martes, 19 de noviembre de 2013

ANIVERSARIO DE LA PROVINCIA DE JUJUY









Al iniciarse la conquista española, el actual territorio de Jujuy estaba poblado por diversos pueblos indígenas. Predominaban los omaguacas, entre cuyas parcialidades se destacaban los ocloyas, purmamarcas, yavis, yalas, churumatas y los jujuyes, de quienes deriva el nombre de la provincia, aunque los atacameños -en especial la parcialidad lipe- eran predominantes en la región puneña. Los omaguacas eran una síntesis étnica dediaguitas y atacameños con un fuerte componente genético arawak. La tenaz resistencia de estas poblaciones dificultó primero el avance de los quechuas y luego el avance español. En 1536 Diego de Almagro recorrió la Puna jujeña.
A lo largo del siglo XVII la población asentada en la ciudad, pueblos, estancias, haciendas y chacras fue creciendo lentamente. Según el primer censo (1779) había 14.694 personas. De ellas el 14% vivía en la ciudad donde españoles, negros, mulatos y mestizos eran mayoría, mientras que en el área rural predominaban los indígenas. Los esclavos negros provenían de Buenos Aires y se los destinaba a tareas domesticas o artesanales. Sus uniones con indgenas o españoles (mestizaje) dieron lugar a las castas afromestizas: mulatos, zambos.
La región formó parte del Virreinato del Perú hasta 1776, en que la corona española creó el Virreinato del Río de la Plata. Al subdividirse administrativamente el Virreinato del Río de la Plata, conforme a la Real Ordenanza de Intendentes del 28 de enero de 1782, la actual Provincia de Jujuy quedó ubicada dentro de la Gobernación Intendencia de San Miguel de Tucumán. Un año y medio después, la Real Cédula del 5 de agosto de 1783, suprimió la Gobernación Intendencia del Tucumán, con lo cual Jujuy junto con Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Tucumán y la Puna de Atacama, pasó a integrar la nueva Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, con sede gubernativa en la ciudad de Salta.
El 18 de noviembre de 1834, Jujuy y su zona de influencia proclamaron la autonomía provincial, independizándose de la Provincia de Salta, con mucho retraso en relación a las demás provincias argentinas del siglo XIX. El teniente gobernador, coronel José María Fascio llamó a cabildo abierto y consultó a la multitud:
¿Juráis libre y espontáneamente a Dios Nuestro Señor, por la señal de la Cruz, de sostener y defender con vuestra fortuna y vuestra vida la independencia política de esta ciudad, su territorio y campaña y su separación de la capital de Salta?
Ante la respuesta ¡Si juramos!, quedó proclamada la autonomía provincial y Fascio fue nombrado gobernador provisorio. Fascio era un militar español, que había combatido en el bando realista. El 2 de diciembre de 1834 la Legislatura de Salta reconoció la autonomía de Jujuy.7 Fascio invadió Salta y el 13 de diciembre logró triunfar en la Batalla de Castañares, asegurando la autonomía. El 27 de diciembre fue nombrado gobernador propietario, renunciando el 25 de febrero de 1835.
Jujuy, nombrada, con mucho acierto como el Pórtico Maravilloso de la Patria, es una provincia argentina situada en la Región del Norte Grande Argentino, Limita al oeste con Chile por la Cordillera de los Andes al norte con Bolivia, al este y al sur con la provincia de Salta.
Cobija en su tierra generosa y multicolor, fragmentos brillantes de la historia argentina que la enorgullecen porque tuvieron una ingerencia definitiva e incuestionable ya que marcaron el rumbo mismo de la nación entera. Su protagonismo, notable en instancias clave, vinculadas con la libertad del heterogéneo territorio argentino, es atesorado no sólo por cada hijo de su tierra sino también reconocido por los habitantes de las más diversas latitudes del país y aún de Latinoamérica.
Conocida también, como la Tacita de Plata despliega su paisaje majestuoso, que incrementa progresivamente su altura de este a oeste en un relieve predominantemente montañoso. Su geografía privilegiada ha dado lugar, en las últimas décadas a un significativo desarrollo económico de la actividad turística por el abanico de alternativas que ofrece en sus cuatro zonas distintivas: Valle, Quebrada, Puna y Yungas.


“La singularidad de la belleza de la paleta de estas regiones ha inspirado a nativos y visitantes y se erigió en motivo literario y musical. Un descollante ejemplo lo conforma la pintoresca historia de las lavanderas del Río Xibi-Xibi, mujeres tenaces y “guapas” (laboriosas, en el registro lingüístico de la provincia), quienes con frío, calor o lluvia, fregaban con vigorosos golpes, la ropa en las redondas piedras del río, también nombrado como “Chico”, en contraste con el “Grande” que abraza la ciudad desde el otro lateral (“el uno de pura nieve/ el otro de pura sangre/ bajan lamiendo las breñas y corren besando sauces/ desde las punas más altas/ hasta los cañaverales/…./con su voz de flauta el uno/ el otro, con su voz grave/ como si el uno bramando/ rogase al otro, que cante /…/ Y entre el ceibo de sus tejas / y la cal de sus azahares, San Salvador con sus calles, San Salvador de Jujuy, que está demás el nombrarla”)” (Domingo Zerpa).

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