miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA ESPERANZA

                                                


Los cerros eran el horizonte por los cuatro costados. Perdida en el fondo del valle donde serpentea el río mas caudaloso, entre un bosquecito perfumado de yuyos, allí se encuentra Mi Esperanza, una finca serrana, fresca y con olor a hogar desde su amplia galería.
Para los lugareños la finca es una leyenda y en cuanto me contaron algunos de sus misterios mi instinto de comunicadora me empujó a querer conocerla para luego contar lo que ví, lo que sentí y lo que imaginé sobre élla.
Golpeé las manos y enseguida salieron a ladrarme dos hermoso perros ovejeros, que al grito de su amo, volvieron sobre sus pasos. Allí de pie en la fresca galería, un anciano de buen porte y mejor pilcha gaucha, me observaba.
-Buenos días Señor!
-Buenos días Señorita, que se le ofrece? –respondió.
Y allí me quedé, parada y muda. Qué le podía decir?  Tenía miedo de ofenderlo y que me saque a guascazos con el hermoso rebenque se lucía colgado en la pared.
Me presento respetuosamente y le digo que soy una turista curiosa nomás, que me encantó su casa, todo el lugar y que pensé en su antigüedad, sus historias, y como me gusta escribir, a lo mejor pueda inspirarme y escribir por fin mi primer novela.
Me miró como sospechando, entrecerrando los ojos, pero al fin extendió su mano y me dijo me llamo Braulio Altamirano, pase Ud. y para eso de la novela, no creo que haya mucho para contar por acá.
Tomamos asiento en unos sillones rústicos de madera sin lustrar y paja trenzada, cómodos y cálidos como de hogar acogedor. Se me escapa la mirada hacia tantas bellas plantas que adornan la galería, jazmines trepadores, abrazando las columnas de caños verde inglés, tinajas panzonas llenas de malvones, láminas de Molina Campos adornando las blancas paredes y  lazos de amor colgando de las macetas. El olor a campo llena mis pulmones y una linda señora parada frente a mí, me extiende su mano. Una sonrisa en su boca y una trenza oscura cayendo sobre el pecho.
-          Sea bienvenida a nuestra casa, que la trae por aquí?
-          Me traen la paz de este lugar y la belleza de su casa, contesté. Pero soy muy curiosa y me parece que hay historia detrás de estos muros y quizás algunas muy lindas y románticas. No puede haber pasado la vida, sin haber dejado rastros en un lugar tan especial.
-          Tiene razón, me contestó,-esta casa y este lugar,-están plenos de historias, de luchas hostiles, de amores difíciles y de grandes acontecimientos. Al menos así  sentimos los que algo de todo eso hemos vivido aquí.
Así fui aceptada como huésped de honor en esa bella casa, y allí mismo percibí que el argumento de mi novela estaba asegurado.
Me alegró el corazón la amabilidad del matrimonio, tanto como si hubieran estado  estado esperando mi llegada. Quizás les parecí sincera o les recordé a alguna hija que anduviera lejos por el mundo, fue la explicación que me dí.
Como no llevaba equipaje, la dueña de casa, que allí supe que se llamaba María, me ofreció todo lo necesario para mi higiene personal y me acompañó al cuarto de huéspedes.
Cercano ya el mediodía, el sol picaba fuerte, así que me convidaron con un vaso de agua fresca, recién extraída a balde y cadena de un aljibe que se veía en el patio.
Conversamos un rato, los tres en la galería y luego pasamos al comedor, dónde María presentó una asadera con carne dorada , acompañada de hortalizas y verduras.
Que rica me pareció la comida, que linda conversación tuvimos los tres solos en la casa, parecíamos como si fuéramos de la familia y que hubiéramos pasado mucho tiempo sin vernos. Me impresionó el tratamiento cariñoso entre la pareja, con cuanto amor se atendían mutuamente. María era tratada con dulzura por su esposo y élla respondía con respeto, pero se leía el amor en su mirada. Observé callada que la vida en esa casa era como en un remanso de paz.
Me contaron que Don Braulio había heredado ese campo de sus padres, hace muchos años, que tenían algunas cabezas de ganado para subsistir y caballos mansos para salir a recorrer el paisaje.
-La señora monta muy bien desde que era niña, me dijo su marido acariciándole el pelo. Y ordeña una vaca todas las mañanas, abre la puerta del corral a las cabras y ovejas para que salgan hacia el cerro a pastar, acompañadas por los perros. Ellos mismos las arrean hacia los corrales al atardecer, donde María las espera y las vuelve a encerrar.
-Se encuentra a gusto? Me preguntaron  a dúo. Mi respuesta positiva los hizo sonreír y propusieron que me fuera a dormir una linda siesta y que luego tenían algunas cosas para contarme, que seguramente servirían para escribir una novela.
- Y de ésas que tienen final feliz, dice María, tocando suavemente la mejilla de su esposo.
Luego de la siesta y de unos ricos mates con tortillas, salimos los tres a caballo, para recorrer el pequeño valle, llegando hasta un arroyito rumoroso, que salpicaba las orillas pobladas de berros.
 Pese a que Don Braulio no era joven como su esposa, se los veía saludables y felices de vivir de manera tan sencilla y con tanta libertad, cabalgaban conversando entre éllos y a cada rato me señalaban algún árbol añoso o algunos pájaros que salían volando, nombrándolos y contando alguna anécdota.
Al regresar, ya era el atardecer, la señora se dirigió a supervisar sus animales en el corral y a prepara la cena en la cocina. Quise acompañarla pero me indicó que me quedara junto a su esposo a tomar un refresco en la galería y que le pidiera que me contara algún acontecimiento o leyenda, porque el tenía buena memoria.
Mejor lo dejamos para después de la cena, me dijo don Braulio, vaya nomás a la cocina, si es su gusto. La típica cocina de campo me asombró por su limpieza y por el orden. Ollas y sartenes colgaban sobre la cocina a leña, con una típica campana instalada sobre las hornallas y la luz provenía de una antigua lámpara de hierro que pendía de las vigas del techo, alto y señorial. Pronto estábamos cenando en el comedor y mis sentimientos eran como de estar viviendo en otro tiempo.
Afuera la noche era silenciosa y tibia. La luna señoreaba en un cielo azul-negro, cuajado de luciérnagas titilantes y se prestaba para sentarnos a tomar mates con cedrón en la galería y también para escuchar las historias que me tenían prometidas y que me llenaban de interrogantes.
Don Braulio la mira a María y le dice: -le contamos nuestra historia? Y élla riendo le dice que sí, que yo merecía escribir mi primer novela y que éllos podían colaborar.
Había una vez, hace muchos años, una casa de campo, dónde vivía una pareja que había llegado a casarse tras muchas vicisitudes, chismes de comadres y lágrimas derramadas. El varón, hijo de un hombre de campo, con reglas estrictas respecto al honor y la virtud, se había enamorado de Juliana, una bonita niña de un establecimiento ubicado en los cerros. Al tiempo de conocerla, le propuso matrimonio, soslayando las recomendaciones de su padre, que había oído que la joven no era tan virtuosa como él pretendía que fuera la mujer elegida para esposa de su hijo. Se comentaba que la señorita había sufrido una violación, en el transcurso de un viaje a la ciudad cercana. Tras reuniones, llantos y discusiones familiares, los enamorados deciden fugarse y en una capilla perdida en los cerros, se casaron. Anduvieron trabajando en lo que encontraban, ambos estaban acostumbrados al trabajo duro, y al final se afincaron, ya con una hija, en una pequeña casa, entre molles y algarrobos a la orilla del Río Grande. Al tiempo, Juliana enfermó gravemente y ya no pudo hacerse cargo de las tareas que demandaba el hogar. Su hija, de apenas 10 años, se hizo cargo del cuidado de su madre enferma y de las tareas de la casa. Dejó de concurrir a la escuelita rural y asistió hasta el último momento a su querida madre. Luego del dolor por su partida, la vida siguió su curso. La pequeña volvió a la escuela, su padre le ensillaba el caballo y cada mañana partía para hacer una hora de camino, por estrechos senderos en el monte, y asistir entusiasmada a sus clases. Al terminar su escolaridad, se dedicó de lleno al cuidado de la casa, de las cabras y las ovejas, mientras el padre sembraba los claros del monte, alambraba y atendía el ganado que pastaba en los cerros.
Cada noche se encontraban en la mesa y comentaban los acontecimientos del día, lo que había hecho cada uno en lo suyo.
Y llegó la primavera al alma de la niña y soñó como lo hacen todas las jovencitas, con el amor y los ojos se le llenaron de pájaros y en su panza revoloteaban mariposas.
Su padre tenía 42 años y hacía 8 que había quedado viudo. No había vuelto a enamorarse, pese a que los domingos solía llegarse hasta el pueblo a visitar conocidos o jugar a las bochas en el boliche.
La joven era muy alegre y se notaba feliz de vivir de la manera en que lo hacía. Se arreglaba bien su largo pelo, se ponía color en las mejillas y los domingos se vestía para ir a misa a la capilla cercana. Al regresar cocinaba algo rico y ponía lindas flores en toda la casa. Un día sintió algo extraño en su pecho, cuando percibió la mirada de su padre, a través de la mesa del comedor y  sintió como le ardían las mejillas. Logró sonreír y levantarse apresurada a  lavar los platos. Qué me pasa, se preguntó.?
Otro día se vio ansiosa esperando que regresara del pueblo el hombre de la casa y  preocupada se puso a llorar. Qué es lo que me pasa? Decía para sí mismo. A quién le puedo contar?. Y decidió que el domingo iba a ir a la capilla, un rato antes de la misa, para poder hablar con el viejo cura que la conocía desde muy chica.
Por las noches no podía dormir, caminaba por la casa, intranquila, se miraba mucho en el espejo, deseaba y le preocupaba a la vez, que llegara el domingo. Una de esas noches de insomnio, deambulando por la casa, se topó de lleno con los ojos hermosos del hombre que creía era su padre y en la oscuridad, se acurrucó en su pecho como pidiendo su amparo, pero sus instintos y la sinrazón de sus sentimientos hicieron que levantara su cara y buscara su boca. El abrazo y el beso fue correspondido y luego se sintió tomada de la mano y conducida hacia la galería, donde se sentaron y la oscura noche fue testigo de la explicación de todas las cosas que le estaban sucediendo.
-          María, le dijo el hombre recién descubierto, yo no soy tu padre biológico, me casé con tu madre por amor a élla y a vos que venías en camino, fruto de la violación que le infligiera un desconocido a tu mamá en el camino a la ciudad. Eso explica lo que sientes, no llevas mi sangre, por eso ahora que has despertado como mujer, percibes sensaciones que te llenan de miedo y a la vez de alegría. Si no me equivoco, querida mía, estás enamorada y yo me culpo por haberte mirado con el amor que siento por ti, desde el día que me dí cuenta que ya eras una hermosa mujer.
-          Y aquí nos ve, señorita, después de 40 años, llenos de amor el uno por el otro y lejos de la gente que no entendió el lenguaje tan simple de la vida, el del amor.
Regresé a la “civilización” con la mas dulce de las experiencias y me puse a escribir una bella historia de amor, sin siquiera tener que usar la imaginación.

Lydia Musachi- Valle Hermoso, 10 de enero de 2010.


lunes, 19 de septiembre de 2016

UNA HISTORIA DE AMOR




                                               


Hoy tengo a flor de piel mis emociones. Pongo una escalera imaginaria y trepo hasta el altillo de mis recuerdos, donde guardo lo que quedó marcado a fuego en mi corazón, los tesoros más preciados de mi amor y  de mi juventud.
Envueltas cuidadosamente están las cartas ajadas y amarillas, pequeños mensajes, fotografías en blanco y negro y algunas pocas en colores también. Te veo en el tiempo y  en las fotos, en tus pequeñas esquelas llenas de amor y nostalgia. Y en el silencio en que me refugio, cual mágica caricia aparece de pronto el sonido de tu voz , el olor de tu piel, el sabor de tus besos. Y sin darme cuenta vuelvo a recorrer el camino que hice a tu lado para aprender todo sobre el amor. Amor con mayúsculas, de ésos que si hubiéramos vivido en la edad media, por él, nos hubieran asesinado en la plaza pública y tirado nuestros cuerpos a las bestias.
Fueron duros nuestros siete años, fuimos piratas del amor y sin querer tomamos por asalto las naves de nuestros hogares. Hubo mucho llanto y muchas risas compartidas, mucho más llanto que risas. Vivimos difíciles situaciones, llenas de reproches, de celos y de habladurías, momentos cargados de lágrimas, donde nos desgarrábamos el alma buscando una solución, aunque ya supiéramos cual debía ser. Luchamos a capa y espada, fuimos muy felices en los momentos compartidos a puro coraje y a pleno sol. También lo fuimos en la oscuridad porque debimos recurrir a élla para proteger nuestros momentos de paz y de alegría. Estar juntos era nuestro sueño y nuestra lucha diaria.
Los viajes que hacíamos en silencio, con música suave haciendo de nexo y mi cabeza apoyada en tu hombro, tranquila como las ondas de un estanque en una madrugada de verano.
Nos regalábamos caminatas tomados de la mano, entre los grandes árboles de un hermoso lugar donde nos deteníamos a tomar el té con scons a la vera de la ruta que transitábamos, nos  acariciábamos la cara y el pelo, como si fuéramos chicos haciendo travesuras y allí encontrábamos la paz que nos faltaba cuando estábamos separados por apenas unas cuadras y unas pocas casas, pero que significaba para nosotros estar cada uno en las antípodas del otro.
Y la vida nos pasó por encima… y cuando ya no pudimos más con el peso de las responsabilidades y el egoísmo de nuestra felicidad ofendía a nuestros seres queridos, tuvimos que decidir. Y valientemente, una tarde muy triste lo hicimos, nos destrozamos el corazón, amordazamos nuestro llanto y prometimos seguir cada uno por su lado. Varias veces fuimos abuelos los dos. Una mañana nos cruzamos al salir del banco, nos dijimos hola y nos miramos, sé que pensaste lo mismo que yo, pero conservamos la misma mirada y nos reconocimos como siempre. Tu  pelo ha cambiado de castaño oscuro a un blanco luminoso, caminas erguido como siempre y me pareció que no te pesaban los pocos kilos que te han ido dejando los cumpleaños. También habrás notado que el tiempo ha clavado sus garras en mí, y que he acumulado algunos kilos, varias arrugas y muchas tristezas.
Hoy con un nudo en la garganta, recuerdo algo que me dijiste cuando nos separamos: la vida nos exige este sacrificio, pero pido a cambio, que cuando se hayan cumplido los proyectos que Dios tiene para  nosotros, me permita llegar hasta tu casa y golpear la puerta,  y si ya no puedo con las manos que  me permita hacerlo con el bastón. Ya no podrás cumplir con tu promesa, pero igualmente, pese al terrible dolor que estoy sintiendo, le doy gracias a Dios por haberte puesto en mi camino y por la inmensa alegría de saber que fuimos lo que él dispuso que fuéramos el uno para el otro.
Así mezclados entre mis lágrimas, descubro en estos días de finales de verano, que nada sucede por casualidad y que los caminos de la vida son insondables, hacía mucho tiempo que no nos veíamos y de pronto una mañana nuestras miradas se cruzaron para decirnos adiós.



 Lydia Musachi

lunes, 5 de septiembre de 2016

RIO GRANDE


Otra persona surge dentro de mi cuerpo dolorido. No sé en que momento desaparecieron mis dolores en el hombro, la clavícula y en mi pecho. Desperté con ganas de salir a caminar con la fresca, por senderitos profundos, entre los verdes refulgentes del valle después de la lluvia y llegar hasta el Río Grande que corre entre las altas rocas de granito negro. Desde lejos se oye el canto saltarín de la cascada y se huele a poleo, menta y peperina. Bajar rápido, sorteando piedras y espinas filosas, me lleva pronto a divisar el cauce pedregoso y límpido del río. Este río rápido, fresco y serpenteante que a veces manso y otras veces furioso, hace su derrotero hacia el lago que lo espera en el final.
 Necesitamos el agua que nos trae como si fuera sangre que alimenta nuestra venas. En sus altas riberas al oeste, pastan flacas las vacas tras el invierno seco, frío y nevado que tuvimos este año. Los peludos caballitos serranos bajan a beber, agradecidos y las ariscas cabras trepan apuradas las barrancas para pastar bien arriba, colgadas, donde se ven gordas las nubes blancas y brilla insolente el sol del verano.
Sentada a la sombra de un gran molle, que brota entre las fisuras de las piedras, mojo mis pies aguijoneados de espinas en el agua fresca del río.
Se regocija mi alma, que sube y sube, hasta llegar al cielo tan celeste y lleva mis plegarias de agradecimiento por tanta paz y tanta belleza.
Una sonrisa acompaña este momento y como en cada latido de mi corazón, aparece tu recuerdo. Gracias por haberte cruzado en mi camino y acompañarme sin saberlo en el último tramo de mi vida.

LYDIA MUSACHI



jueves, 11 de agosto de 2016

EN LOS CAMPOS DEL ESPINAL

                                            
















En un arroyo en cuyas orillas existen plantas autóctonas, viven muchos animales de nuestra región del espinal, cuyos restos de vegetación del monte chaco-santiagueño, les permiten vivir o esconderse del hombre, su depredador más cruel. Entre unas cinas-cinas aparece un puma sediento y mete sus patas para beber más cómodo en el agua más profunda, luego se va al trotecito, pues olfatea algún peligro o escuchó el ladrido de un perro. A lo lejos vienen caminando lento unos ñandúes, el macho con su cuello largo, estirado y vigilante. En los pajonales de la cañada, vive una familia de zorros grises, hermosos, retozones y felices. Pobres lechuzas se las comen y les roban sus cuevas! Pero algunas  están muy alertas y escapan volando rápido. Los teros atareados cuidan sus nidos en  primavera, han puesto huevos y esperan que nazcan sus pichones, despistan a los zorros y los atacan con sus rojos espolones. En lo alto vuelan  chimangos y algunos caranchos buscando un animal muerto para alimentarse. En los montecitos de chañares, espinillos y talas, anidan los chingolos, las torcazas, los jilgueros y los amarillitos. Un coro de trinos recibe la mañana, entre los que se destacan el canto de los mixtos, paraguayitos y cardenales. A la siesta las picazuró arrullan perezosamente, entre el parloteo de las cotorras y el aleteo de gorriones, tordos y otros pájaros que forman grandes bandadas heterogéneas y variopintas. Rumbo a los campos anegados pasan las bandadas de patos picazos, sirirí, garzas y bandurrias. Mientras que en una hermosa laguna reposan los flamencos rosados que han venido a anidar y alimentarse como lo hacen anualmente, otras aves acuáticas comparten el espacio y la comida en paz. A orillas de algunos arroyos y lagunas también suelen verse lobitos de río, curiosos y juguetones, que se sumergen presurosos si nos queremos acercar. Un puestero recorre los campos, cuenta vacunos, ovejas, cabras y caballos, pero no mata animales autóctonos sin necesidad, por eso tenemos la suerte de saber que sobreviven y si queremos conocerlos, vamos a fotografiarlos, con prudencia y con la alegría de poder verlos en libertad.
Lydia Musachi

domingo, 31 de julio de 2016

PARA AGOSTO CAÑA CON RUDA

CAÑA CON RUDA
Caña con ruda es una tradición milenaria enraizada originalmente en el Paraguay y en el nordeste argentino que limitan a dicho país
"Caña con ruda es un remedio ecológico, es un popular sortilegio de este tiempo. Circula como el rumor, seduce porque es el emergente de lo que la gente cree y autojustifica cada uno a su manera".
Historia y tradicionesLa tradición de la caña con ruda tiene origen en los guaraníes que ya conocían las capacidades de la ruda macho para la medicina, utilizándose contra parásitos y malestares estomacales. También era usada para calmar el ardor y la irritación de picaduras de bichos y alimañas.
Además, existe una creencia popular que considera a la ruda como un conjuro contra la envidia ajena y la mala suerte, por lo tanto, la bebida es considerada para «espantar los males del invierno». Los guaraníes creían que en el mes de agosto se producían muchas muertes por el frío y las lluvias, creándose la caña con ruda como remedio contra esto.
Según la tradición, cada día 1 de agosto al levantarse y en ayuna se toma tragos de caña con ruda (generalmente tres) para atraer la salud y la suerte y alejar los maleficios. La fecha coincide con el Día de la Pachamama, celebrado en América del Sur.
Cultura popular «Caña con ruda» es una canción de Tarragó Ros (1923-1978), conocido como El Rey del Chamamé.
«Caña con ruda» (edición 2014) es un libro de investigación sociocultural de Julia Norma Catalano, que realizó con la colaboración de adultos mayores de sesenta años, profesionales de diferentes disciplinas de la Región del Noreste Argentino, que han sumado sus conocimientos, para orientar respecto de la costumbre de ingerir la caña con ruda. A partir de esa investigación, Catalano plasmó las distintas creencias populares que logran la sutileza para sentirse cada vez mejor.
A no olvidarse!


sábado, 23 de julio de 2016

DIA DEL PAYADOR





Un Payador es un poeta repentista, un artesano de la copla que, espontáneamente, improvisa versos, dando forma a la idea.
Origen del canto del Payador
La aparición del Payador se remonta a tiempos anteriores a los de Homero, considerado el primer poeta griego.Como antecedente literal, aparecen en las Eglogas de Teócrito y Virgilio, contrapuntos pastoriles de la poesía provenzal, en la mitología griega (contrapunto entre Apolo y Pan) y en lo que sería el cimiento de la Cultura Islamita.
Significado de la palabra Payador
Para Lugones, deriva del verbo latín "PRECARI", que significa rogar. Para Ricardo Rojas, viene de "PAYE", nombre del primitivo habitante de Castilla. Por lo tanto, “PAYAR" vendría de "pago" o "Patria" y "paguedor" sería el cantor de la patria.Los quichuas llamaron "Palla", a los grupos de indios que se sentaban a cantar en las plazas.El Payador ¿nace o se hace? Payador se nace, pero además del talento y el ingenio natural, para ser un buen Payador se debe ser -por sobre todo-un enamorado de la cultura. Tenemos el más claro ejemplo en la historia de Santos Vega quien fuera vencido por un payador que contaba con más ilustración que el.
El Payador ¿nació en el campo o en la ciudad?
El Payador nació en el campo. El gaucho era analfabeto y necesitaba expresar su realidad en un canto, ya que no podía escribirlo ni aprenderlo de los libros. Entonces, lo improvisó. Luego de esta primera etapa, recién aparece el payador en la ciudad.
Los cantores repentistas en el mundo ¿qué nombres reciben?
Según su país de origen, reciben el nombre de: cantores, Troveros, Trovadores, Metristas, Copleros, Llaneros, Rimadores. En Alemania, es el MENNESSANGER. En España, es el JUGLAR. En Provenza, a la "paya” se le llamó TENSION. En Finlandia se le llama PARALELISMO.
Diferencias entre payada e improvisación
La improvisación, se hace en forma individual. La Payada es siempre entre dos o más payadores, sobre un determinado tema o contrapunto.
¿Existen diferencias entre el payador de ayer y el payador de hoy?
Sustancialmente no, aunque los tiempos han cambiado. En el inicio de su historia, el payador fue el primer periodista oral, que llegaba a informar donde no lo hacían ni la radio, ni los diarios, ni la televisión.
Hoy, en cualquier casa, hay cables con más de 60 canales que informan al instante lo que pasa en el mundo; AM, FM, diarios, revistas e Internet. Pero sigue siendo el payador el vocero de su pueblo, con su copla denunciante que concientiza y despierta.
¿En qué ritmos cantaban y cantan los payadores?
El primitivo ritmo que cantaron los payadores rioplatenses, fue el cielito. Lo siguieron la cifra y la habanera, la vidalita y el estilo. Gabino Ezeiza, es quien introduce el ritmo de milonga en la payada; hasta entonces, NINGUN PAYADOR cantaba por milonga. Actualmente, sigue siendo la milonga la preferida, aunque también cantan por vals y otros ritmos diferentes.
El origen de la décima ¿Cuál es?
La décima nació en España hace 400 años y su inventor fue Vicente Espinel. Consta de diez versos octosilábicos rimados bajo el siguiente esquema: ABBAACCDDC.
¿Quién fue Vicente Espinel?
Vicente Espinel fue un poeta nacido en Ronda, contemporáneo de Lope de Vega y Miguel de Cervantes. Estudió gramática en la Universidad de Salamanca, participó en varias expediciones militares, hasta que fue tomado prisionero y conducido a Argel como esclavo.
Como músico, se le debe el haberle colocado una cuerda más a la guitarra. Entrado en años, se ordenó sacerdote y mas tarde murió en Madrid.
Santos Vega ¿Quién fue?
Santos Vega, cuya figura se confunde con la leyenda, fue un payador que nació y murió en la zona del Tuyú. Hijo de padres andaluces que llegaron desde Cádiz en el año 1770 y se dedicaron a la ganadería.
Los autores que más han abordado su vida, fueron: Rafael Obligado, Mitre y Hilario Ascasubi.
¿Quién fue el diablo venció a Santos Vega?
El "diablo" que venció a Santos Vega, tenía nombre y apellido: Gualberto Godoy era nacido en Mendoza el 27 de junio de 1793. Hombre de letras, político liberal de tendencia unitaria, periodista agresivo, emigra a Buenos Aires cuando en su provincia asumen los federales.
Se instala en Dolores y luego de ganarle la payada a Santos Vega, regresa a Mendoza. Allí lo sorprende el terremoto de 1862. Es rescatado entre los escombros, pero pierde todos sus bienes. Es nombrado cónsul de Chile, cargo que ocupa hasta el momento de su fallecimiento.

Por Marta Suint (Payadora Argentina)


sábado, 9 de julio de 2016

ARGENTINA

              







ARGENTINA O LA ARGENTINA?

Las palabras instauran realidades. Porque el nombre le da forma conceptual a lo que nace. No en vano los futuros padres y madres se desvelan por elegir el nombre adecuado para sus hijos. Pero es interesante pensar que el nombre de una realidad surgió más de doscientos años antes que esa propia realidad.

Muchos bienes y muchos males en nuestro suelo han emergido del río color de león. Cuando Carlos I de España le firmó a don Pedro de Mendoza un documento por la conquista de las provincias del Río de la Plata, estaba -tal vez- signando nuestro destino.

Porque plata, el metal, es en latín argentum. Y el codiciado argentum terminó dándole nombre a esta tierra que también resultaría -o eso solemos creer los argentinos- codiciada. Aun cuando el territorio careciera, en los hechos, de minas de plata.

Fue Martín del Barco Centenera, en su poema "Argentina y conquista del Río de la Plata, con otros acaecidos de los reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil", de 1602, quien fijó el nombre que terminaría prevaleciendo por encima de otras denominaciones. Es más, el propio Centenera confiesa en su dedicatoria: "He escrito, pues, aunque en estilo poco pulido y menos limado, este libro, a quien intitulo y nombro Argentina, tomando el nombre del subjeto principal, que es el Río de la Plata". Y los críticos le endilgan que él ha inventado el nombre sobre la base de "La Araucana", de Alonso de Ercilla, el poema épico que narra la lucha entre españoles y araucanos o mapuches.

Con todo, no sería sino hasta los inicios de la patria emancipada cuando, poco a poco, se le asignó ese nombre a nuestra tierra.

Por ejemplo, en el Himno de Vicente López y Planes. Eso sí, y esta es una salvedad importante, el término "argentino" funcionaba estrictamente como gentilicio ("A vosotros se atreve, argentinos, el orgullo del vil invasor") o como adjetivo ("aquí el brazo argentino triunfó"). Hay que insistir: no es ésta una condición menor.

"Argentino", especie de neologismo latino adaptado al español con un significado similar a 'de plata', es -al menos en origen- un adjetivo. Un adjetivo que acompañaba siempre a un sustantivo. De hecho, la enmienda que en 1860 se realizó a la Constitución admitía designar este territorio indistintamente como Confederación Argentina y República Argentina, aunque es República Argentina la expresión que terminó consolidándose.

Esto, sobre todo, en empleos oficiales y protocolares. Pero es fácil entender que la frase ("la República Argentina") resultara extensa y quizá pomposa para la charla cotidiana. Y el uso y la costumbre impusieron la supresión frecuente del sustantivo que declara la organización política ("República"), con la consecuencia obligatoria de mantener el artículo ("la Argentina") para sustantivar el adjetivo.

Se sabe, sin embargo, que la lengua es un ente vivo y no les hace caso a las reglas ni a las normativas escritas. Y ya sea por contaminación con la denominación en otras lenguas, ya sea porque el hábito lo instruye, la Argentina ha empezado a nombrarse Argentina en los foros internacionales y en los propios espacios oficiales y de gobierno. Por caso, en la página del Ministerio de Defensa, se hace referencia a la iniciativa "Argentina canta el Himno" exactamente así: sin artículo.

En suma, la Argentina y Argentina son ambos admisibles y correctos. Aunque la segunda forma esté creciendo en uso. Aunque la primera forma les guste más a algunos gramáticos. Aunque el nombre de su realidad derive de una quimera.
Es que, paradójico desde sus inicios -designado por la plata que no tenía-, este país, cuyo nombre ha sido dado por un poema, no puede menos que tener un destino de pasiones. Y a veces parece que es esa, justamente, su perdición. ¿O será solo esa, más vale, su virtud?

Por Silvia Ramírez Gelbes - Directora de la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés y el Grupo Clarín. Fuente: www.elreginense.blogspot.com.ar