viernes, 21 de septiembre de 2018

EN LOS CAMPOS DEL ESPINAL


                                                   




En un arroyo en cuyas orillas existen plantas autóctonas, viven muchos animales de nuestra región del espinal, cuyos restos de vegetación del monte chaco-santiagueño, les permiten vivir o esconderse del hombre, su depredador más cruel. Entre unas cinas-cinas aparece un puma sediento y mete sus patas para beber más cómodo en el agua más profunda, luego se va al trotecito, pues olfatea algún peligro o escuchó el ladrido de un perro. A lo lejos vienen caminando lento unos ñandúes, el macho con su cuello largo, estirado y vigilante. En los pajonales de la cañada, vive una familia de zorros grises, hermosos, retozones y felices. Pobres lechuzas se las comen y les roban sus cuevas! Pero algunas  están muy alertas y escapan volando rápido. Los teros atareados cuidan sus nidos en  primavera, han puesto huevos y esperan que nazcan sus pichones, despistan a los zorros y los atacan con sus rojos espolones. En lo alto vuelan  chimangos y algunos caranchos buscando un animal muerto para alimentarse. En los montecitos de chañares, espinillos y talas, anidan los chingolos, las torcazas, los jilgueros y los amarillitos. Un coro de trinos recibe la mañana, entre los que se destacan el canto de los mixtos, paraguayitos y cardenales. A la siesta las picazuró arrullan perezosamente, entre el parloteo de las cotorras y el aleteo de gorriones, tordos y otros pájaros que forman grandes bandadas heterogéneas y variopintas. Rumbo a los campos anegados pasan las bandadas de patos picazos, sirirí, garzas y bandurrias. Mientras que en una hermosa laguna reposan los flamencos rosados que han venido a anidar y alimentarse como lo hacen anualmente, otras aves acuáticas comparten el espacio y la comida en paz. A orillas de algunos arroyos y lagunas también suelen verse lobitos de río, curiosos y juguetones, que se sumergen presurosos si nos queremos acercar. Un puestero recorre los campos, cuenta vacunos, ovejas, cabras y caballos, pero no mata animales autóctonos sin necesidad, por eso tenemos la suerte de saber que sobreviven y si queremos conocerlos, vamos a fotografiarlos, con prudencia y con la alegría de poder verlos en libertad.

Lydia Musachi

viernes, 14 de septiembre de 2018

ANTONIO GIL

NÉLIDA ARGENTINA ZENÓN




Esta popular cantaautora nace en la ciudad de Gobernador Martínez, Departamento Lavalle, el 3 de Abril de 1938. Estudió música obteniendo el título de Profesora Superior. Ejecuta la guitarra y el típico acordeón chamamecero, con auténtico sentimiento de correntina.
El reconocimiento “grande” le llega al obtener el “Premio Cosquín 1964”. Sus actuaciones como solista de canto y guitarra y, posteriormente, con su conjunto musical, se reiteran con gran éxito a lo largo y ancho del país.
Pero sus inquietudes musicales le llevan a conducir programas radiales, por supuesto, todos de ferviente defensa y promoción de nuestra música chamamecera. Una evidencia palpable es la conducción que, desde hace 17 años, realiza en “Radio Nacional Rosario”, en un programa creado por ella, al que denomina “Cancionero Guaraní”.
Este programa, por su trascendencia e importancia, fue declarado de Interés Cultural por el Honorable Concejo Municipal de la ciudad citada. También en “LT3 Radio Cerealista”, de Rosario, conduce otro programa de similares características, con el título de “Fortín Litoral”, cuyo ciclo ya supera más de 13 años de permanencia en el aire.
Hay que mencionar también los 20 años de su programa “Corrientes tiene su Música”, que se propala en “Radio San Nicolás”, en la Provincia de Buenos Aires.
Tiene en su haber grabados varios discos larga duración, cassette y, además, participó como artista invitada junto a otros notorios chamameceros, grabando con Antonio Tarragó Ros, Luis Angel Monzón y con el poeta y recitador “Toto” Semhan.
Sus actuaciones permanentes en escenarios de festivales folclóricos, radio, televisión, peñas, espectáculos culturales, justifican plenamente su consagración popular como autora e intérprete de numerosos temas musicales.
Van como ejemplo algunos títulos: “Mate Cosido”, “Don Pilar”, “El Viejo Pedro”, “Mi Noche”, “Guapo Cunumi”, “Volver en Diciembre”, “Doña Florencia”, “Cambá Arangá”, “Caraguatá Paiubrero”, “Peón Golondrina”, y tantos otros que han merecido el sostenido aplauso del pueblo, ese inalterable juez de las verdaderas composiciones que llenan el espíritu.
Ha culminado, hace muy poco tiempo, “La Cantata Antonio Gil Mercedeño”, poema original del poeta mercedeño Román Anselmo Vallejo, con musicalización de Nélida Argentina Zenón. También participa en el recitado, el poeta “Toto” Semhan.
Ha recibido numerosos premios y galardones que atestiguan su calidad interpretativa, su talento creativo y su evidente amor por la música correntina.
Como final, para estas líneas apretadas que pretenden ser un homenaje, cabe mencionar que en uno de sus discos larga duración canta el “Himno Nacional Argentino”, en su versión, con letra traducida al idioma guaraní, una manera de unir la Patria con nuestras raíces ancestrales, que tan bien sabe defender Nélida Argentina Zenón, con su voz y su guitarra.

Información adicional

miércoles, 22 de agosto de 2018

DÍA MUNDIAL DEL FOLKLORE






La Unesco declaró el 22 de agosto como el Día Mundial del Folklore, fecha elegida en recuerdo de aquel 22 de agosto de 1846, cuando el arqueólogo británico William G. Thorns publicó en la revista londinense ‘Atheneum’ una carta en la que utilizó por primera vez el término ‘folklore’
La palabra “folklore” etimológicamente deriva de “folk” (pueblo, gente, raza) y de “lore” (saber, ciencia) y se designa con ella el “saber popular”.
En Argentina, esta fecha coincide con el aniversario del nacimiento de Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917), considerado como el ‘padre de la ciencia folklórica’.
El folklore es la expresión de un pueblo que abarca las tradiciones, leyendas, costumbres, música, danza, entre otras manifestaciones. Es el folklore una de las particularidades que permiten distinguir una cultura de otra.  
Aunque estrictamente «folklore» sólo es aquella expresión cultural que reúne los requisitos de ser anónima, popular y tradicional, en Argentina se conoce como «folklore» o «música folklórica» a la música popular de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos característicos de las culturas provinciales, mayormente de raíces indígenas y afro-hispano colonial. Técnicamente, la denominación adecuada es música de proyección folklórica de Argentina.
En Argentina, la música de proyección folklórica, comenzó a adquirir popularidad en los años treinta y cuarenta, en coincidencia con una gran ola de migración interna del campo a la ciudad y de las provincias a Buenos Aires, para instalarse en los años cincuenta, con el «boom del folklore», como género principal de la música popular nacional junto al tango.
En los años sesenta y setenta se expandió la popularidad del «folclore» argentino y se vinculó a otras expresiones similares de América Latina, de la mano de diversos movimientos de renovación musical y lírica, y la aparición de grandes festivales del género, en particular del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, uno de los más importantes del mundo en ese campo.
Luego de ser seriamente afectado por la represión cultural impuesta por la dictadura instalada entre 1976-1983, la música folklórica resurgió a partir de la Guerra de las Malvinas de 1982, aunque con expresiones más relacionadas con otros géneros de la música popular argentina y latinoamericana, como el tango, el llamado «rock nacional», la balada romántica latinoamericana, el cuarteto y la cumbia.
La evolución histórica fue conformando cuatro grandes regiones en la música folclórica argentina: la cordobesa-noroeste, la cuyana, la litoraleña y la surera pampeano-patagónica, a su vez influenciadas por, e influyentes en, las culturas musicales de los países fronterizos: Bolivia, sur de Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. 
Un hecho es considerado folklórico cuando:
Colectivo: Porque deja de ser creación personal al ser incorporado al patrimonio tradicional.
Popular: porque ha sido asimilado por el pueblo (folk).
Empírico: porque se transmite sin que medie una enseñanza escrita o teórica, sino práctica, gestual, a través del ejemplo.
Oral: porque la transmisión se hace oralmente, por experiencia directa de un individuo a otro, de una a otra generación.
Funcional: porque el pueblo solo adopta el hecho folklórico si se identifica con su idiosincrasia, descartando lo que no llene una función en la vida de la comunidad. Anónimo: porque se desconoce el nombre del autor o autores, que la obra del tiempo ha borrado y se considera como herencia común.
Regional: porque la naturaleza circundante influye en lo folklórico y le da un matiz local, aunque luego se difunda en toda una región, a varias o aún sea adoptado por todo el país.





martes, 21 de agosto de 2018

La casa que miraba al Oeste


                                                     

Me viene a la mente un campo, una casa de antigua estirpe italiana, compuesta por galería al este, un zaguán que llegaba hasta el frente y miraba al oeste, donde lucía ostentosa una puerta de cedro, con herrajes de bronce y una manito del mismo material, que alguna vez había funcionado de llamador. A izquierda y derecha del zaguán, a media distancia de ambas entradas, estaban las puertas de vidrio repartido de los dos dormitorios, iluminados por el sol de la tarde a través de las altas ventanas con postigos de madera, casi siempre abiertos. Los pisos de esos amplios dormitorios eran de tablones de madera dura y brillantes, de cera en pasta y lustrado a mano. No olvidaré tampoco, lo hermoso que lucía el piso del zaguán, de mosaicos color bordó y estrellas blancas. En esa casa pasamos 7 años de nuestra vida, mis padres, el tío Juan y 8 de mis hermanos. La cocina se encontraba en el lado norte de la galería y la despensa, en el lado sur, pero ya no se usaba para guardar comestibles, era el dormitorio del tío Juan. Esa hermosa galería lucía el techo terminado en una guarda de chapa, como las que se ven en las viejas estaciones de trenes , sus columnas eran de hierro forjado y el piso de ladrillos. En el costado este de la cocina, comunicado con una vereda también de ladrillos, estaba el lavadero, con su piletón y canilla de agua, que bajaba del tanque ubicado en el techo, el cual servía también para bañarnos. Un poco más lejos, estaba la letrina. Un tejido de alambre protegía la quinta de las gallinas y demás animales domésticos. Un galpón en el patio, un monte de paraísos, eucaliptos y un viejo ombú al lado de unos corrales, me llenan el alma de recuerdos con olor a flores y las gruesas ramas que eran mi escondite para estudiar en paz, cuando tenía alguna lección difícil o una evaluación en el Colegio San Agustín dónde cursaba la secundaria. Cerca del molino y el tanque australiano, estaba el tambo, dónde mis padres y el tío, ordeñaban a mano, a la madrugada y a la tarde. Nosotros, íbamos a la escuela en dos turnos, los tres mayores, en sulky, por la mañana y dos de mis hermanas más chicas iban, a caballo, por la tarde. Algunos accidentes, golpes y arañazos hemos tenido, pero seguramente que todos recordamos los lindos momentos, las bromas, la alegría de poder ir a la escuela, de traer buenas notas y recibir un abrazo por respuesta, ya que todo lo lográbamos solos, ayudándonos entre nosotros, los padres siempre estaban ocupados en el tambo, en los trabajos del campo y los animales.

Lydia Musachi

VILLA GUILLERMINA





La localidad de Villa Guillermina se encuentra a 470 km de Santa Fe. Se accede por la RN 11 desviándose 21 km por la RP 30 a la altura de Las Toscas.

Este pueblo perteneció a lo que históricamente se conoce como "La Forestal. La Forestal tuvo su origen en 1884, cuando el gobierno de Santa Fe, para saldar un empréstito con una empresa Inglesa, le dio cerca de 2 millones de ha con bosques de quebracho colorado. De éste árbol se extraía el tanino usado para teñir cueros. La Forestal llegó a fundar cerca de 40 pueblos desde Villa Ana hasta Florencia, con puertos, vías de ferrocarril propios y alrededor de 30 fábricas de tanino. Los pueblos tenían servicio de agua potable, red cloacal, y electricidad, juzgado, hospital, comisaría, clubes, escuelas, almacén y fábricas de hielo. En 1948 se empiezan a cerrar las fábricas porque la empresa empezó a extraer tanino de la mimosa un árbol de Africa que tardaba menos en crecer que el quebracho y en 1963 se cierra definitivamente.

Museo Los Gringos, en la entrada de la ciudad.

Al noreste de Villa Guillermina cruza el río Amores que a la altura de El Sombrerito recibe las aguas del arroyo del mismo nombre y antes de desembocar en el Riacho Correntoso, recibe como afluentes a los arroyos Ceibalito y Las Garzas.

El Yugo Quebrado es un lugar ubicado en la margen norte del arroyo Los Amores. Es una represa construida por la compañía forestal a principios de 1900 para proveer de agua potable corriente a más de las 20 mil personas que habitaban la localidad; aprovechaban el agua que bajaba de las cañadas que cubrían más de 15 mil hectáreas y lo contenían en un predio superior a 20 hectáreas. Actualmente en el lugar funciona el balneario y también se instaló un museo.



Fuente de información wikipedia.org y http://www.lastoscasinforma.com foto de arroyo Los Amores de Oscar Allassia

TRANSITO COCOMAROLA A VILLA GUILLERMINA

domingo, 29 de julio de 2018

VIEJOS BOLICHES PATAGONICOS


                                        

         
Son un punto en el mapa que no es ni pueblo ni paraje. Apenas hoteles de pocas o ninguna cama. Casi museos que, abiertos o cerrados, evocan otros tiempos o mejor dicho otras distancias.
Cuando unir la costa con la cordillera llevaba días enteros, los hoteles estaban justamente "a una jornada" uno de otro. Por eso Santa Cruz tuvo muchos de ellos. La mayoría fue cerrando a medida que mejoraron autos y caminos. Simplemente dejaron de tener sentido. Pero basta ingresar en alguno de los que permanecen abiertos y observar esa mezcla de pulpería, almacén y club social para comprender la importancia que tuvieron a comienzos de siglo. Todavía se puede jugar a la sortija, tomar una ginebra o un café y charlar con la familia que atiende el lugar. Su historia, sin embargo, se rastrea mejor en los libros y en la memoria de quienes anclaron alguna vez en aquellos refugios ruteros.

De Anécdotas, Apuestas y amores

En su libro El vasco de la carretilla, una historia patagónica real, Patricia Halvorsen evoca la historia de Guillermo Isidoro Larregui, un vasco que había perdido su trabajo en la Standard Oil, e hizo una apuesta temeraria en el boliche de Mata Amarilla: llegar en carretilla a Buenos Aires. Partió en 1935 y llegó al año siguiente. Parece que fue recibido con grandes pompas y salió en la portada de Critica y La Nación.
Mata Amarilla
-cerca de Tres Lagos- formaba parte de una sociedad integrada por Bach, Broderson y Jensen que poseían además los boliches de Punta del Lago y La Leona. A fines de los años '20 se separaron y cada uno se quedó con una propiedad. La Leona pasó a manos de Bach. Se cree que el sitio -aún vigente- data de la década del '10. Los registros de 1917 dicen que pertenecía a un tal Sanandrés, pero seguramente no fue el primero.
Más al sur, sobre la ruta 5, La Esperanza esconde una historia de amor mestizo. Fue fundado por el escocés William Ness en 1889 que se enamoró del lugar y tomó como compañera a una mujer tehuelche con quien tuvo dos hijas que heredaron su apellido.
La reina del sur
En la década del '20 el boliche de Pablo Farrays tenía fama propia: "La reina del Pueyrredón". Así llamaban a su esposa los indios del lago que quedaron pasmados al ver una mujer tan rubia y tan blanca. Emma Miglio, una italiana de armas tomar, había conocido a su marido en el barco que la trajo de Montevideo a Buenos Aires. Se enamoraron, ni bien tocaron tierra se casaron y partieron hacia el sur.
En 1917 levantaron el primer boliche en un cañadón cercano a Comodoro Rivadavia que hoy lleva su nombre. A los tres años partieron hacia el lago Pueyrredón. Las cosas marcharon de maravillas y más tarde compraron la estancia La Peninsula y vendieron el negocio a Gerardo Mondelo.
Los boliches eran verdaderos centros de noticias entre las historias que llevaban y traían los viajeros. "Si el bolichero tenía buenas relaciones con las estancias cercanas, su gente bajaba a festejar acontecimientos sociales. Pero en general era sitio de peones, mercachifles y gente de paso", explica Nohra Fueyo, historiadora de San Julián.
Recuerdos de El Cordillerano
"Dos días había que manejar por la ruta 40 desde San Julián hasta Lago Posadas", recuerda Manuel 'Pocholo' Lada, quien condujo el colectivo El Cordillerano entre las décadas del '60 y '80. Los hoteles eran paradas obligadas, además recibían la correspondencia de los lugareños. "Todos almorzábamos en el Riera y dormíamos en el Bajo Caracoles, que para entonces podía albergar a 10 o 12 personas", cuenta Pocholo, que cambió la adrenalina de la carretera por la tranquilidad de su estancia La Oriental.
Par
a entonces muchos se habían reconstruido en chapa pero conservaban la austeridad original y el tipo de comida que, según él, dejaba bastante que desear. Como aquella vez que en el Olnie les sirvieron yegua por vaca...
Sobre la ruta 40, Las Horquetas es uno de los más antiguos. Un poco más al sur, sobre la ruta 25 llegando a San Julián, está el hotel Bella Vista. Fue construido en 1943 por Marko y María Marinkovic sobre el antiguo hotel Tres Huellas. Alex, el hijo de estos inmigrantes croatas ha seguido la tradición familiar y conserva el sitio con orgullo. Si anda por allí, pare y repare en los detalles. Está por cumplir 60 años y no cambió ni un pelo.

Desconozco el autor, si alguien reconoce su trabajo, estoy a disposicion para darle el credito que corresponda. Las fotos son sacadas de internet, si alguien tiene derecho de autor, les puedo dar el credito o sacarlas si el autor lo prefiere asi.

lunes, 23 de julio de 2018

DON GREGORIO BENITEZ



                                           



Era don Gregorio Benitez, uno de los personajes mas conocidos de nuestro pueblo. Nadie sabía exactamente su fecha de nacimiento ni dónde había venido al mundo.
Trabajó desde que se tenga memoria en la Estancia Las Taperitas como cabañero, encargado del cuidado de los animales de plantel. Soltero el hombre, recuerdan quienes lo conocieron que cuando le aconsejaban que se buscara una novia y se casara, él siempre les respondía que no sentía tal necesidad, aunque “nocheras no me faltan”, respondía con picardía.
En la Estancia Las Taperitas funcionaba hasta hace algunos años, una escuela primaria, cerca de allí, en la cabaña vivía Don Gregorio. Cuando los chicos salían de la escuela pasaban por la casa del gaucho cabañero y se ponían a conversar con él porque era muy cariñoso y como conocía a sus familias por ser sus compañeros de trabajo, les preguntaba por sus padres y hermanos, si se encontraban bien y les enviaba sus saludos. A veces los niños le hacía preguntas sobre su vida o su trabajo y él amablemente les contestaba.
Era un gaucho de verdad, respetuoso con los superiores en su trabajo y muy compañero de los demás peones, cuando algún amigo se iba de este mundo, nunca faltaba a su velorio y sepelio, muy condolido mostraba sus lágrimas.
Amaba su trabajo y a  los animales, por eso era muy respetado por los patrones y encargados. Su día comenzaba muy temprano haciendo la recorrida por la cabaña, llegándose hasta el cementerio de animales para recoger algún pedazo de carne para los perros y gatos que eran sus acompañantes en la casa.
Una de sus funciones era la de cuidador de los toros de plantel de la estancia y amansaba las vaquillonas para ser presentadas en las Exposiciones Rurales de la zona. Se lo recuerda aún saliendo por las mañanas con un manto de escarcha sobre el campo, a recorrer alambrados y aguadas, mirando si había parido alguna vaca, o si había alguna enferma o lastimada. Sus elementos de trabajo eran como todo peón de campo que se precie,  las tenazas, la california, para tirar las torniquetas y tensar algún alambrado flojo, el curabicheras para matar los gusanos de las heridas y el muy necesario cuchillo verijero, para todo tipo de corte que tuviera que realizar.
No le afectaban los inviernos tan crudos de esos tiempos ni tampoco los calurosos veranos. Siempre listo para salir a realizar sus tareas después de unos amargos al lado del fogón, no lo paraban ni los grandes temporales de junio, tan fríos y lluviosos como se saben dar en esta zona y  se dice que por aquélla época parecían mas fríos y mas largos.
 Debía  montar su fiel nochero y salir al campo a buscar los caballos para trabajar durante el día y ponerle la cara al viento y a la llovizna, echándose  atrás el ala de su sombrero, pegaba unos gritos arreando a los caballos para el corral .
No usaba los perros para traer los caballos, se guiaba por el cencerro de la yegua madrina y a élla le gritaba, haciendo que obedeciera al trote y  la siguiera la tropilla.
Tenía sus habilidades don Gregorio Benitez, también era domador. Domaba los potros sin miedo y con paciencia, al sacarlos campo afuera, no era fácil que alguno lo volteara y lo golpeara. Dicen los que lo vieron jinetear  que , cuando los corcovos del potro lo sacaban del lomo, sabía caer bien parado. Usaba sus espuelas para sacarles las cosquillas a los baguales, y eso era porque se las aguantaba el hombre.
Cuentan que había en la estancia un potro muy famoso por lo bravo, llamado Sancacho,  nadie se le quedaba en el lomo en cuanto comenzaba a tirar corcovos , pero él lo supo montar y aguantó como clavado, hasta que el potro se cansó.
Don Benitez era  muy hospitalario y tenía siempre su fogón encendido. En cuanto se arrimaba algún amigo ahí nomás lo invitaba con su asado, su puchero o un trago de vino. También era soguero don Gregorio, como un gaucho bien completo, sabía trabajar el cuero crudo, sacando finísimos tientos para hacer botones y adornos para las cabezadas, riendas, cinchas y bozales que lindamente trabajaba.
En los últimos años de su vida en la estancia , donde vivía desde siempre, se dedicaba casi exclusivamente a los trabajos en cuero, con su ya débiles manos de anciano lúcido pero ya cargado de años, no se sabía cuántos, porque no había datos de su nacimiento. Pese a la fragilidad que le daban sus años, por las tardes de domingo, rumbeaba para el pueblo montado en su manso tordillo, luciendo su mejor bombacha de tres paños, camisa blanca, pañuelo al cuello, su negro sombrero ala 10, su rastra llena de monedas y su infaltable facón cruzado atrás en la cintura. Lo recuerdo muy bien en esos tiempos usando también una campera de cuero marrón y botas de caña alta del mismo color, yendo al pasito nomás camino a la cancha de fútbol del  C.A. El Expreso.
Al final de sus días, ya le costaba mucho subir a caballo pero su fiel tordillo lo esperaba pacientemente hasta que pudiera montar.
Pero un día su pequeño cuerpo ya no soportó realizar ni los trabajos mas simples  en la estancia  que fue su casa, y a la que le dio los mejores años de su larga vida…. entonces con toda la tristeza en su vieja mirada , llegó a alojarse al Hospital Samco de nuestra ciudad, donde fue recibido con mucho cariño.
Luego de unos pocos años de vivir y ser cuidado allí, y ya teniendo algunos  más de 100, según lo que calculaba la gente de la Estancia Las Taperitas, dejó de existir en Marzo de 1988, este gaucho pequeño de estatura, pero grande en todos los actos de su simple vida. Que Dios lo tenga en su gloria don Gregorio Benitez!!

Fuente: Néstor Coscia
Edición: Lydia Musachi


ESCUELAS RURALES


                                               


Da mucha tristeza  el éxodo de los habitantes del campo hacia los pueblos y ciudades. Ya nadie vive en el campo y las que fueron hermosas casas de chacras y puestos de estancias, se han transformado en taperas, las escuelas que quedan tienen 2 ó 3 alumnos, ellos son los que no cuentan con vehículo para ir a las escuelas del pueblo. Así se pierde un gran elemento de unión entre vecinos, la cooperadora, los bailes y kermeses ,etc. Hoy en día las maestras ya no  viven en la casa de esas escuelas. A muchas no les gusta el campo, por lo que no participan en reuniones de vecinos y no asisten a dar clases como correspondería. No pueden enseñar si éllas mismas no conocen el medio donde los niños viven y podrían seguir viviendo cuando sean mayores. Digo ésto con pleno conocimiento de causa, claro que de otros tiempos. Mis hermanos fueron a escuelas rurales, yo, como hermana  mayor, participaba en la cooperadora escolar que presidía la Maestra y Directora, que cumplía con verdadera vocación su trabajo. Lo he vivido en tiempos cercanos cuando  tres de mis nietas, hijas de puesteros, tenían una hermosa escuela rural  a 2 Km de su casa y debían venir a la escuela del pueblo porque la maestra , que no vivía en la casa  anexa al edificio, no cumplía con sus obligaciones, ya que faltaba por  lluvia, calor, frío, etc.  Al no vivir en la escuela se resentía el buen desempeño y el aprendizaje de los niños. Tampoco tenía relación con los padres y vecinos del lugar. Al final llegó a tener solamente 2 alumnos y el Consejo de Educación de la Provincia decidió cerrarla.