lunes, 30 de noviembre de 2009

DESMONTES











Una de las mayores amenazas para la vida del hombre en la Tierra es la deforestación. Desnudar el planeta de sus bosques y de otros ecosistemas como de su suelo, tiene un efecto similar al de quemar la piel de un ser humano. Los bosques ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo y en el clima. Asimismo, abastecen a las comunidades rurales de diversos productos, como la madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes orgánicos.
Es muy importante que se entienda que el cuidado de los bosques y selvas es necesario a nivel mundial, ya que los árboles constituyen una reserva natural para los diferentes ecosistemas que los pueblan y para los millones de personas en el mundo que viven de sus recursos. Asimismo, evitan que se emitan a la atmósfera cantidades excesivas de dióxido de carbono. Conociendo que este gas es el principal responsable del calentamiento global.
Sin embargo, lamentablemente, la acción humana está provocando una destrucción de los bosques y selvas sin precedentes en la historia humana.
Si bien las cuestiones relacionadas con los bosques y selvas son complejas, se reducen a un principio económico muy simple. Hoy en día, vale más que una compañía maderera o un agricultor limpien la selva que dejarla tranquila. No hay actualmente ningún ahorro económico en salvar a los árboles. Básicamente, el mercado considera que los árboles valen más muertos que vivos. Sin embargo, cuando se trata de detener el cambio climático, los bosques y las selvas del planeta son invaluables.
El desmonte de bosques autóctonos reconoce una larga historia en la Argentina. En el norte del país esta práctica se convirtió en un inescrupuloso atropello a las comunidades de la zona y las condiciones ambientales de la región. Para extender las fronteras de la explotación agrícola y empujados por las elevadas utilidades de los cultivos de soja, las topadoras y el fuego actúan sobre nuestros montes autóctonos. No son los pequeños y medianos productores agropecuarios los que actúan de esa manera, no cuentan con los medios, ya que la maquinaria y la mano de obra que se utiliza son muy costosos.
Hemos logrado la aprobación de la famosa y tan esperada Ley de Bosques, pero necesitamos que su aplicación sea efectiva y real, es decir que sea respetada.
El problema de la deforestación, no es nuevo. Desde los albores del siglo XX hasta la actualidad, el país perdió dos tercios de la superficie de selva y bosques nativos originales, según la Dirección de Bosques de la Nación. Sólo en los últimos años, la deforestación superó las 200 mil hectáreas anuales, siendo la región chaqueña la de mayor reducción de cobertura forestal, señalan las estadísticas oficiales.
Un dato ilustra mejor que nada la magnitud del problema: en los últimos cinco años, la tala arrasó con 1,3 millón de hectáreas en el país, según la Unidad de Monitoreo del Sistema de Evaluación Forestal de la Dirección de Bosques, a partir de la lectura de fotos satelitales que aporta la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.
La cifra indica que la tasa de deforestación de Argentina –que mide el porcentaje anual respecto de la superficie remanente– es seis veces más alta que el promedio mundial, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). Este organismo considera a la deforestación como una de las mayores amenazas para la vida del hombre en la Tierra.
En nuestros días, existe acuerdo en que, dado que la deforestación es el resultado de muchas acciones directas activadas por muchas causas fundamentales, la acción en un único frente difícilmente podrá resolver el problema. Son necesarios muchos esfuerzos para implantar una gestión forestal sostenible, equilibrando objetivos ambientales, sociales y económicos. Ciertos procedimientos y políticas nacionales son críticos. Dado que la deforestación puede generar tanto beneficios como costes, es importante estimar las ganancias y pérdidas en cada caso.
Algunas de las maneras de evitar la deforestación, sería:
1. Conservando los bosques y utilizándolos racionalmente, sin destruir las especies más valiosas y dejando que se regenere con sus propias semillas.
2. Para proveer leña y otros productos forestales, se debe sembrar árboles de rápido crecimiento, que se puedan aprovechar en pocos años.
3. Se puede plantar árboles entre los cultivos (Agrosilvicultura).
4. Utilizando los sistemas agroforestales, que son aquellos en los que se mantienen ciertas especies de árboles y se realiza un cultivo o ganadería asociado, el campesino obtiene una renta sin destruir, de dos o más rubros diferentes preservando el ambiente.
Debemos repensar algunas cuestiones. Y la primera es la falta de conciencia respecto de la trascendencia económica y social de un apropiado uso de los recursos naturales, en particular de nuestros bosques y selvas, además de su valor natural. No es posible lograr un adecuado equilibrio entre las variables mencionadas, y con ello una apropiada sustentabilidad del desarrollo, si no se comprende que la realidad nos está indicando ya hace tiempo que son altamente conflictivas las decisiones y políticas sesgadas, y con visión a corto plazo.
No solo es necesario aportar soluciones sino también tomar conciencia de que la lucha contra la deforestación puede abrirnos oportunidades.
La esperanza de crear conciencia ecológica es un árbol que empieza a crecer. Miles de pájaros han perdido su hogar. Y sus cantos envuelven nostalgias de un tiempo saludable, de aire puro, de flores aromadas.
El paisaje verde de los países esta cambiando. Los montes naturales son perseguidos por el fuego y las motosierras. La deforestación masiva no solo les cortó a los pájaros la libertad de volar y les privó de vivir en su rama favorita, sino también esta dejando sin oxígeno al hombre. El panorama es desolador en algunos lugares, pero siempre las esperanzas renacen, cómo los arbustos que se niegan a morir, aún escuálidas, sus hojas a la vera del camino.
El desmonte de bosques autóctonos reconoce una larga historia en la Argentina. En el norte del país esta práctica se convirtió en un inescrupuloso atropello a las comunidades de la zona y las condiciones ambientales de la región. Para extender las fronteras de la explotación agrícola y empujados por las elevadas utilidades de los cultivos de soja, las topadoras y el fuego actúan sobre los montes llenos de vida.
Sólo resta esperar que las grandes empresas agropecuarias, las que compran miles de hectáreas para arrasarlas y sembrar la tan valorada soja a cualquier precio, aún de las vidas humanas, animales y vegetales que se les cruce ante sus topadoras , acaten las leyes, así los pueblos originarios acorralados, los pequeños campesinos echados a los caminos, los pájaros moribundos y todo lo que sea vida puedan existir en paz.
Lydia Musachi



sábado, 28 de noviembre de 2009

TAMBEROS











TAMBEROS

Hoy 28 de noviembre, se cumplen 38 años de la desaparición física de mi padre Antonio Julio Musachi. Había nacido en Las Bandurrias, Depto San Martín, en esta provincia de Santa Fe , falleciendo en Las Parejas, Depto Belgrano, donde lo había llevado su trabajo de tambero. En este día tan especial quiero homenajearlo, recordando en él, a uno de los trabajos rurales más duros y exigentes que tiene el campo, especialmente el de la pampa húmeda de Argentina. Mi padre nació precisamente en un tambo, porque sus padres eran tamberos y él siguió la tradición. El ordeño se realizaba a mano, con ternero atado a la pata delantera de la vaca, los corrales eran de tierra abovedada para que escurriera el agua de lluvia, un tambo mediano era de 120 vacas, que ordeñaban dos personas, mientras que una se las preparaba, maneándolas por las patas traseras y atándoles el ternero. No había francos, ni paros, ni se dejaba de ordeñar por lluvia ni por ningún otro motivo. La leche había que sacarla y llevarla a la fábrica donde se procesaba, en carros de dos ruedas con 3 ó mas caballos, según la distancia y el estado de los caminos. En el caso de mi padre usaba un carro con un caballo atado a las varas y otros dos, llamados cadeneros, que se ataban adelante del varero. Usaba un látigo muy largo, que hacía chasquear por arriba de las orejas de los caballos para azuzarlos cuando la marcha se hacía muy lenta. Mis recuerdos se remontan a cuando vivíamos en un tambo a 7 Km del pueblo donde nací y en el cual resido, y a la antigua fábrica Delorenzi, donde mi padre traía la leche por la mañana y por la tarde también en verano, porque no había mas que agua sacada del jagüel para mantenerla a una temperatura que le permitiera llegar en condiciones hasta la fábrica. Cuántos tamberos dejaron sus vidas, muy jóvenes, como en el caso de mi papá, que sólo tenía 49 años cuando murió, porque las condiciones de trabajo eran muy primarias y sin ninguna protección! El tambo es una tarea que casi siempre se realiza en familia, solamente en establecimientos muy grandes, se contratan peones, en nuestro caso, siempre se trabajó en familia. Mi padre, mis tíos y mi madre, luego mis hermanas, mi hermano y alguna vez también yo, pero casi nunca hubo una persona ajena a la familia. Hoy en día se estudia para ser tambero profesional y todos los tambos utilizan tecnología de última generación para producir leche en las condiciones que exigen las industrias lácteas modernas. Los cursos son dictados por técnicos del INTA con profesionales capacitados especialmente para esta actividad, en conjunto con instituciones de cada localidad.
Los cursos son para operarios de tambo. Consisten en varias clases semanales, teórico-prácticas, en las cuales se desarrollan los temas más importantes que hacen a la labor diaria en los tambos: ordeño, calidad de la leche, enfermedades comunes como la mastitis, higiene y seguridad, pasturas, alimentación, reproducción, maquinarias, manejo de efluentes, como se crían los terneros, el trabajo en equipo, la participación de la familia y también como se desarrolla la economía del grupo familiar del tambero.
Los tiempos han cambiado pero mientras que el ser humano consuma leche, siempre existirán los tamberos y en mi corazón siempre estará uno de los mejores ordeñadores que hubo en la zona: MI PADRE.

martes, 10 de noviembre de 2009

DIA DE LA TRADICION







































LA TRADICIÓN

La tradición es el conjunto de costumbres, creencias y relatos de un pueblo, que se van transmitiendo de padres a hijos. Cada generación recibe el legado de las que la anteceden y colabora aportando lo suyo para las futuras. Así es que la tradición de una nación constituye su cultura popular y se forja de las costumbres de cada región.El conjunto de las tradiciones de un pueblo está integrado por festividades religiosas, ritos indígenas relacionados con las leyes de la naturaleza, supersticiones, cánticos, bailes, vestimentas, juegos, músicas, comidas...El Día de la Tradición se celebra el 10 de noviembre en conmemoración del natalicio del poeta José Hernández, autor del libro "Martín Fierro", máximo exponente de la literatura argentina.Es la obra representativa de la literatura gauchesca. Fue escrita por José Hernández entre 1870 y 1872.Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en la chacra Pueyrredón del Partido de General San Martín (hoy Villa Billinghurst).Su madre era Isabel Pueyrredón y su padre Rafael Hernández.
Lo que heredamos como tradiciones, son especialmente las que se refieren a la vida del gaucho en el campo, en las estancias, en su propio rancho a veces, si había logrado retenerlo sin que se lo expropien. El trabajo que se realizaba con los animales, la doma, la esquila, la yerra, etc. Las comidas que los alimentaba: como el asado, el locro, la humita, la carbonada, las empanadas, el asado. Su vestimenta: el chiripá, las bombachas, el tirador, la rastra, el pañuelo serenero, el sombrero, su infaltable poncho, su facón que era a la vez herramienta de trabajo y arma para su defensa. Sus diversiones también son tradiciones, la concurrencia a la pulpería, las cuadreras, la riña de gallos, la sortija, las danzas folklóricas. El único medio de transporte, su infaltable caballo criollo con su apero de trabajo y el de paseo. Las artesanías que realizaba, sus sogas, sus trenzas, sus emprendados, todo hecho a cuchillo, lezna y paciencia. Sacaban sus propios tientos, hacían sus botas de potro, hasta su propio catre que luego compartía con su mujer. La cuna de sus hijos colgaba del techo para protección de las alimañas. Puras tradiciones gauchescas, de nuestra campaña, de nuestros peones de estancia, el mas fiel representante de nuestra raza.
Hoy en este mundo tan globalizado , mantener las tradiciones de los pueblos no es tarea fácil.La lengua, la vestimenta, la música, los bailes, constituyen hoy una cultura casi universal que va en detrimento de la identidad histórica y cultural.Si bien el mundo es uno solo, la raza humana una,las diferencias que marcan la cultura y la tradición no debieran dividir y diferenciar a los hombres sino unirlos a partir de lazos comunes. Ellas crean un sentido de pertenencia y de devoción común hacia los ancestros que fueron moldeando el valor de una cultura. Sería muy bueno reflexionar sobre qué elementos nuestra generación aporta a la tradición argentina. A la tradicional fusión entre la cultura indígena y española se suman en el siglo XX las dos grandes inmigraciones europeas, la inmigración del interior del país hacia Buenos Aires y sus alrededores que incorporó nuevos elementos y costumbres al vivir cotidiano de los capitalinos, y que todavía no terminaron de tener una clara y propia expresión de cultura y tradición.El hombre de campo, el folklore, el guapo, el tango, etc. constituyen una diversidad de expresiones que dificultan plasmar la identidad cultural de todos los argentinos, los que habitan las llanuras, los de las sierras, los de la Puna, los patagónicos, los de Cuyo y los del litoral. ¿Cuál es la identidad argentina? ¿Cuál es su cultura característica más allá de las expresiones artísticas? Son unas de las tantas preguntas que los argentinos del siglo XXI nos venimos haciendo.





































sábado, 7 de noviembre de 2009

LOS JANGADEROS




Volverán los jangaderos?
Rio abajo voy llevando la jangada
rio abajo por el alto Parana
es el peso de la sombra derrumbada
que buscando el horizonte bajará.
Rio abajo, rio abajo, rio abajo,
a flor de agua voy sangrando esta canción
ve el sueño de la vida y el trabajo
se me vuelve camalote el corazón.
Jangadero...jangadero mi destino
sobre el rio es derivar
desde el fondo del obraje maderero
con el anhelo del agua que se va.
Padre rio, tus escamas de oro vivo
son el sueño que nos llevan mas allá
vamos tras el horizonte fugitivo
y la sangre con el agua se nos va.
Banda a banda, sol y luna, cielo y agua
espejismo que no acaba de pasar
piel de barro, fabulosa lampalagua
me devora la pasión de navegar.
Jangadero...jangadero.

El jangadero podría aparecer nuevamente como una fuente laboral. Jangadero, como Uds recuerdan es una de las canciones más famosas compuestas por Jaime Dávalos y Eduardo Falú. Las jangadas eran aquel antiguo traslado de troncos por los cauces del río, siendo uno de los transportes de cargas más baratos empujados por la corriente de las aguas. Esto estaría por volver a ser utilizado en poco tiempo en Corrientes. El avance a paso agigantado de la forestación y la posible instalación de plantas procesadoras de celulosas en es provincia, integrarían junto a la futura “jangada”, los demás eslabones en la formada de cadena de un negocio millonario, basado en la industria papelera. No hace mucho tiempo el diario El Litoral tras una investigación acusó a una empresa local de utilizar maquinarías caseras para la canalización que ayudaban al desagote de los terrenos inundados en los Esteros del Iberá dejándolos productivos. Pero su trabajo generaba severos perjuicios en la vida animal y vegetal de los humedales correntinos. La evacuación y canalización de la aguas de terrenos anegados, comprados a bajo costo como tierras improductivas, tendrían así dos claros objetivos. Uno, la plantación de Eucaliptos y Pinos. El otro, la abertura de canales naturales como afluentes de los ríos Corriente y Santa Lucía. La producción forestal posteriormente sería trasladada aguas abajo a través de jangadas hasta el Paraná y hacía el Uruguay por medio del río Aguapey a un costo cero de transporte. .
La máquina que se utilizaba en el trabajo de canalización era una especie de trilladora acuática, que al abrir los canales naturales taponados, provocaba con su filosa cuchilla trituradora de vegetación, no solo una tremenda matanza de peces, sino también que terminaba también con la vida de animales silvestres y autóctonos del sistema del Iberá. El hecho fue denunciado y en un momento la máquina fue secuestrada por la Gendarmería Nacional por carecer de documentación, principalmente le faltaba la patente, aunque luego la justicia dictaminó que sea devuelta a sus propietarios.

martes, 3 de noviembre de 2009

JUAN CHASSAING



A MI BANDERA

Letra: Juan Chassaing
Música: Juan Imbroisi
Aquí está la bandera idolatrada,
la enseña que Belgrano nos legó.
Cuando triste la Patria esclavizada
con valor sus vínculos rompió.

Aquí está la bandera esplendorosa
que al mundo con sus triunfos admiró.
Cuando altiva en la lucha y victoriosa
la cima de los Andes escaló.

Aquí está la bandera que un día
en la batalla tremoló triunfal,
y llena de orgullo y bizarría
a San Lorenzo se dirigió inmortal.

Aquí está como el cielo refulgente
ostentando sublime majestad.
Después de haber cruzado el continente
exclamando a su paso:
¡Libertad!¡Libertad! ¡Libertad!

Fueron dos personas llamadas Juan, los autores de la marcha patriótica argentina A MI BANDERA.
Juan Chassaing fue autor de los versos de numerosas marchas y canciones patrióticas, entre
éllas la famosa A Mi bandera. Escribió estos versos a los 13 años de edad, pero uno de éllos fue modificado por considerárselo antiespañol: “cuando triste la patria esclavizada con España sus vínculos rompió” fue cambiado por: con valor sus vínculos rompió.
Nació en Buenos Aires, el 15 de julio de 1839 y tuvo una agitada existencia. Se recibió de abogado en 1862, fue soldado, periodista y parlamentario. Comenzó su carrera periodística publicando artículos en 1857 en el periódico liberal La espada de Lavalle. Falleció el 3 de noviembre de 1864, de una repentina enfermedad. Hacía sólo dos años que se había recibido de abogado.