viernes, 4 de noviembre de 2011

EZEQUIEL MARTINEZ ESTRADA


Ezequiel Martínez Estrada nace el 14 de septiembre de l895 en San José de la Esquina, un pueblo de la provincia de Santa Fe, Argentina. Siendo niño su familia se traslada a Goyena, pueblo ubicado al sur de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abre un almacén de ramos generales. Tenía dos hermanos, Carlos y Emilio, siendo él el mayor de los tres. En la “Carta” autobiográfica que en l945 le dirige a Victoria Ocampo, le dice que hasta los 12 años vivió en pueblos de provincia de los que guarda recuerdos llenos de “acontecimientos prodigiosos”. Será en Goyena, precisamente, donde ha de comprar en l937 un campo con el dinero que recibe en uno de sus premios de literatura.
Don Ezequiel, como muchos lo llamaban, es un hombre púdico y poco dado a las confesiones. Fuera de la “Carta a Victoria Ocampo”, no ha dejado ninguna autobiografía en sentido estricto y, en consecuencia, poco se sabe de su infancia y adolescencia, de sus hermanos ni de sus padres. Hacia l907, año en que sus padres se separan, Martínez Estrada viaja a Buenos Aires, donde vive son su tía Elisa y estudia en el Colegio Avellanda. Pareciera que debido a la precaria situación económica de la familia, Martínez Estrada se ve obligado a abandonar sus estudios y empezar a trabajar. En l914 lo encontramos trabajando en el Correo Central de Buenos Aires, donde permanecerá hasta que se jubile en l946.
Fuera de algunos ensayos breves que publica entre l917 y 1919 en las revistas Nosotros y Atenea, Martínez Estrada inicia su carrera literaria como poeta. Entre l918 y 1929 publica seis volúmenes de poesía, en los que es evidente la influencia de Edgar Allan Poe, de Rubén Darío y, particularmente, de Leopoldo Lugones.
En l921 contrae matrimonio con la pintora y escultora Agustina Morriconi, con quien compartirá el resto de su vida. Ella inspirará muchos de sus poemas, y ella lo acompañará en todos sus viajes y las largas estadías fuera del país.
En l949 se radica en Bahía Blanca, en la casa de la Avenida Alem, hoy sede de la Fundación Ezequiel Martínez Estrada. Con la caída del peronismo en l956 se reintegra a la docencia con carácter interino en el Colegio Nacional de La Plata y, al año siguiente, es nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca.
En su casa de Bahía Blanca termina sus libros sobre José Martí, algunas de cuyas páginas le han de costar lágrimas, según le escribe a su amigo cubano Samuel Feijoo. Prepara también la edición de Realidad y fantasía en Balzac, obra que se publica en l964, y escribe los últimos poemas que la revista Sur dará a conocer —sus “Tres poemas del anochecer”. Arnaldo Orfila Reynal, del Fondo de Cultura Económica en México, lo convence de que seleccione y ordene los textos para la Antología, cuyo “Prólogo inútil” debe haber sido lo último que Don Ezequiel habría de escribir.
Ezequiel Martínez Estrada fallece en Bahía Blanca el 4 de noviembre de l964, a las 0 horas. Sus restos yacen en el cementerio de la ciudad de Bahía Blanca.

Póstumamente se han publicado varias colecciones de cuentos y ensayos tales como Cuatro Novelas (l968), Cuentos completos, edición ya mencionada, En torno a Kafka y otros ensayos (l967), Para una revisión de las letras argentinas (l967) y Leer y escribir (l969), compilaciones de Enrique Espinosa, su ensayo y testimonio titulado Leopoldo Lugones: retrato sin retocar (l968), Meditaciones sarmientinas (l968), Poesía de Ezequiel Martínez Estrada (l966), y dos textos arriba mencionados: el libro que le dedica a Nicolás Guillén y Panorama de los Estados Unidos. La Dra. Nidia Burgos, presidenta de la Fundación Ezequiel Martínez Estrada y profesora de la Universidad Nacional del Sur, está trabajando en un volumen que reúne la correspondencia que durante años mantuvieron Martínez Estrada y Victoria Ocampo, y también sobre las cartas que él y su esposa intercambiaron desde el noviazgo.
En el “Prólogo inútil” a la Antología, pide que su obra se lea y juzgue como “la producción de un artista y un pensador”, un artista de la lengua que se vale del mito y la alegoría allí donde la razón no alcanza, y un pensador, un estudioso de la biografía cultural de los pueblos y de la obra y vida de seres del presente y el pasado que, a su juicio, encarnan el ideal.
Ezequiel Martínez Estrada ha sido un hombre difícil —un individualista, un humanista de viejo cuño, un idealista exigente y romántico— que, ciertamente, está muy poco dispuesto a negociar sus posiciones con quienes considera enemigos de la humanidad. A Martínez Estrada se le podría aplicar la fórmula de José Vasconcelos —“pesimismo de la realidad y optimismo del ideal”— porque su mirada crítica hacia la realidad y la historia humana tiene su fundamento en una perspectiva ética para la cual los valores absolutos y eternos existen.
Graciela N.V. Corvalán ( extracto)

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