miércoles, 12 de septiembre de 2012

CUANDO FLORECEN LOS LAPACHOS






                              

Cuando el invierno comienza a discontinuar las heladas y arrecia tibio el viento norte, es hora de que los lapachos que forman fila en el boulevard frente de casa, nos regalen sus racimos de campanillas rosadas. Nunca antes me había percatado de que hubiera tantos lapachos rosados en las calles de pueblos y ciudades de mi país. Los recuerdo sí, de los montes que bordean la Ruta 34 al norte, desde que comienza la Provincia de Santiago del Estero hasta su final en la Provincia de Salta. Pero se han puesto de moda en calles y parquizaciones  desde La Pampa hacia el norte, este y oeste. No los he visto en la Patagonia, puede ser que a partir de que existe el riego generalizado, algunos ejemplares puedan estar adornando los parques y plazas de las ciudades del sur.
De paso por algunas de las calles de mi pueblo, he descubierto que hay un lapacho blanco, al menos uno he podido contemplar con sus hermosos ramilletes blanco-cremosos y justo se encuentra sobre la continuación de la calle de mi casa, en realidad fue una hermosa sorpresa verlo. Tantas veces habré pasado frente a él y no lo registré. No me pasa lo mismo con los dos amarillos que hay frente a una inmobiliaria, donde comienza la rotonda, porqué allí a pocos metros han transcurrido muchos de mis años de trabajo y los tenía que ver en mi camino a casa.
Pasando los años nos  volvemos sensibles a las cosas bellas y simples, miramos mas hondo, no al pasar y por arriba como cuando somos jóvenes y la vida nos empuja con una vorágine de problemas, obligaciones y por qué no, las ganas de bebernos los momentos divertidos, los amigos, los deportes y la vida al aire libre sin preocuparnos por la naturaleza.
Hoy necesitamos urgentemente cuidar nuestro planeta de las agresiones que nosotros mismos le venimos haciendo hasta el punto de hacer peligrar el equilibrio ecológico, maltratando la tierra con los desmontes desmedidos y arbitrarios, acorralando especies autóctonas y habitantes originarios, sin ninguna misericordia y con actitudes de la vida cotidiana al contaminar las aguas, el aire y la tierra con desechos químicos, utilizando gases nocivos para la atmósfera, quemando bosques y basurales al aire libre, demasiado cerca de los centros habitados, propagando enfermedades respiratorias que se tornan cada día mas graves y difíciles de curar, pese al gran avance de la tecnología sanitaria.
Por eso al ver los lapachos florecidos a pleno, gracias a las lluvias con que comenzó setiembre este año, se me inundó el alma y me alegré de que las autoridades de mi ciudad , hayan apostado a poner tan bonitos árboles en las calles , en las plazoletas de los barrios, en el Parque Ecológico Municipal y en la hermosa Plaza San Martín que hace unos cuarenta y tantos años, fuera completamente remodelada para llegar a tener la belleza y el estilo que muestra en estos tiempos.
Cuando mas árboles plantemos mejores serán nuestras condiciones de vida y si éllos son tan valiosos como los lapachos, jacarandaes e ibirá pitáes y tantos otros que nos regalan sus vistosas flores, además de purificar el aire y darnos su sombra, mejor colaboraremos con el cuidado de nuestra Madre Naturaleza.

Lydia Musachi











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