esta fecha surge en conmemoración a la fundación de la Unión de Tamberos en el año 1920, un acontecimiento relevante de la Lechería Argentina. En algunas provincias se celebra el 23 de febrero, pero cualquiera sea la fecha elegido, el tambero se merece nuestro reconocimiento, ya que gracias a él y su trabajo podemos disponer de la leche como alimento cotidiano en nuestras mesas del campo y la ciudad.
El día del tambero es un homenaje a los que con su esfuerzo y tezón crearon la entidad en la difícil tarea de sacar la leche.
Las personas que se dedican a esta tarea, sin lugar a dudas merecen un reconocimiento especial, sabiendo que es una tarea que se realiza de lunes a lunes, los 365 días del año, en cualquier condición climática, con el
esfuerzo de estos trabajadores cuando no están bien físicamente. Con los pies enterrados en el barro en
época de lluvias torrenciales o haciendo lo imposible para alimentar a los animales cuando acecha la sequia.
Es sabido que los tamberos cargan sobre sus espaldas muchos achaques que se incrementan con el paso del tiempo.
Hoy los tiempos han cambiado y la tecnología simplifica algunas tareas, pero de todas maneras hay gente que todavía ordeña a la vieja usanza.
Feliz Día para todas las personas: hombres, mujeres y niños que realizan esta tarea. 
Quiero recordar a mis padres tamberos, extrayendo trozos de su vida en unas pocas letras:
Mi padre nació precisamente en un tambo, porque sus padres eran tamberos y él siguió la tradición. El ordeño se realizaba a mano, con ternero atado a la pata delantera de la vaca, los corrales eran de tierra abovedada para que escurriera el agua de lluvia, un tambo mediano era de 120 vacas, que ordeñaban dos personas, mientras que otra se las preparaba, maneándolas por las patas traseras y atándoles el ternero. No había francos, ni paros, ni se dejaba de ordeñar por lluvia ni por ningún otro motivo. La leche había que sacarla y llevarla a la fábrica donde se procesaba, en carros con dos ruedas y 3 ó mas caballos atados, según la distancia y el estado de los caminos. Mi padre usaba un carro con un caballo atado a las varas y otros dos, llamados cadeneros, que se ubicaban adelante del varero. Llevaba un látigo muy largo, que hacía chasquear por arriba de las orejas de los caballos para azuzarlos cuando la marcha se hacía muy lenta. Mis recuerdos se remontan a cuando vivíamos en un tambo a 7 Km del pueblo donde nací y en el cual resido, y a la antigua fábrica Delorenzi, donde mi padre traía la leche por la mañana y también por la tarde en verano, porque no había mas que agua sacada del jagüel para enfriarla y que llegara en condiciones hasta la fábrica. Cuántos tamberos dejaron sus vidas, muy jóvenes, como en el caso de mi papá, que sólo tenía 49 años cuando murió, porque las condiciones de trabajo eran muy primarias y sin ninguna protección. El tambo es una tarea que casi siempre se realiza en familia, solamente en establecimientos muy grandes, se contratan peones, en nuestro caso, siempre se trabajó en familia. Mi padre, mis tíos y mi madre, luego mis hermanas, mi hermano y alguna vez también yo, pero casi nunca hubo  una persona ajena a la familia.
Hoy en día se estudia para ser tambero profesional y todos los tambos utilizan tecnología de última generación para producir leche en las condiciones que exigen las industrias lácteas modernas. Los cursos son dictados por  profesionales capacitados especialmente para esta actividad, en conjunto con instituciones de cada localidad donde tiene su sede el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria o algunas Cooperativas de tamberos, según la región. 
Los tiempos han cambiado pero mientras que el ser humano consuma leche y sus derivados, siempre existirán los tamberos y en mi corazón siempre estará uno de los mejores ordeñadores que hubo en la zona: mi padre, Antonio Julio Musachi.

Lydia Musachi




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