jueves, 1 de diciembre de 2011

MARIA ROSA MÍSTICA EN CENTENO


La vida de María José Reinoso cambió para siempre el 6 de abril de 2010. En la tranquilidad de una vida bucólica en la localidad de Centeno, a 100 kilómetros al noroeste de Rosario, la mujer de 33 años y madre de tres hijos sintió la presencia de una figura “con brazos extendidos que tiraba brillitos” y que “se dio a conocer con la advocación de María Rosa Mística”. “Me pidió que buscara su figura en la iglesia y que le rezara el rosario… Así comenzó todo”, recuerda María.
Desde hace un año y medio el pequeño pueblo agrícola de 4 mil habitantes recibe los días 13 de cada mes a miles de fieles que se concentran en “el campito”, ubicado en la intersección de las calles Malvinas Argentinas y Catamarca, donde por pedido de la Virgen a María José “debía levantarse una fuente, de donde brotaría agua bendita”, y además la mujer debía preparase para hacer la oración de sanación. Devotos de la Rosa Mística llegan de todo el país y esperan el momento en que María José Reinoso, de 33 años, extiende las manos y los toca. “No soy yo, es Ella la que me impulsa, simplemente soy una mediadora”, asegura.
La mujer recibió a El Ciudadano en casa de una de sus colaboradoras, Valeria, acompañada por su esposo Daniel, un trabajador de la cooperativa láctea Sancor que acompaña a María José en esta etapa de su vida que jamás pensó vivir. María José se ríe y busca coincidencias: “Fijate que nosotros nos casamos un 13, cuando todavía no había tenido ninguna aparición; yo nací en Rosario, en el Sanatorio Rosendo García: Rosendo es el masculino de Rosa y si sumás las letras del nombre y el apellido te da 13”.
—¿Siempre fuiste creyente?
—Yo vivía en El Trébol y a los 6 o 7 años me consagré a Dios. Le dije que lo amaba y que no quería sufrir más y que Él fuera mi papá del cielo y María mi mamá, y desde ese día comencé a escucharlos.
—¿Por qué sufrías a los 6 años?
—Mis padres estaban separados, mi madre trabajaba todo el día para criarnos y mi hermana mayor tenía una enfermedad y estaba mucho con ella, extrañaba mucho a mi papá. Lo que yo no entendía, y esto lo hablé con el padre del pueblo, Benjamín, es cómo yo me consagré a ellos sin que nadie me hablara de ellos. ¿Cómo sabía yo quién era la Virgen y quién era Dios?
—¿Cuándo llegaste a Centeno?
—Me casé a los 17 años, y me vine porque mi esposo es de aquí.
—¿Cuándo tuviste la primera aparición de la Virgen?
—Hace 12 años se me presentó en el pasillo de mi casa, con los brazos abiertos. Me asusté, lo llamé a mi marido para que comprobara lo que yo estaba viendo y desapareció. Después, arrepentida por haberme asustado, de no haberle preguntado qué necesitaba, porque si ella se presentó era para algo. Desde esa vez no la vi más, seguí en diálogo, pero no la vi más. Arrepentida le pedí que volviera, le pedía disculpas por haberme asustado… así estuve por varios años. Lo tomé como una gracia divina haberla visto esa vez. No sabía con qué advocación se me había presentado, busqué en estampitas para saber qué Virgen era. Pasaron los años, me acerqué a la iglesia cuando mis hijas tomaron la comunión y la confirmación. Después comencé a dar catecismo a los chicos del pueblo y fui ministra de eucaristía.
—¿Cuándo la ves como Rosa Mística?
—El 6 de abril de 2010 se presenta nuevamente con los brazos extendidos, como que tiraba como brillitos, que según me dijo el padre Benjamín son bendiciones. Se presentó con la advocación que se quería dar a conocer como María Rosa Mística. Me decía que estaba en este pueblo derramando bendiciones y que fuera a la parroquia a buscar una imagen suya. Me quedé escuchándola hasta que desapareció, y fui a la iglesia a contarle todo al sacerdote. El padre Benjamín me escuchó y, si bien no me dijo sí, tampoco me dijo no. Me pidió que le fuera acercando los mensajes. “Vamos a ir viendo”, me dijo. La imagen estaba. Su pedido era que me la llevara a mi casa y que le rezara el rosario. Lo hice todos los días. El 13 de julio es su día (ver recuadro), ella nos dice que los primeros 12 días nos preparemos en oración y los 13 concede. Ese día ella me pide que diga la oración de sanación. Comencé a acercarle los mensajes al padre Benjamín hasta que un día me llamó y me dijo: “Mirá, María José, esto no te corresponde más a vos ni a mí, sino a la Iglesia’. Y le tenía que informar a Monseñor (José María Arancedo) de lo que estaba sucediendo.
—¿Cómo surge lo de la fuente?
—Se inauguró hace dos domingos. En una de las apariciones, la Madre me insiste con que buscara el agua. También me decía que me iba a mostrar un lugar donde las personas con problemas corporales o espirituales iban a tener un lugar para estar en comunión con ella. Me mostraba un terreno baldío, cuando yo creía que me mostraría un lugar pequeño como el patio de mi casa, nunca me imaginé que ese lugar era frente a mi casa. Un día se me presenta vestida de morada, me impactó mucho verla así, con una cara muy triste, mucha angustia… me toma con una mano y con la otra señala el campito frente a mi casa. Después insistió mucho con lo del agua e indicó el lugar. Con mi marido hicimos una perforación el 1º de julio del año pasado, y a los 4 metros ya había agua, se nos hizo de noche y la idea era llegar a los 15 metros de profundidad. El agua era limpia, cuando por lo general al principio sale con barro. El agua se hizo analizar en Rosario y tenía apenas un 5 por ciento de arsénico, lo cual es llamativo porque en esta zona contiene mucho. Ella, a la tardecita, me da un mensaje que escribo, donde me dice que esa agua siempre iba a estar bendecida. A las 10 de la noche de ese 1º de julio desciende al campito, con las manos unidas, irradiando luz al pozo. Estuve 15 minutos mirándola, con el amor que miraba el agua… elevada, bella. Mandé a mi hija Milagros al quiosco y cuando ella abre la puerta de mi casa pega un grito y me llama, me dice: “Mamá, mirá la Virgen”. La tranquilizo, le pregunté cómo la veía, y me la describió con las tres rosas en el pecho y eso fue maravilloso porque se dejó ver… Llamamos a vecinos que pudieron verla también. Imaginate lo que fue el pueblo esa noche, al día siguiente…
—Desde aquel día te cambió la vida:
—Sí, lo hablamos mucho en familia, porque sabíamos lo que podía ocurrir con nosotros. Mi hija también la había visto, le comentó a mi marido que la Madre pidió que se diera a conocer y él me dijo “vos sabes lo que va a suceder…”.
—El temor a que te tilden de loca…
—Sabíamos que hacer público el tema nos cambiaría la vida. Nos decían que estábamos locos de hacer una perforación cuando a diez metros está la red de agua potable. Después fue todo muy rápido. Enseguida, de boca en boca, la gente fue llegando al campito.
—¿Cómo fueron esos primeros días?
—Todas las ideas son respetables, hay quien tiene fe y se entrega y hay quien no. La gente que está en contra no me viene a decir nada, me entero por comentarios. Un vecino, dos casas de por medio, estaba muy enojado conmigo por todo el alboroto que se estaba armando en el pueblo. Él no creía en nada hasta que una vez vio a la Virgen en el campito. Dejó pasar unos meses, me pidió disculpas y ahora es un colaborador más. La gente viene con sus cámaras de fotos y luego nos las mandan para que las juntemos. La Virgen se ha mostrado cuando se revelan las fotografías, hay algunas increíbles. Le pedía tanto que me ayudara, que se manifestara porque era muy difícil para nosotros, y enseguida el olor a rosas invadió el lugar.
—¿Qué significado tiene las tres rosas que tiene la Virgen sobre el pecho?
—La Rosa Mística apareció vestida toda de blanco, pero en el lugar en que antes se encontraban clavadas las tres espadas se veían tres rosas: una blanca, una roja y una dorada, que significan oración, sacrificio y penitencia. Ella me dice que viene a terminar lo que inició en Italia. Ahora estoy en diálogo porque estamos en novena y estamos sobre el 13 de noviembre. Ella me decía que aquí se iba a levantar la devoción y la oración hacia ella.
—¿Te molesta que te llamen sanadora?
—Yo siempre le aclaro a la gente que soy un instrumento de ella, les juro que yo no sano, que lo único que puedo hacer es rezar, que no se confundan porque yo no curo, no sano. La Virgen me dijo: “El que toque tus manos, tocará las mías”. Es Ella, no soy yo. Ella me va preparando y la gente luego cae en un descanso espiritual. Y no soy yo… ni sé lo que digo, ni dónde toco o apoyo la mano. Es ella que me guía, yo después no recuerdo nada. Ella nos dice que hay una gran energía que hay que canalizar por medio de la oración. La Madre nos pide que volvamos a ser humildes, que volvamos a su Santo Hijo, nos pide oración y con su mirada triste nos pide mensajes de amor, que volvamos a los mandamientos.
—¿Terminás muy agotada?
—Depende de la cantidad de gente que haya. En el momento no siento cansancio, al rato sí y termino agotada. Me toma uno o dos días recuperarme. Para el domingo (NdR: por ayer) se esperan más de cinco mil personas, viene gente de todos lados, hasta de Uruguay. La gente dice que en el campito siente mucha paz.
—¿Temés que se vuelva comercial?
—El pedido de la Madre es que se proteja el campito. Nosotros regalamos las medallitas, las estampitas, que se hacen con plata que donan. La gente trae sus botellitas para llenar de agua, deja sus rosarios. ¿Cómo se hace para que no se haga negocio con esto? Hace unos meses vino gente de afuera con bidones de agua y querían venderla como bendita. Ponemos carteles para que se respete el silencio y se apaguen los celulares. Es un lugar de respeto.
—¿Sentís que la Iglesia te dejó sola?
—Si uno no acompaña ¿cómo se puede discernir? Le pedí al padre que acompañaran, que se tomaran todo su tiempo, no que me dijeran que esto es verdad, sino que dialogáramos, que me acompañaran para discernir. Yo jamás iría contra la Iglesia porque es lo que amo, tampoco contra los sacerdotes porque la Madre no querría eso. Por ejemplo, sería útil que al campito vinieran los sacerdotes a confesar a la gente. Hay gente que no iba a misa y ahora va. Este año hubo mucha gente grande que tomó la comunión, hay que ver a las familias enteras, los papás con sus hijos, los adolescentes ayudando en el campito y organizando a los visitantes, todo con alegría…


Por: Santiago Baraldi
Fuente: El Ciudadano

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