viernes, 14 de septiembre de 2012

EL CARTERO DE MI PUEBLO


                                     
                                                    
No hace mucho desapareció físicamente, se mudó al cielo a descansar. Su vida fue de trabajo y responsabilidad desde pequeño. Apenas terminada su escuela primaria, le cupo un lugar en el Correo de mi pueblo y una bicicleta enorme y pesada para el reparto. 
Un tipo sencillo y siempre sonriente, tímido e inteligente, tenía una hermosa letra y sabía un poco de todo. Fuera de su horario de trabajo, después de recorrer el pueblo con su pesada cartera en el canasto de la bicicleta, ayudaba a su madre Dorita, se encargaba de todos los trámites de la familia y reprendía a sus hermanos. El Tuto era muy ordenado y eficiente en todo, será por eso mismo que no se casó?  Seguramente que alguna mujer lo dejó pasar en su vida y se lo perdió. Quizás por que  no era el prototipo del príncipe azul, no era alto, un poco redondito en la adultez, no tenía los rasgos de Adonis, pero era muy trabajador y honesto a carta cabal.
Nos conocíamos desde niños, nuestros padres eran amigos, Dorita, la mamá de Tuto,  tenía una verdulería donde nos proveíamos  cuando veníamos al pueblo. Conversaba con mamá a puro mate y galletitas, mientras nosotros comíamos una manzana o una banana. Eran tan amigas que fue la madrina de mi hermana Coca. Recuerdo vagamente la figura de su esposo, un hombre muy serio y con acento español, quizás lo era, a quien nosotros le teníamos miedo y nos escondíamos detrás de la silla de mamá cuando lo veíamos llegar.
Al morir su padre, Tuto fue el soporte de su madre y sus cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, aunque los muchachos pronto salieron a trabajar y siempre se quedaron, solteros, en la casa paterna. Aún hoy viven allí, solos, pero muy unidos como siempre.  Sus hermanas se casaron y se fueron de la casa y una de éllas,  Tuta, falleció hace algunos años. 
Tuto fue y será un personaje inolvidable en las calles de nuestro pueblo o detrás del mostrador del Correo de dónde se retiró al jubilarse después de 40 y pico de años de trabajo. Hincha fanático del Club  Atlético El Expreso , como toda su familia, fue siempre miembro de la Comisión Directiva, persona de gran confianza en la Tesorería o en la caja de los eventos que se realizaban.
Como suele suceder, la vida no le dio mucho tiempo para disfrutar de su jubilación tan merecida y de las tardes en el bar de su querido club, jugando a las cartas con sus amigos de siempre.  Una cruel y larga enfermedad hizo presa de sus días y al final se lo llevó.
Si hay un cielo para los carteros, en él debe andar el Tuto, pedaleando y saludando afectuosamente a los ángeles que se le crucen en su nube.
FELIZ DÍA A TODOS LOS CARTEROS!  Esos seres mensajeros de tristezas y alegrías,  como las que ellos mismos llevan en su mochila personal. 

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