viernes, 4 de octubre de 2013

HE VISTO PLANTAR ARBOLES

           



Al amanecer tuve deseos de salir a caminar hacia cualquier parte, menos por los circuitos diseñados a tal efecto. Cuelgo mi vieja cámara al cuello y dirijo mis pasos hacia el este, me gustan los caminos conocidos, los que recorrí hace tiempo, los que transito en estos años de búsqueda sin querer, de las cosas que me enlazan al pasado. Creo que me estoy poniendo vieja. Cuando necesitamos del pasado para poder vivir el presente, no se llama a esto envejecer? Por si las moscas, me prevengo, por si me ataca una enfermedad mental y pierdo los registros de la memoria. No sé por qué pienso que a alguien pueda interesarle lo que yo recuerde o deje de recordar. En fin… A mí me hace bien y entonces retomo mis caminatas en vista de la proximidad de la primavera, aunque me gustaría salir a caballo, pero como no tengo esa hermosa posibilidad, me resigno y salgo a pié. Bandadas de tordos, mixtos, amarillitos, corbatitas y otros que desconozco bajan a las banquinas picoteando los granos que caen de los camiones . Las palomas señoras del lugar, remolonean al incipiente solcito mañanero posadas en los alambrados, mientras espían mis movimientos y al menor ruido echan a volar. De pronto cruza velozmente la calle un pequeño animalito gris, ratón sin cola, es un cuis, que por suerte abundan hasta en las cunetas de las calles de tierra, de los suburbios de mi ciudad. En los campos sembrados de verdes trigales, brilla el rocío y un frío viento del sur me hace acelerar el paso para calentar mi cuerpo. Parece no haber helado hoy, porque este año ha sido terrible con sus olas de frío polar azotando todo el país, hasta hoy 31 de agosto se contabilizaron 70 heladas, eso es lo que dicen los agricultores de la zona, éllos las pueden contar, nosotros a veces sentimos las bajas temperaturas, pero no vemos la helada sobre los pastos. Me contaron los que salieron al campo temprano o viajaron por las rutas hacia su trabajo que algunas mañanas los campos se veían cubiertos de una sábana blanca hasta bien entrada la mañana. Se congeló varias veces el agua de mi tanque de agua de lluvia con un gruesa capa de hielo, por eso en este crudo invierno me vino a la memoria las mañanas en mi casa del campo, donde en esos tiempos veía la escarcha y curaba mis sabañones caminando sobre la gramilla seca y congelada, porque ése era el remedio que se utilizaba. Claro que también estaba el suplicio de azotar pies y manos con ortigas, medicamento recetado por mi abuela , quien se ligaba los peores epítetos cada vez que venía a visitarnos en invierno. Ah! También nos tiraba el cuerito porque según sus diagnósticos siempre estábamos empachados…con leche, pan y mate cocido.
Algunos caminan con los walkman en sus oídos, yo prefiero escuchar los sonidos naturales de las mañanas y dejar que aparezcan mis recuerdos a medida que hago mi recorrido, aunque me haya alejado la vida, nunca me he ido ni se van de mi memoria los lugares que compartí con mis padres, mis hermanos y mis amigos, en mi feliz infancia campesina.

Para coronar este hermoso paseo, baño de salud para mi cuerpo y mi alma, veo a un grupo de gente,  pala en mano plantando varios árboles. Dentro de ese simple acto que encierra un hermoso gesto, hoy tenemos que festejar que alguien tome conciencia de que sin árboles no hay vida.   
Lydia Musachi

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