jueves, 18 de agosto de 2011

UN PASEO AL CAMPO







Un paseo al campo


Los domingos me gusta salir a pasear por el campo. La excusa es ir a comer un asado, pero para mí lo mejor de todo es cargar mi cámara fotográfica y sacar montones de fotos. Siempre encuentro motivos dignos de ser encuadrados en mi lente. En junio los pastos lucen amarillos y los árboles han perdido sus hojas, pero los colores de la tierra hacen juego, nada desentona, hasta los ligustros se vuelven mas oscuros. Los pájaros picotean las semillas en las banquinas y las palomas lucen todo su esplendor en variados colores. Algún chimango se ensaña con una rata y en lo alto gritan los teros. Este para mí es un hermoso día, aunque hoy luce un poco gris. Por el camino encuentro gente haciendo leña de los paraísos viejos que crecen en los bordes de los alambrados. Hace tiempo los chacareros acostumbraban plantar paraísos en el perímetro de sus campos, para sombra del ganado o simplemente como adorno. También se veían en las esquinas isletas de eucaliptos, hoy con el afán de sembrar soja, lo hacen hasta casi debajo de los alambres y ni dejan espacio para las cuevas de las lechuzas. Me duelen las taperas abandonadas, con sus historias de vida y de muerte.... al morir los viejos chacareros, los hijos dividen, venden, se van a vivir a los pueblos.... Mis hijos me dicen que tengo resabios camperos y añoranzas por las vacas. Y algo de eso hay. Hija y nieta de tamberos, de suizos, alemanes e italianos, la sangre tira..... el recuerdo surge, el cariño siempre está. Por eso es que siendo domingo no puedo salir a mirar vidrieras ni a visitar amigas a la hora del té. Simplemente salgo a dar un paseo al campo y a mi lado van los recuerdos.
Hace unos días salí como todos los domingos a hacer mi paseo campero. Hice el recorrido que hace muchos años hacía cuando salía de la escuela, a caballo en mi querido Pirincho, mañero y panzón. Salí hacia el este por el viejo camino que mas parece ya, un gran canal, de tierra apisonada a fuerza de tránsito pesado. Hice los 7 Km hasta la tranquera donde hoy dice Establecimiento El Pichón. Saqué muchas fotos por el trayecto, sólo quedan resquebrajadas taperas, viejos molinos, pedazos de árboles sin hojas y todo lo demás son rastrojos. Ni un novillo, pocas lechuzas, teros y chimangos y algún que otro auto viejo, que viene a los traqueteos por los caminos llenos de gramilla y cubiertas sus banquinas por altos yuyales, hoy secos y amarillos, pero que seguramente en verano casi cubren la huella honda y desprolija. No quiero ser irrespetuosa pero me sale decir como mi admirado Gral Manuel Belgrano al expirar. AY PATRIA MIA!!! , ya no sabemos de quien son los campos, no conocemos a sus dueños, apenas sabemos que en alguno de éllos, sobrevive en algún galpón con pretensiones de casa, un puestero jovencito con su mujer, su hijo pequeño y sus perros. Cuando crezca el hijo, abandonará el campo para ir a vivir a los suburbios, por que no hay una escuela en leguas a la redonda.
Creo que a esto así como se ve, le llaman progreso. No sé que pensar, me gustaba mas como se veía antes de ser todo sembradíos. Había gente trabajando con herramientas poco menos que caseras, los campos. Se veían hombres a caballo, animales pastando, boyeros sobre el lomo de las vacas y chicos yendo a la escuela en sulky con capota o a caballo. Era sacrificado, claro, pero se tenía mas conciencia de lo que es el suelo, el agua, el aire limpio, en fin , nuestro hoy llamado medio ambiente. Y parece que hasta el nombre lo dice todo, no es ambiente completo, en estos tiempos es solamente medio ambiente.
Al final de mi paseo, tengo varias fotos de solitarios rastrojos, temblequeantes taperas, molinos sin cola, y el resultado de la falta de escuela: un cartel que dice: prohibido casar……

Lydia Musachi

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