jueves, 14 de julio de 2011

EL MOÑO AZUL



El moño azul

Cuando un sueño me lleva por el camino de las profundidades, es necesario que sepa interpretar los signos que encuentro en el trayecto. Un día que se transforma en noche, una cueva profunda, una cascada, un eco, lo que me viene a la mente, todo es irremediablemente parte de la intrincada aventura que transcurre en este sueño. Transitando por una senda me encuentro de pronto en una especie de corredor, largo como un túnel, con paredes de ladrillos sin revocar, que de a ratos es de piedra, con helechos en sus hendiduras o plantas colgantes, iluminado, sin oscuridad. Me doy vuelta para mirar hacia atrás y veo gente, un ómnibus, una estación y al seguir andando, al final del corredor, veo la silueta de un hombre al trasluz. No es muy alto y tiene una mano en el bolsillo, la mirada puesta en mí, mientras camino despacito con un libro entre las manos, con mi bolso al hombro, sospechando que es lo que está pasando y quien me espera en el final.
La luz del sol, sólo eso veo al terminar el corredor, mas allá hay un campo que se abre hacia el horizonte y muchos árboles… una bandada de gaviotas cruza el cielo y la presencia de alguien que he amado mucho, tomando mi mano. No necesito mirarlo para saber que es él, huelo su perfume y oigo su voz que me dice: has tardado tanto! Siento una paz y una alegría como si estuviera abriendo un regalo, con un hermoso moño azul.


Lydia Musachi

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