martes, 13 de marzo de 2012

EL FOLKLORE, LA CENICIENTA




EL FOLKLORE, LA CENICIENTA
A pesar del aluvión veraniego de festivales y del arraigo popular del género~ el folklore casi no figura en los grandes medios y cada vez que aparece lo hace para ser ridiculizado. ¿Tendencia comercial o falencia informativa?
uatro minutos le dedicó el noticiero del canal del Estado a la gira europea de la estadouniden¬se Madonna. Cinco gastó Telefe en el adelanto de una película inglesa que se estrenará ¡dentro de seis meses! Y cuatro mereció una rueda de prensa del artista brasileño Michel Teló. En la misma semana comenzaba la Fiesta de la Artesanía en Co¬lón, Entre Ríos, terminaba el Festival de la Salamanca en La Banda, Santiago del Estero, yse preparaban los motores de la Fiesta de la Chaya, que terminó la semana pasada. Pero ni la Serenata a Cafayate, en Salta, ni la Fiesta del Sol, en San Juan, conmueven la atención de los canales. Si aparece el folklore musical en la televisión abierta es porque un caballo mató a unjinete, porque se cayó enla cabeza de un cantante una luz del escenario, porque la gente le tiró con tomates al artista o se desmayó un vocalista. Encima, el folklore no tuvo su Cromagnón, no tendrá bengalas coloridas ni letras tribuneras para el fácil agite.
Un ejemplo del trato que recibe el género: la señal de cable Todo Noticias grabó en Puente Pexoa (en Ríachuelo, Corrientes, en la última edición de la Fiesta Nacional del Chamamé, que transmitió) a dos señoras emulando el grito del sapucaya la cámara Lo hizo sin contar qué es ese puente ni por qué la gente se reúne allí, ni qué diablos significa el sapucay para el correntino. Si no es ruidoso o colorido, el folklore no le suma a las fauces televisivas, aunque junte en una noche la misma cantidad de gente que Roger Waters. A las señoras chamameceras se las vio separando la tanda de un bloque del noticiero. Ese es el lugar; el entresijo, el rincón.
Es apenas un ejemplo de un mal endémico de los medios de comunicación de la ciudad de Buenos Aires. La manía de mirar para afuera se replica. En los diarios, revistas, radios, canales de televisión y redacciones de agencias de noti¬cias existen obcecados intentos de hablar de los artistas de afuera en vez de mirar a los que cuentan la historia nuestra y esto no quiere decir que aquellos nacidos fuera del país no sean valiosos. Pero el pensamiento centralista de la ciudad siempre gana. Su expresión pequeña se magnífica aunque no se llene el teatro.
Incluso dentro de los géneros populares el plato de la balanza del tango es más denso que el del fo~ore. El tango no tiene un artista - ni uno solo- que sea capaz de llenar un estadio, como sí le ocurre al folklore con sus tanques (Soledad Pastorutti, Los Nocheros, Abel Pintos, Jorge Rojas, Chaqueño Palavecino, Luciano pereyra). Ni tiene el tango la manifestación poética que le sobra al folklore, que tiene letristas jóvenes que cuentan lo que pasa ahora en las provincias: por ellos nos enteramos del desmonte, de la falta de agua, de la explotación minera. Pero los festivales de tango tienen un seguimiento día por día, mientras que los de folklore pasan desapercibidos para los ojos -y los oídos- de la mayoría de los medios de comunicación radicados en la ciudad de Buenos Aires.
Las cortinas musicales de ningún programa tienen artistas nacionales. Todo viene de afuera, como si culturalmente no hubiéramos madurado aún no seamos capaces de descubrir la trampa de dominio que imponen las potencias económicas. Porque no se vaya a creer que la producción de bienes culturales es inocente: no deja de ser una mercancía que se compra y se vende.
Esa visión ignorante de los periodistas de la ciudad - más de que del medio como aparato difusor- priva de una totalidad del entramado cultural. Y por eso, claro, corremos el riesgo de pensar que sólo existe eso que está en la televisión. Aunque fuera de ella esté un país. Un país cantando su música.
El mirar para afuera se replica. En los diarios, revistas, radios, canales de televisión, existen obcecados intentos de hablar de los artistas foráneos en vez de mirar a los que cuentan la historia nuestra.
Autor: Esteban Raies, Revista El Federal Nro. 408
Coincidimos plenamente con la opinión del periodista. Así son las cosas, pero seguiremos trabajando y difundiendo nuestra música, nuestras danzas y todas nuestras tradiciones de la manera que tengamos a nuestro alcance.

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