viernes, 31 de mayo de 2013

LA CHACARERA DEL 55



Si nació en un boliche de hacha y tiza, el articulo de Roberto Espinoza nos pinta de lleno el momento. Es Roberto uncolaborador involuntario (le robamos sus artículos) de la Gaceta de Tucumán; Disfrutelo:
Años 50. Plaza Alberdi. Noche desvelada en el "55". Humo, voces, charla. Gritos, confesiones, angustias. Poemas, llantos, arrepentimientos. Canto, amistad. Una chacarera se dispara rozando el alba. "Del cincuenta y cinco es la chacarera, que mordiendo sueños nos roba la noche entera... De adentro e?la noche vuelve el ciego Pancho, madurada aloja que vuelve desde una copla..." Las voces de Pepe y Gerardo Núñez arrullan la bohemia en sus gargantas y echan a rodar una chacarera por la vida, abriéndole un surco a la memoria del folclore. Los recuerdos emocionan la generosa calvicie de Gerardo Núñez cuando se nombra el "55"
- ¿Cómo era la bohemia en el boliche?
- La chacarera fue compuesta en 1958. El "55" era una mezcla de fonda y restaurante. Sabíamos ir muchísimo con Pepe y Hugo Díaz. Hugo decía que era un boliche de hacha y tiza. En el "55" hubo muertes, peleas... Allí la mataron a La Milonguita, una prostituta muy famosa en la zona y en la época; corría la droga. Había un reservado de dos por dos, no para el amor, sino para el amor al naipe, al vino, a la guitarra. Cabían una mesa chica y sillas a su alrededor. Ahí nos encerrábamos con Hugo Díaz, Adolfo y Hugo Carmona, Alfredo Grillo, las hermanitas Carmona que cantaban. Adelante estaba el salón. Eramos estudiantes, jóvenes de cantar fuerte... Siempre llamábamos la atención y nos entraron a querer, entre ellos, el ciego Pancho.
- ¿En qué situaciones nace la chacarera?
- En varias. Con mis hermanos Pepe y Canuto habíamos venido de Salta a estudiar arquitectura. No sé si por inspiración o por designio vivíamos a cuatro cuadras del "55". Era esa época estudiantil, el bolsillo era muy flaco y el hambre muy gorda; íbamos a comer -en invierno- la hermosa pavesa que hacían allí, una especie de sopa con ajo y huevo. Fui en forma frecuente durante dos años; era infaltable.
- ¿Cómo eran el Chacho Díaz y Maldonado, los mozos?
- Tendríamos unos 23 años y ellos alrededor de 28. El Chacho era bajón, cabezón, de pelo muy enrulado, y Maldonado era el tucumano típico, de piel cetrina, peinado a la gomina, mucha mecha y de caminar cadencioso, como canción caribeña. Y cerca de las 2 o 3 de la mañana, cuando estábamos en el salón, ellos hacían vaquitas para que fuera el vino a la mesa y luego aparecía la famosa pavesa. Se arrimaban las mesas y terminábamos en una grande, cantando folclore.
- ¿Quiénes caían?
- Caían los croupiers, porque era la época brillante de la zona del Casino. Había uno, muy gastador de la noche y de las chicas buenas y malas... Iban políticos, estudiantes, profesionales que buscaban una bohemia muy especial, en la cual había que ser muy correcto porque había normas instituidas en ese boliche y en la noche. Había que ser respetuoso, aunque no faltaban los borrachos, los pendencieros. La Chacarera del 55 se va agotando en la madrugada. "Ya me voy solito, angustiando estrellas, velando la macha sencilla de los que queman..."
(Publicada originalmente el 3 de noviembre de 2002)
Para verla y escucharla:
por los hermanos Nuñez, Miguelito Ruiz y Juan Falú
http://www.youtube.com/watch?v=qBqNb5ySSYY
por Mercedes Sosa
http://www.youtube.com/watch?v=SdrXggezZ6s
por Juan Falú
http://www.youtube.com/watch?v=2JrWKPnwuco
por Alfredo Zitarrosa
http://www.youtube.com/watch?v=tWEowe362PA
una entrevista en video
http://www.youtube.com/watch?v=y1hQ_Os_

FUENTE: Pregón Criollo- Academia de Folklore de la República Argentina

viernes, 24 de mayo de 2013

FELIZ CUMPLEAÑOS PATRIA!!



El 25 de Mayo de 1810, los cabildantes reconocieron la autoridad de la Junta Revolucionaria. Reunidos en la Plaza Mayor, la gente, en busca de noticias gritaba: “¡El pueblo quiere saber de qué se trata!”. Y así, después de toda una semana de importantes cambios, los criollos reunidos en esa plaza, lograron que se conformara el Primer Gobierno Patrio.
Esto fue causa de un largo proceso, que tiene que ver con la situación que estaba transitando el gobierno español en su región. Como por ejemplo, las invasiones de Napoleón, las transformaciones de la monarquía, y la guerra para independizarse del dominio francés. Todo esto tuvo directa repercusión en las colonias españolas.
Las noticias de la situación que atravesaba España llegaron a Buenos Aires y no hicieron más que agitar los ánimos de los criollos quienes vieron en la situación, la oportunidad ideal para llevar adelante sus aspiraciones de emancipación. Son importantes las ideas de la Revolución Francesa y la independencia de los Estados Unidos en 1776, que estaban frescas en las mentes de los criollos. En particular, el caso norteamericano demostraba que las colonias americanas podían gobernarse con éxito a sí mismas.
Nuestro Patria cumple 203 años de lucha por seguir fieles al sentimiento de vivir para siempre en Libertad!

lunes, 20 de mayo de 2013

VELMIRO AYALA GAUNA



VELMIRO AYALA GAUNA
Por Luján Carranza
  Cuando nos abocamos a la tarea de conformar la personalidad de un escritor, historiador, maestro y periodista, en este caso, la de Velmiro Ayala Gauna, sentimos el imperativo de buscarlo desde su niñez, porque toda la obra del hombre está enraizada con esos primeros años, con el clima del hogar paterno, con la esencia humana de sus padres y sus hermanos. No queremos que el lector lo tome únicamente desde uno de sus ángulos, sino que lo abarque en la extensión de su vida plena.  Encontramos a Ayala Gauna como el último vástago de una familia numerosa, con un padre patriarcal, don Ramón ernesto, y una madre tierna, espiritual y fuerte, como lo fue doña Victorina Figueroa. No era una familia de potentados, pero sí con un buen pasar y los hijos del matrimonio: Ulderico, Rufino, Nélida, Ramón, Ernestina y Velmiro, gozaban de la calidez de un hogar bien constituido, donde el año y el respeto señalaban pautas valederas.  La familia vivía en la provincia de Corrientes, en la ciudad capital del mismo nombre y allí nació Velmiro un 22 de marzo de 1905. El niño apuntó con características singulares para aquella época. Le gustaba mucho leer y aprendió cuando otros niños de su edad ni siquiera soñaban con hacerlo. Era de carácter retraído, mas no hosco ni introvertido y buscaba los lugares tranquilos de la casa para sus lecturas. Y todo papel escrito que cayera en sus manos era prácticamente devorado en su afán de aprehender eso maravilloso y que sería en su vida una constante: la lectura y su significado, la cultura.  Dijimos carácter retraído y sin embargo lo más justo sería decir "encapullado en sus propios sueños", en el mundo de una imaginación en constante trabajo evolutivo. Así fueron pasando sus primeros años y Velmiro no desmintió nunca esa apetencia de saber que lo distinguiera desde pequeño.  Ingresó al magisterio, luego de un ciclo primario sin sobresaltos, y allí, en la Escuela Normal Nacional de Profesores, de Corrientes, recibe su título de maestro, a los 19 años. Esa corta pero vibrante trayectoria estudiantil ha despertado en él un sentido austero de la responsabilidad que le cabe como argentino y correntino, que, para el joven maestro, es como ser dos veces argentino.  Su sentido de la justicia, su amor a la verdad, le llevan a actitudes valientes aunque no siempre justas, porque como todos sabemos, el ardor de la juventud y la falta de experiencia, llevan, arranstran, a actitudes quijotescas y desubicadas. Velmiro Ayala Gauna, con la autenticidad de su carácter y la firmeza de su temperamento, expresa ardientes críticas en un acto de la Escuela Normal. El rector, en lugar de las amonestaciones y justas, entiende que hay en el muchacho principios muy respetables y que el fogoso orador marchará mejor con el razonamiento y el diálogo que con el castigo. Dialogan como padre e hijo hasta cubrir el incidente y esta actitud de su maestro deja en Ayala Gauna huellas imborrables. A lo largo de su vida docente, siempre prefirió el diálogo al castigo, el razonamiento a la aplicación fría de los reglamentos.  El escritor, el pionero de la cultura ya asoma en su adolescencia, creando revistas escolares, donde la poesía, el cuento, las leyendas y los temas patrióticos, llevan la preferencia del autor. La oratoria lo seduce y por consiguiente no hay fiesta o memoración que no lo cuente como un digno exponente de la juventud correntina.  Mientras tanto, en el hogar, los sucesos propios de los hombres, golpean a sus integrantes. Muere Nélida Ayala Gauna, por quien Velmiro sentía una particular inclinación y la desaparición de esa hermana deja en su espíritu una tan honda que no se borrará nunca. Para Nélida serán sus poesías más sentidas. También pierde a otro hermano, Ramón, cuando apenas contaba cinco años; en cambio Nélida muere a los diecisiete años, entre una adolescencia y una juventud radiante y entonces la muerte produce quiebras emocionales, deja sombras más angustiosas.  La palabra escrita sigue obsesionando a Velmiro Ayala Gauna y en 1925 funda en Chañar Ladeado la primera revista literaria de la localidad, fomentando además el enriquecimiento de la biblioteca local. El 12 de enero de 1926 es llamado a las filas del Ejército para el servicio militar obligatorio, que cumple en el Distrito Militar Nº 27 de Corrientes, saliendo al año siguiente con la calificación de "sobresaliente" y las felicitaciones de sus superiores.  Ejerce como maestro y en Rufino es uno de los fundadores de la Escuela Nocturna, trabajando en caracter "ad honorem" y luego también contribuye a la fundación del Instituto de Enseñanza Secundaria, transformado hoy en Colegio Nacional. En junio de 1930 es trasladado a Rosario, donde cumplurá, hasta su muerte, una intensa labor como maestro, periodista y escritor. Con sólo 25 años, Velmiro Ayala Gauna ya ha cumplido, en muchos aspectos, fundamentales aspiraciones. Todo en él está dirigido hacia la concreción de aquel fervoroso anhelo de Sarmiento: educar al soberano.  No otra cosa que la educación del pueblo, posibilitar su acceso a las fuentes de la cultura, crear centros de estudios, es su preocupación constante. En Rosario dicta cursos de capacitación para obreros y estudiantes en bibliotecas y Universidades Populares. Su afán progresista y su generosidad innata le llevan a fundar la Universidad Popular de la Zona Sur y la dirige hasta el año 1948.  Simultáneamente trabaja en la Sociedad Unión del Magisterio y en la Federación Provincial del Magisterio. Se inscribe en el profesorado de inglés y en 1940 obtiene su título.  A todo esto, en el ámbito familiar de los Ayala Gauna se han producido cambios y algunos situaciones insolubles. Nuestro escritor va de sacrificio en sacrificio, teniendo a su cargo una familia numerosa: Doña Victorina, su madre, una sobrina, más cinco niños hijos de un hermano y que, en un momento dado, quedan a su cargo. Es cabeza de familia y todos se apoyan materialmente en el maestro que, con su magro sueldo y las lecciones particulares puede sobrellevar tan difícil situación, siempre alentado por esa pasión indeclinable por el magisterio y la cultura.  Juega un gran papel, en estas circunstancias, el temple de la madre, doña Victorina que, cuando ve a su hijo desfalleciente, saca a relucir ese coraje de la mujer correntina y lo impulsa a seguir adelante. Es que ella está consciente de que un abandono puede significar el derrumbe, la frustración total de ese hijo tan dotado para la enseñanza, como dúctil para todo aprendizaje. Doña Victorina es el puntal afectuoso donde el hijo descansa cuando las fuerzas pareden decaer.  Ya con su título de profesor de inglés, gana por concurso un puesto en el Rosario English School (hoy Colegio San Bartolomé),  y dirige por LT8 Radio Rosario la audición Sendas de la Patria, la primera en esta ciudad de orientación folklórica, de profundo sentido argentinista. Y aún con todo esto se ha dado tiempo para investigar y recopilar datos. De sus conocimientos e idagaciones sale su primer libro: La selva y su hombre. Estamos ya en 1944.  La vida de Velmiro Ayala Gauna ha sido intensa, su trabajo duro e ininterrumpido y sus sueños cada vez más amplios y generosos. Pero, aunque la presencia del libro anuncia ya al escritor, es su función de maestro la que le lleva todos sus afanes. En 1948, por sugestión de un amigo, el General Angel Solari, se presenta a concurso en el recién creado Liceo Militar General Belgrano, y gana holgadamente las cátedras de profesor de inglés.  Destaquemos que aquí también estuvo su ojo visionario y contribuyó a la fundación del Liceo y por lo tanto y en justicia le corresponde el título de profesor fundador.  Ya estamos en 1949 y Ayala Gauna gana por concurso y antecedentes el cargo de sub-Regente del Liceo y posteriormente asciende a Regente con el máximo puntaje en concepto y capacidad. Su tarea de escritor es constante y así concreta en 1950 su nuevo libro: Litoral, y dos años más tarde -en 1952- dos libros más, Cuentos Correntinos y Rivadavia y su tiempo, un ensayo que los investigadores de nuestro pasado consultan, los historiadores respetan y los críticos no olvidan.  Corría el año 1953 cuando, por un desencuentro ideológico con algunos compañeros de cátedra y algunos superiores, decide jubilarse como Regente en el Liceo "General Belgrano". Es que Velmiro Ayala Gauna ha sido un argentino muy firme en sus ideas y capaz de llevar a situaciones límites su concepto de la verdad. Respetando pero exigiendo respeto. En ese mismo año se instala con su familia en Rosario y se casa con Enriqueta Ayala Gauna.  Hasta el momento de jubilarse en la provincia, trabajo como adjunto en la Asesoría Técnica del Ministerio de Educación. Forma parte de la Comisión de Canto y Danza que introduce el canto y el baile folklórico obligatorio en la enseñanza primaria. Un año más tarde entra como profesor en el Colegio San José, de Rosario, y se retira nueve años después, porque su salud ya no le permite ningún desgaste.  En 1959 ha entrado como docente en el Instituto Superior del Profesorado de Cruz Alta (Córdoba), llegando a ser Director de Estudios en las dos ramas, Filosofía y Letras, y profesorado comercial, tarea que lleva adelante hasta su muerte. También en este Instituto fue elegido como Asesor, por sus relevantes condiciones morales e intelectuales y por ese profundo amor que sintió desde niño por la carrera de maestro, amor que fue por vocación, llama permanente en su corazón enamorado de la patria, de su hombre, de su destino americano.  Si bien en 1944, cuando aparece su primer libro, La selva y su hombre, el que debemos señalar cronológicamente como la aparición del escritor, su nacimiento oficial a las letras, no debemos olvidar que Velmiro Ayala Gauna es aún un niño cuando el cuento y la leyenda se incorporan a su sangre, con los que ha de recorrer durante su vida infinitos periplos de incesante indagación, búsqueda incesante de motivaciones y causas. Y fue su padre, don Ramón Ernesto, el que nutrió la imaginación del niño con cuentos y leyendas, una comunicación, un trasvase, que encontró en el hijo el recipiente ideal.  Repetimos que si nos ajustamos a una cronología señalaremos el año 1944 como el comienzo de una actividad literaria, que deja un hueco de seis años -colmados por su actividad de maestro- antes de dar a la publicidad Litoral en 1950. En 1952 aparecen sus Cuentos Correntinos que merecen reiteradas ediciones. Contrariamente a otros escritores que deben esperar a que la posteridad les reconozca valores y méritos, Velmiro Ayala Gauna va recogiendo a lo largo de su fecunda y sacrificada vida, los halagos y las distinciones.  En 1955 su ensayo Rivadavia y su tiempo, gana el segundo lugar en el concurso organizado por el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe. Con el poema Canto a la Argentina, el segundo premio en los Juegos Florales de la fundación de Sunchales (Sta. Fe). Se le adjudica el premio Mesopotamia, que otorga la Comisión Nacional de Cultura a su libro Cuentos Correntinos y el premio Estímulo del Fondo Nacional de las Artes a su obra Don Frutos Gómez, el Comisario. Otro importante galardón con el Premio Municipal de Rosario, "Legado Manuel Musto", en 1953 con su obra La semilla y el árbol.  Quizá el secreto de estos triunfos esté en su pasión de escritor. Es su amor por la tierra, por el hombre, por Corrientes, por su país. Lo cierto es que Velmiro Ayala Gauna es un sembrador por excelencia a quien Dios permite que goce de los beneficios de su siembra, quizá porque el él no tuvo jamás en su pensamiento la idea de lucrar con su pasión de maestro y escritor. Los que lo conocimos podemos dar fe de su intensa preocupación por la enseñanza, que no se traducía únicamente en el cumplimiento generoso de sus clases y sus cátedras, sino que su apostolado se proyectaba a toda hora y en todo momento hacia quienes necesitaban una explicación, un apoyo, una ayuda. Su palabra cordial, serena y justa, así como sus propios libros, estuvieron siempre a disposición de quien los requiriera.
  El estudiante fue su básica preocupación y de La hora escolar, que transmitía en 1942 por una radio de Rosario, extraemos algunos párrafos de su trabajo: "Lecturas para niños". Entiende Ayala Gauna que al niño no hay que entristecerle con cuentos dramáticos.  "Padres, educadores, escritores, tienen el deber de conservar a sus niños en el mundo de ilusión, de alejar en lo posible el contacto con las cosas malas de la vida. Un niño triste es un crimen de la humanidad, y de ese crimen todos nosotros somos culpables. Algunos más activamente que otros pero pocos están exentos de culpa".  Se muestra reacio a modificar los esquemas que proponen algunos, en el sentido de que al niño hay que enfrentarlo desde pequeño con la realidad de la vida y de las cosas.  Narra una experiencia que vivió siendo maestro, cuando sus alumnos se estremecían ante los sufrimientos de un personaje llamado Garrón que regresa a la escuela luego de la muerte de su madre. El cuento describía con pormenores actitudes y sentimientos y Velmiro Ayala Gauna sentía que estaba traicionando a esos niños al robarle, aún por delegación de otro escritor, la alegría y el gozo natural de esa edad. Y en otra oportunidad en que el maestro lee a los niños el cuento "El enfermero de Chacho", es tal la pena de los niños que el escritor cuenta:  "Al terminar, fue tanta la pena que vi en sus rostros que me sentí avergonzado de haber borrado de sus caras las sonrisas y de haberles proporcionado un momento de sufrimiento que no merecían. Para aliviar en algo su angustia (la de los niños y suponemos que más la del maestro) me di a la tarea de narrarles un cuento descabellado" . . .  Poco habría de contar a un imaginativo como Velmiro Ayala Gauna tramar un cuento para alegrar a sus alumnos. Así como un mago saca de su galera un conejo, él saca un personaje, muy travieso, que por robar higos trepa a una cerca, da un traspiés, cae sobre el lomo de un cerdo. El cerdo gruñe, dispara con su ocasional jinete y en su carrera lleva por delante a un pintor que cae a una barrica de cal y sale al campo como un fantasma, asusta a un granjero y . . . así hasta que los niños no daban más de la risa. Por varios días la narración sirvió para alimentar la alegría del alumnado.  "Así, sin querer -dice Ayala Gauna- me enseñaron los niños cuál debería ser la verdadera función del educador y del escritor para niños. Dar alegría, dar a la infancia y a la adolescencia campo libre para su imaginación, para su optimismo."  Como maestro creemos que cumplió como un apóstol. No hubo sacrificio que le pareciera demasiado para seguir adelante con la enseñanza, ya en encuelas primarias, secundarias, liceos, institutos. Tuvo que luchar con la incomprensión y la envidia de muchos y su espíritu progresista se resistía a seguir el camino trillado. Respetaba la tradición, pero entendía que los pueblos llegaban a su grandeza por medio del estudio consciente del tiempo que les tocaba vivir. Humanizó la función del maestro y nunca subió a un pedestal que lo elejara del diálogo y la comprensión de sus alumnos. Durante 20 años utilizó la radio como vehículo, medio ideal para llegar con sus ideas en favor de la enseñanza de los cambios, de la evolución. Exaltó la argentinidad y condenó las ideologías foráneas contrarias al sentimiento nacional.  Dos años antes de morir propone a la Comisión Municipal de la Semana de la Bandera, la confección, por parte de un núcleo de damas rosarinas, de una bandera para que sea enarbolada en Las Malvinas, cuando éstas pasen a sus legítimos dueños, tal como lo hiciera Catalina Echevarría con la bandera que Belgrano enarboló en las barrancas de Rosario. Queremos destacar esta actitud que nos señala fehacientemente que Velmiro Ayala Gauna era hombre de progreso, pero en ningún momento olvidaba los valores históricos y tradicionales que nos sirven de sustentación. La patria era para él, algo más que una palabra armoniosa. Era una memoria, una responsabilidad asumida con orgullo, una jornada de luz, un cielo profundo, una ala de misterio y solemnidad.
  En largas charlas con Velmiro Ayala Gauna, éste me hacía notar que, justamente, lo que había sido en su vida su gran pasión, la enseñanza, nunca se mencionara sino como una labor lateral a su función de escritor, cuando en realidad él era maestro antes que otra cosa, aunque también sus libros se llevaran con ellos afanes, autenticidad, preocupación. Es por eso que hemos insistido en destacar lo que para él fue la parte más substancial de su quehacer y si los lectores que lo han seguido en su trayectoria son importantes, más lo son los alumnos que a lo largo de su vida formó con especial dedicación.  No fue un mero desovillador de programas, sino un formador de conciencias, un agudo observador de los problemas infantiles y adolescentes, un indagador de las motivaciones de la juventud, un asesor lúcido que sabía escuchar y opinar.  Sus enseñanzas fueron fecundas porque sus principios resplandecían de claridad y de verdad. Fue tenaz en golpear con insistencia la dura corteza de la ignorancia y la indiferencia, para dejar una señal que indicara que la gracia más pura le viene al hombre por el saber y por el aprovechar lo que sabe. Que la inteligencia se cultiva y ese cultivo no es un lujo sino una necesidad.  Velmiro Ayala Gauna, como maestro, tenía su particular itinerario del que no se apartaba sino para compartirlo con sus libros y sus investigaciones folklóricas e históricas. Nunca palpó antagonismos generacionales porque su amplitud de criterio le hizo accesible a los problemas más nuevos o más viejos. El magisterio fue su atmósfera y vivió siempre atento a sus lineamientos y cambios. El secreto decisivo de su éxito como orientador cultural hay que buscarlo en su pasión de maestro, porque él lo fue hasta el fondo de sí mismo.  Nunca desmintió el valor absoluto de su idea. Fue observando los cambios que se producían en la sociedad y por extensión en la enseñanza, en las costumbres, en las modalidades, pero se mantuvo firme, sin declinar, en los fundamentos de su actitud pedagógica, tratando de condicionar la realidad al estilo general de las  nuevas filosofías. No se acogía a nostalgias porque su espíritu alerta marchaba a la par de los acontecimientos, sin descuidar que éstos, no fueran a erosionar los fundamentos que consideraba de apoyo indiscutible. La fundación de escuelas o centros de enseñanza fue en su vida una motivación sincera y así es que ayuda a fundar una escuela secundaria en el Centro Español Republicano, iniciativa que contó con muchos entusiasmos efímeros, que se evaporaron ni bien surgieron las primeras dificultades. Únicamente los que como Velmiro Ayala Gauna llevan un espíritu misionero en su vocación de maestros puededn tener el sentido de sacrificio que estas empresas requieren. Además de la serenidad y la paciencia de saber esperar a que estas siembras fructifiquen.  Fue un ardiente defensor de los derechos de los maestros y su voz altiva se hacía oír cuando la ocasión cuadraba. Así fue como en una oportunidad en que había asumido la defensa de un derecho magisteril vulnerado, se le castigó con un traslado a una escuela de menor categoría, la escuela Nº 94, donde estuvo un año, que aprovechó para dejar la semilla de su inquietud por el alumnado, por lo cambios, por todo lo que no fuera estancamiento.  Este aspecto de su personalidad es el que gravita para que día a día se le reconozcan los méritos a que fue acreedor durante su magisterio, que como vamos observando no se limitó únicamente al alumno sino que abarcó maestros, programas, locales y toda iniciativa que redundara en beneficio del magisterio integral.
El hombre, el maestro, el escritor.
  Si Velmiro Ayala Gauna hizo de su vida un magisterio, brindándose sin retaceos y con profundos conocimientos a la enseñanza, no menos proficua es su labor de escritor. Escribió como vivió, apasionadamente. No hay nada epidérmico en su literatura, se trate de investigaciones, historia o fabulación. A su visión íntima, constante, intrínseca, se une la otra visión también importante, la "visión extrínseca". Sus temas fueron vistos desde adentro y desde afuera, por eso son completos, seguros, espontáneos y meditados a la vez. Gran lector, lector selectivo, su juicio crítico tenía el valor de una sentencia y no perdía ocasión para trabar conocimiento con los valores que surgían o con aquellos que, aún valiosos, permanecían poco menos que ignorados.  ¿Puede con justicia calificársele de erudito? Así, aisladamente, no, Es estudioso (docto), es sabio (porque gusta de la variedad de lecturas, noticias, etc.). Reúne en él condiciones muy estimables que el tiempo va ajuntando a los ámbitos que merece. Averigua, lee, ordena y aprende. Asimila. Una labor de decantación no muy frecuente. No olvidemos que "asimilar" es transformar, perder la substancia y la forma para ser parte de otra substancia y otra forma, pero nada tiene que ver con la imitación. Velmiro Ayala Gauna es un escritor original, espontáneo y seguro. Acerca de la espontaneidad de sus escritos solía manifestar que poco le gustaba "pulir", pues entendía que así le restaba a lo suyo calor, que quizá la prosa quedara mejor, pero él la sentía fría, sumamente pulida. Por otra parte, y ya nosotros en función de críticos, estimamos que su soltura narrativa no requería mayores ajustes.  Muchas veces las circunstancias le obligaban a una reconsideración de sus preferencias, pero los escritos mantenían su estructura, limitándose los cambios a una purificación estilística.  Tan generoso como fue con sus alumnos y con todo aquel que necesitase aprender, así lo fue con los que sentían el llamado de las letras. Su apoyo fue incondicional y muchas horas robó a su descanso para corregir trabajos incipientes de gente con inquietudes literarias. Su juicio fue siempre justo no desanimando a nadie, porque entendía que el escritor tiene una obligación que va más allá de escribir únicamente y es la de compartir sus conocimientos con los que están más desamparados.  Estaba consciente de su responsabilidad y el maestro asomaba su rostro en cualquiera de sus actividades. Velmiro Ayala Gauna entendía como Ortega y Gasset que "la cultura en su mejor sentido significa creación de lo que está por hacer y no adoración de la obra una vez hecha".Él ayudó siempre a esa creación y no son pocos los escritores conocidos que, en su momento, recibieron de él apoyo, estímulo y especialmente una amistad sin retaceos.  Nada en él era puramente externo sino que nacía de la profundidad de su concepto de vida. Desde el ángulo de su carácter definido, todo adquiría un valor, un justo sentido, compatible con su actitud franca, con su temperamento activo. La literatura le producía un goce intenso y cuando creaba como cuando investigaba, se articulaba el hombre con el escritor para dar la suma de un espíritu altamente capacitado para la disciplina.  De ahí que sus libros sigan contando -y cada día más- con la aceptación fervorosa de los lectores. Corrientes y su zona le ocupan por entero en el plano narrativo. "Escritor regionalista", se le ha dicho, y él lo aceptaba con orgullo. Fue un cuentista nato, por ser esta forma expresiva la que más se ajustaba a su temperamento y al carácter de su temática. Sus cuentos son circulares, completos, ciñéndose a lo que expresara Horacio Quiroga al respecto: "una sola línea, trazada por una mano sin temblor desde el principio al fin. Ningún obstáculo, ningún adorno o disgresión. Una flecha que cuidadosamente apuntada parte del arco para ir a dar directamente en el blanco".  Velmiro Ayala Gauna tampoco permitió que "las mariposas se posaran sobre la flecha para adornar su vuelo" y sus cuentos tienen la rotundez de la seguridad. Carlos Mastrángelo, en un severo enjuiciamiento que le hace a Ayala Gauna, juicio más vehemente que justo, reconoce las aptitudes excepcionales del correntino y dice: "Ayala Gauna posee casi todas las condiciones instintivas y técnicas del perfecto cuentista. Su vigor, su agilidad y su dramatismo nos recuerdan a aquel maestro a quien nadie puede quitarle su puesto entre los grandes: Horacio Quiroga".  Aún con todos los reparos, Mastrángelo reconoce honestamente en su ensayo, las perfecciones literarias de Ayala Gauna para el género. Nos importan menos las comparaciones, que rara vez consiguen ser equilibradas, que el reconocimiento de un ensayista serio y responsable como Mastrángelo, al estimar las condiciones del escritor que analiza.  Velmiro Ayala Gauna escribe como siente y siente como correntino y argentino. Siente con todo. Por eso no notamos morosidad ni esfuerzo en llegar a la plenitud de la idea. Todo el contorno y el entorno, el hombre y su estadio geográfico son compatibles con su modo de sentir, con su idealismo trascendente. No se esfuerza por retener la atención del lector, sino que este queda adherido a la magia narrativa.  Hemos enfatizado con respecto al escritor cuentista, pero ¿no es Leandro Montes una novela? Como el escritor lo dijera en una oportunidad, este libro no es sino la fusión de tres cuentos. No nació con estructura novelada, porque como lo señaláramos anteriormente, Ayala Gauna es cuentista por excelencia.  Literatura costumbrista la suya, nacida de su sentido nacional. Pero esa postura nacional tiene una raíz valorativa que parte de lo regional. Como lo expresara en muchas oportunidades "del amor a la Patria Chica debe nacer el amor a la Patria Grande". Ese concepto resplandece sobre su obra, determina su carácter, sazona su inquietud y bajo ese impulso su destino de escritor concreta un sentido regional y nacional. Mensura los predios y va descubriendo las napas, las vertientes, los ríos que alimentarán su imaginación de fabulista. Toma la realidad y la vierte como quien pinta un paisaje, poniendo en ello la vida con una carnadura vital, que sobrevive a toda contingencia.  La obra literaria de Velmiro Ayala Gauna reconoce matices en su trayectoria, lógica circunstancia en un hombre de tan vasta labor. Pero aunque puedan señalarse algunas diferencias, siempre es la región y su hombre, el paisaje, la naturaleza, el centro de su interés. Quizá encontremos alguna otra faceta cuando sus libros inéditos se publiquen, entre ellos, tres novelas: Sexo, Congreso en las acacias y La espalda y un volúmen de cuentos titulado: Cuentos para un fin de semana.  Tal vez entonces contemos con elementos como para juzgar al cuentista en otro género: la novela, porque cuatro volúmenes son más que suficientes como para abrir un juicio valorativo.  La poesía le atrajo desde niño y sus primeras expresiones fueron poéticas y nada mejor que esa exigencia estilística para enriquecer sus conocimientos y cultivarse como las plantas, en sus dos polos vegetativos, creciendo en sentido opuesto, hacia el centro de sí mismo y hacia el infinito. También existe un volúmen poético inédito: Palabras ... sólo palabras.
Velmiro Ayala Gauna, periodista.
  Esta disciplina la ejercitó durante su vida con todo el ardor de sus actitudes. Cifró en el periodismo, como comunicación masiva, las más fundadas esperanzas de llegar a mayor cantidad de personas receptoras de sus ideas argentinistas y evolucionadas. Para los que estiman que el periodismo mata al escritor, el ejemplo de Ayala Gauna es bien ejemplarizante. En lugar de anularlo le dio soltura, síntesis, amenidad y contribuyó a agilizar su modo expresivo y a fortalecer la propiedad del lenguaje.  Más que el periodismo escrito, en el cual colaboró asiduamente, fue el periodismo radial su fuerte. Durante años desarrolló sin interrupción ciclos especializados como: "Comentarios de actualidad", "De sábado a sábado", "Esta vida que pasa", "Piense usted que yo..."etcétera.  Se dió tiempo para hacer la adaptación para la película Alto Paraná, basada en un libro suyo, como también la de Don Frutos Gómez, Comisario que llevaran al cine, la televisión y la radio.
  Murió el 29 de mayo de 1967. Y si nos hemos detenido en la reseña de su personalidad, en algunos aspectos que pueden parecer prescindibles, es porque tenemos la seguridad de que vidas como la de Ayala Gauna, deben ser conocidas hasta en sus matices, porque son ejemplo vivo de lo que puede la voluntad de un hombre cuando la pone al servicio de las altas exigencias del espíritu.  Porque la generosidad no es planta que se prodigue es que señalamos la de Velmiro Ayala Gauna. Vivió para los otros más que para sí mismo. Lo dio todo sin adherencias subalternas. Así como fue un hombre cabal, un maestro apostólico, un literato inspirado, un periodista honesto, un amigo insustituible, fue por sobre todas las cosas un argentino vivencial, un correntino ejemplar. Su sentimiento abarcó vastísimos territorios. Ordenó su universo de acuerdo con su herencia familiar y su particular punto de vista y su vida fue afinada y pulida hasta dotarla de un sentido preciso y constante. Como toda vida intensamente vivida, tiene sombras y luces, pero éstas son tan resplandecientes que aquéllas no sirven sino para que se destaquen. Raíz y esencia naturalmente altruísta la suya y por ello centramos el enfoque en su totalidad vital, con su contenido determinado, con una valoración liberada de servilismo, puesta de pié únicamente para hacer justicia a un hombre.

FUENTE: www.pampagringa.com.ar 

sábado, 18 de mayo de 2013

DÍA DE LA ESCARAPELA


El Día de la Escarapela, como 18 de mayo, fue instituido por el Consejo Nacional de Educación, en el año 1935. (Res. 13-5-1935, Expte. 9602-9º-935).

El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión.
Entre muchas versiones, una afirma que los colores blanco y celeste fueron adoptados por primera vez durante las invasiones inglesas (1806-1807) por los Patricios, el primer cuerpo de milicia urbana del Río de la Plata y que luego empezaron a popularizarse entre los nativos. Se dice también que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires al presentarse a una entrevista con el entonces coronel Cornelio de Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.
Lo cierto es que el 13 de febrero de 1812 Manuel Belgrano -mediante una nota- solicitó al Triunvirato que se fije el uso de la escarapela nacional. "Manuel Belgrano no vio el cielo celeste y las nubes blancas, y en esto se inspiró para crear la Bandera nacional (...)"
. Se fundaba en que los cuerpos del ejército usaban escarapelas de distintos colores y que era necesario uniformarlos a todos, puesto que defendían la misma causa. El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste.
"(...) Entusiasmado con la medida, Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores y la hizo jurar el 27 de febrero. Ese mismo día, el Triunvirato ordenó a Belgrano hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Huaqui. El general emprendió la marcha al norte de inmediato y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del gobierno a la nueva bandera." (Fuente: Historia Visual de la Argentina, Clarín, Capítulo 21, “La Revolución y el Alto Perú (I)”, ‘Belgrano crea la Bandera’)
Ese 27 de febrero de 1812 Belgrano inauguró las baterías Libertad e Independencia e informó al Gobierno: "Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional..."
"(...) Los colores nacionales se usaron en la Argentina desde 1811, en la escarapela famosa erróneamente atribuida a la distribución de French y Beruti del año anterior. Provenían de los colores borbónicos, de la casa de Fernando VII (rey ausente de España). La escarapela blanca y celeste ya había sido utilizada por Pueyrredón y otros camaradas durante las Invasiones Inglesas. La escarapela es creada por decreto el 18 de febrero de 1812 (...)"
 (Fuente: Martín A.Cagliani: La Página del Conocimiento)


miércoles, 15 de mayo de 2013

HORACIO GUARANY



Horacio Guarany nació el 15 de Mayo DE 1923, en el chaco santafecino, en el pueblo de Las Garzas según fue anotado, pero en realidad fue hijo del monte, La forestal y la naturaleza. Nació del matrimonio de un nativo de la zona bautizado como Jose Rodriguez y Feliciana Cereijo de Rodriguez nacida en Leon España. Su verdadero nombre es Eraclio Catalín Rodriguez, y vivió su infancia en Alto Verde un pueblito humilde del litoral Argentino, donde empezó a descubrir su vocación por crear canciones viviendo y sintiendo la realidad de su pueblo.
Comprometido con sus vivencias y el duro vivir del gaucho argentino, viajó a Buenos Aires capital federal de la República Argentina a los diecisiete años, a probar suerte y con el sueño inalterable de realizarse como cantante, pero pasó bastante tiempo, cantando tangos, boleros y todo tipo de canciones para poder tener para comer, hasta que pudo imponer un estilo sin igual, donde prevalecía canciones folklóricas comprometidas con el amor, los trabajadores, las injusticias y la lucha contra todo tipo de regímenes autoritarios. Fue marinero y estibador para poder mantenerse, navegando por los ríos argentinos e internacionales. Dura tarea pero siempre son el sueño de ser "Cantor" Ese día llego, por casualidad lo escucha en una fiesta paraguaya el maestro y director de orquesta paraguayo Herminio Gimenez y lo contrata para cantar en su orquesta en el viejo "Palermo Palace". Nace el CANTOR!!!.
Con el tiempo forma un grupo llamado "Amerindios" pero la formacion duro apenas unos dos o tres años. Un día llego la Opera de Pekin y su cantante estrella la primera soprano Lui Chufang eligió entre muchas canciones argentinas intepretar una de la autoria de Horacio Guarany que se llama "Regalito" y la canto en el Teatro Colon. Guarany fue invitado al estudio de grabación donde la soprano grabó el tema, y ahi escucharon otros temas de Guarany. En ese mismo instante Guarany graba sus primeras canciones en el primer LP de su carrera. En esa época le llega una invitación para participar en un festival en Moscú "de la PAZ y la JUVENTUD" que influye tanto en su vida profesional como la personal. Además de cantar filma dos películas en Rusia y escribe la banda de sonido en una de ellas y cuando él regresa de su viaje ya estaban sus canciones en boca de todo el pueblo folklórico argentino al haberse difundido su primer disco.
Fue uno de los pioneros que inauguraron el famoso Festival Nacional de Folklore Argentino de Cosquín en la provincia de Córdoba en 1961, y su participación se hizo un clásico donde miles de hombres y mujeres cantaron, bailaron y aplaudieron su obra.
En 1964 realizo su versión y musicalizó el MARTIN FIERRO de Jose Hernandez, y es una de sus obras cumbres del que se siente terriblemente orgulloso.
En 1972 filma su primer largometraje cinematográfico titulado SI SE CALLA EL CANTOR, con Olga Zubarry, que trata del triunfo de un hombre como cantante, luego de terribles experiencias de explotación. Luego en 1974 dirigido por el mismo director Enrique Dawi, filma LA VUELTA de MARTIN FIERRO, con Onofre Lovero, un relato paralelo de la vida de Jose Hernandez y su obra.( PREMIADA EN EL FESTIVAL DE CINE DE KARLO VIVARI Y THASKENT y callada por la inexistente libertad de prensa que establecían las Dictaduras de Estado que gobernaban por esas épocas.).
Cantor popular por excelencia, debió abandonar el país en la década del 70, ante las reiteradas amenazas y atentados realizados a él, su familia y sus pertenencias. Un largo y duro exilió en Venezuela, Mexico y finalmente España no logró doblegar ni sus fortalezas, ni el cariño de sus seguidores, que aunque las dictaduras argentinas hicieron desaparecer todos los discos editados hasta ese momento, el pueblo folklórico se ingeniaba para tener siempre la música del ídolo en sus oídos y corazones.
Y Horacio volvió a la Argentina el 5 de diciembre de 1978, y solamente un mes más tarde, el 20 de enero del 79 nuevamente atentaron con una bomba su casa de la calle Nahuel Huapi en la Capital Federal. Mediaba la época donde gobernaba la junta militar y Horacio debió conformarse con realizar espectáculos en el interior del país, en pueblos muy pequeños. Una vez instalada la democracia en forma definitiva a fin del 1983, comenzó una serie de recitales que lo reencontró con el gran público, que lo disfrutó en cada recital, festival, y cada presentación televisiva donde desparramó todo su sentimiento y su cálido pero enérgico mensaje.
Ese romance con su gente, quizás inexplicable que se genera cada vez que el "Cantor" sube a un escenario, tiene en sus raíces, más que en su entonación, en una plena identificación con las letras de sus canciones y el sentimiento expresado en cada nota que sale de su garganta.
Amante del buen vino, creó antes del exilio, en su casa del barrio de Coghlan el famoso y bien conocido "Templo del Vino" donde agasajó por muchos años a sus amigos. y en un centro cultural donde distintos artistas exponían sus obras. Fangio, Edmundo Rivero, Stamponi, Alonso, Froilan Gonzalez, Lima Quintana entre otros se reunían generando un verdadero centro cultural en plena Ciudad de Bs As. Este sitio sufrió varios atentados y destrucciones durante las décadas de violencia en la República Argentina como clara respuesta del país que no querían.
Un amigo de toda la vida, el gran poeta latinoamericano, Don Armando Tejada Gomez escribió una de las primeras biografías hasta el año 1976, . Horacio Guarany relataba por teléfono desde el exilio algunos datos, por lo que algunas cosas no eran tan precisas, hasta el cantor convencido por sus amigos escribe en el año 2002 " Memorias del Cantor", casi una autobiografía editado por Sudamericana.
Por inconvenientes personales, dejo el "Templo" y se fue a vivir a un Barco por el cual navegó por toda la Mesopotamia Argentina. Luego se mudó a una estancia en el pueblo de Lujan, cuna de la Virgen católica más venerada por todo el pueblo Argentino. Finca "Plumas Verdes" la llamó, y le dedicó un CD grabado en su nuevo sello discográfico EMI-ODEON a la ciudad que lo alberga hasta el día de la fecha.
Entre 1992 y 1993 escribió tres novelas, " El loco de la guerra, Las cartas del silencio y Sapucay. editadas por Planeta.
En el 2004 su ultimo disco "CANTOR DE CANTORES" estuvo ternado para el GRAMMY LATINO y fue presentado en una extensa gira por San Francisco, Los Angeles, Miami, Nueva York, New Yersey, y Toronto en Canadá.
Este año 2005 la editorial de la Universidad Nacional del Litoral sacara la novela "La Creciente" que trata sobre las inundaciones y ya termino "Hombre quo vadis" otra narración sobre adonde lleva el hombre este nuestro mundo tan desconcertado. Otro libro que espera turno para su publicación es “Mujeres de la vida” que trata sobre la difíciles decisiones y forma de vida de esas mujeres que la vida a llevado a tener que explotar su cuerpo en búsqueda de sobrevivencia.
Durante el 2008 con el apoyo del Instituto de Cine de la Provincia de San Luis logro el sueño de filmar su novela “SAPUKAY” bajo el titulo “EL GRITO EN LA SANGRE” donde Horacio además de escribir la música participa como protagonista, con grandes actores como Enrique Liporache, Roberto Vallejos, y el “Polaquito”. Durante el 2009 se estrenara en todo el pais y el mundo.
Su constante compromiso e inquietud con la cultura a llevado a nuestro “Cantor” a construir un teatro en su ciudad Lujan techado con capacidad para 1000 personas para seguir cantándole a la vida y realizar obras gauchescas y que ya no estén mas en el olvido. Esta tarea es su mayor objetivo para este año, pero las constantes crisis económicas de nuestro país y ahora mundial siempre ponen sus piedras en el camino retasando su inauguración.
Durante el 2009 Universal Music sacará al mercado una caja con 10 CDs recopilando con tapas originales todos los primeros discos de Horacio Guarany en un canto a la vida que muchos coleccionistas están esperando tener.
Horacio Guarany, cantor, compositor, actor, escritor, conductor, pero por sobre todo eso un Hombre que ama vivir y disfrutar de la vida!!
Si se calla el cantor… calla la vida

sábado, 11 de mayo de 2013

LA MUERTE DE MI MADRE


Hoy no puedo escribirte como siempre lo hice, un poco en serio, un poco en broma...porque ya no estas para retarme. Me decias, no inventes cosas, yo escribo relatos, pero creo que te gustaba mas la poesia que Willy, tu hijo menor, escribe, pero aunque a escondidas, se que leias lo que yo te llevaba "a corregir" Tus diez hijos te extranamos desde el martes en que te subiste a la escalera que Dios te puso para llegar al cielo. Luchaste a capa y espada hasta el final. Tus miedos y las ausencias de algunos de tus hijos te hacian sufrir, pero hiciste todo lo posible por superarlos. Y solo la muerte te pudo doblegar. Y te fuiste a encontrar con papa, el padre de tus hijos, el abuelo que solo conocio a dos nietos, porque se fue a los 49 anos. Me siento huerfana, pero se que juntos, sin dolores y en paz, seran las estrellas mas luminosas de nuestro cielo.
Descansa en paz mami...seguiremos unidos, no te preocupes, tus 10 hijos y sus familias siguen buscando el amparo de tu delantal dominguero.

jueves, 2 de mayo de 2013

DÍA DEL A.R.A. GRAL BELGRANO


A las cuatro y un minuto de la tarde del domingo 2 de mayo de 1982, dos de los tres torpedos disparados por el submarino nuclear Conqueror dieron en la proa y casi en el centro del crucero "General Belgrano". Veintidós minutos después, herido de muerte, el Belgrano se inclinaba hacia el mar que sería su tumba. A las 16.23, el comandante del barco, Héctor Bonzo, dio la orden de abandonar el buque. A las cinco de la tarde, con nueve mil toneladas de agua a bordo, el Belgrano se hundió lentamente. Llevaba 1.093 tripulantes. Murieron 323. La guerra de Malvinas, que había estallado el día antes, casi un mes después de la recuperación de las islas, se había cobrado su primera gran cuota de sangre. 
Durante la guerra y la posguerra, y aún muchos años después de los hechos, la odisea del Belgrano fue presentada siempre como un ataque artero de los británicos ante un buque inerme que navegaba fuera de la zona de exclusión de Malvinas, decretada por Inglaterra. Esa visión, fruto de la propaganda de las autoridades militares de la dictadura, colocó al Belgrano casi en la categoría de mito.
Los sobrevivientes, sin embargo, siempre afirmaron que el barco, torpedeado a unos cuatrocientos kilómetros de Malvinas y casi a otro tanto de la Isla de los Estados, no hacía un crucero turístico por esa zona de aguas heladas: intentaba localizar y atacar a la fuerza de tareas británicas despachada para recuperar las islas. Y su hundimiento fue una acción de guerra como cualquier otra.
La desclasificación de documentos secretos británicos y la publicación de la historia oficial inglesa de la era de Malvinas escrita por sir Lawrence Freedman ("The Official History of the Falklands Campaign" da apoyo a los argumentos de los sobrevivientes del buque.
Los británicos admiten que temían un ataque a su flota por parte del Belgrano y del portaaviones "25 de Mayo". Sabían que el "25 de Mayo" era un buque viejo y con fallas mecánicas, en especial en su sistema de propulsión, pero les preocupaba que, desde su cubierta, despegaran algunos de sus aviones Skyhawk, o algún Super Etendard armado con misiles Exocet.
El jefe de las fuerzas navales británicas, almirante John "Sandy" Woodward, contaba con precisos informes de inteligencia sobre los movimientos argentinos. El 30 de abril, los británicos sabían que la flota argentina se había dividido en tres grupos, conocían la zona en la que esos grupos navegaban y, según revela Freedman en su obra, tenían la certeza de que al sur de Malvinas "estaba el TG79.3, que comprendía al Belgrano, junto a dos destructores armados con Exocet y a un buque tanque".
Según afirmó el comandante del Belgrano, Héctor Bonzo, en un reportaje a este diario la flota argentina preparaba un ataque a los buques británicos que daban apoyo al bombardeo a Puerto Argentino. Las órdenes del vicealmirante Juan José Lombardo dadas a las 19.03 del 1ø de mayo fueron interceptadas por los ingleses a los pocos minutos. Para entonces, hacía ya siete horas que el Conqueror había divisado al Belgrano y lo seguía en una cacería mortal.
El informe que la Task Force británica recibió sobre la ofensiva argentina decía, según revela Freedman: "(...) Se cree que un gran ataque argentino está planeado para el 2 de mayo. El Belgrano se despliega para atacar al sur de las Falklands. El "CVA group" (por su sigla en inglés, el portaaviones y sus buques escolta, que navegaban al norte de las islas) está desplegándose dentro de la zona de exclusión durante el anochecer, para lanzar un ataque aéreo contra la Task Force británica a primera luz del día".
Según los británicos, el viento dejó de correr en forma imprevista a las diez de la noche del 1ø de mayo: el lanzamiento de los aviones Skyhawks argentinos se hizo imposible. Al mismo tiempo, un Sea Harrier inglés había divisado en la noche a parte de la flota argentina. El Belgrano recibió la orden de cambiar su rumbo hacia el oeste. A las 5 y 11 del 2 de mayo, el crucero orientó su proa hacia la Isla de los Estados, seguido desde la profundidad por el Conqueror.
A las dos y diez de la tarde del domingo 2 de mayo, el Conqueror recibió la autorización para atacar al Belgrano. Una hora y cuarenta y siete minutos después disparó sus tres torpedos.
La guerra de Malvinas ya no tenía retorno. 
FUENTE: Taringa/ Elite